martes, 30 de junio de 2020

Plutócratas y precarios

Nouriel Roubini, en un artículo reciente, describe lo que él observa en la sociedad estadoundense actual en términos que, según él, se pueden aplicar a otras sociedades: un aumento de la desigualdad que se manifiesta en las condiciones de vida de lo que él, siguiendo a otros, llama el precariado (sustituto del término marxista de proletariado) oponiéndolo a la clase de los plutócratas, beneficiados de diversas maneras de ocultar esa desigualdad. Se refiere, por ejemplo, a la exaltación de la meritocracia en sistemas educativos segregados socialmente (y, en su caso, racialmente). Si vienes de "abajo" (no es su terminología), por mucho que te esfuerzes no conseguirás lo que logran los de "arriba" esforzándose menos. Curiosa meritocracia.
El párrafo final no está exento de ironía. Plutócratas y precarios sustituyen a burgueses y proletarios:
The new proletariat – the precariat – is now revolting. To paraphrase Marx and Friedrich Engels in The Communist Manifesto: “Let the Plutocrat classes tremble at a Precariat revolution. The Precarians have nothing to lose but their chains. They have a world to win. Precarious workers of all countries, unite!”
Se puede añadir la ironia de lo que consiguió la revolución proletaria. Pero, en todo caso, el artículo muestra bien qué está cambiando y cómo algunos esquemas de análisis han dejado de ser útiles para entender qué está sucedienco. Otro autor, aquí, muestra el papel que el coronavirus está teniendo exacerbando la desigualdad al tiempo que la muestra. Hay quien lo reconoce, pero se muestra esperanzado de que sirva para reducirla.

lunes, 29 de junio de 2020

La fuente de la Plaza Trump


Lo cuenta Haaretz (de donde copio la foto): han pintado de color rojo-sangre la fuente de dicha plaza (que, existir, existe) como protesta por la inminente anexión de territorios palestinos por parte del actual gobierno de Israel. Está prevista para el 1º de julio. Pasado mañana. Supongo que este gesto va a ser tan eficaz como todo lo que se ha dicho desde el derecho internacional público y desde partes importantes (no toda) de la diplomacia mundial. En todo caso tan eficaz como las campañas contra el BDS (boicot, desinversiones, sanciones).
Eso sí, es evidente que Trump se merece una plaza. Y mucho más.
Trump 2020 map
Se puede comparar este mapa con los que reproduje hace unos días.

domingo, 28 de junio de 2020

Solo para pesimistas

You do not have to believe in trillions of people living the good life for ever. Just that there are things to come which are worth caring about, and worth protecting from those threats that reason reveals.
Así termina este artículo de The Economist repasando las catástrofes cuya incidencia tendría que ser tenida en cuenta por los poderes fácticos y no fácticos del mundo. Por supuesto que están las pandemias, pero también hay cuestiones atmosféricas, volcánicas, solares y medioambientaes (por ejemplo canículas) cuyo impacto podría ser enorme. No dicen, faltaría más, que sean altamente probables, pero sí que son posibles. Dan ganas de aplicar la lógica de la esperanza matemática: multiplicar su pequeña probabilidad por la enormidad del daño que podrían causar. El optimista se quedará con la primera parte, su escasa probabilidad (que no imposibilidad). El oficialmente pesimista preferirá subrayar el gran impacto que supondrían. Valdría la pena, en ambos casos, como dice en la conclusión, ocuparse en la protección frente a esas amenazas que revela la razón. Pero los optimistas oficiales preferirán pensar que hay cosas urgentes (aunque menos importantes) que tienen prioridad sobre cosas muy importantes pero no tan urgentes.
Una vez más, cito lo que me dijo Leonardo Sciascia paseando por Alicante, años ha: "Non è che io sia pessimista: è la realtà che è pessima". Que una pandemia como la del covid-19 era posible, eso no se podía dudar y, de hecho, hubo quien la anunciaba. Era cosa "worth caring about". No se hizo. Y todavía hay quien no lo hace: en buen optimista, piensa que no le afectará a él. Pero lo que cuenta The Economist nos/les afectaría a todos. Y lo de "les" es porque también el optimista dirá "largo me lo fiáis". Après moi, le déluge.
(Otra nota personal: Aquí van las diapositivas/filminas que utilicé hace un año en la última charla que he dado (y ya no daré más). Fue en un seminario de estudios para la paz y la dediqué a los problemas mundiales)

sábado, 27 de junio de 2020

Conflictos y sus mediadores

Si el principio de obligado cumplimiento que aplican las partes en un conflicto es "el que no está conmigo, está contra mí", el papel del mediador es muy problemático. Porque mediar a favor de una de las partes -como ahora dicen de Zapatero en Venezuela- no es mediar.
Pero investigar a favor de una de las partes, como el intelectual orgánico que pedía Gramsci, tampoco es garantía de entender qué sucede realmente ya que, de situaciones complejas, se escogerán aquellos datos que encajan con los intereses de quien uno defiende. Si no se puede hacer otra cosa, mejor seguir el consejo de Weber: decir, desde el principio, cuál es la propia posición y proceder sin negarlo. El riesgo, ahí, es confundir la propia selección con la VERDAD absoluta, cosa comprensible en la lucha política, pero no tanto en la actividad investigadora que, para serlo, siempre debería aplicar el principio popperiano de lo "todavía no falsado".
Un conflicto (sigo a Galtung) es una situación en la que dos o más actores tienen objetivos incompatibles entre si. Así, los habitantes de un determinado territorio no pueden ser, simultáneamente, dependientes e independientes de otro. Puede haber, por tanto, cuatro posiciones posibles: a favor de uno (y en contra del otro y "el que no está conmigo etc."), a favor del otro (y en contra del uno y "el que no está conmigo etc."), en contra de los dos (por ejemplo en un conflicto por lograr o mantener la hegemonía mundial) o a favor de los dos. Esto último es lo que despectivamente se etiqueta en las Españas como "equidistancia", término que fue usado sobre todo mientras el conflicto vasco se manifestó en términos de violencia directa.
Porque, sí, una de las formas de resolver un conflicto es vencer al contrario (y mejor, hacerlo desaparecer o, por lo menos, deslegitimarlo completa y eternamente). Pero no es la única. Está, siguiendo a Galtung, la posibilidad de trascenderlo (de hecho, su grupo se llama Transcend y puede seguirse en transcend.org y su boletín semanal). Lo que queda es negociar entre las partes, resolver el conflicto haciendo compatibles los respectivos objetivos para lo cual todos tendrán que renunciar a algo con tal de ganar algo. Y ahí el papel del mediador puede ser central si ha entendido bien a las partes.
No hace falta que alguna de esas partes no reconozca que se trata de un conflicto: basta con que reconozca que se trata de una situación con actores que tienen objetivos incompatibles. Que el que habla tiene razón va de soi y, también, que, por lo menos, tiene que escuchar, desconfiando eso sí, de los intelectuales  "equidistantes, interesados y despistados". Son los Intelectuales exquisitos, en cuya lista para el caso/conflicto catalán por cierto también está el ex-presidente Zapatero.
Si uno no puede mediar, por lo menos mejor no echar leña al fuego imposibilitando la salida del conflicto, cosa en la que pueden intervenir los intereses más inesperados incluso personales o psicológicos. Y si se queda en medio, le caerán por todas partes.
(Nota personal: una serie de artículos míos, en particular un capítulo de un libro sobre la paz (pueden verse aquí) dedicados al caso vasco provocó que un buen amigo publicara en La Razón, 20 de diciembre de 2001, un artículo titulado "Los que apoyan a los terroristas" que comenzaba diciendo "José María Tortosa". Siento no tener el texto y que no esté en internet. Pero se trataba de un alegato contra mi equidistancia que se traducía en un "no está conmigo". También apareció Zapatero en este tema en 2007, Libertad Digital)
(Añadido el 29: Más sobre el papel mediador del expresidente Zapatero)

viernes, 26 de junio de 2020

Llegando el lobo

He recordado varias veces el cuento del pastorcillo que engañaba a sus vecinos gritando "que viene el lobo". Al final, no le creyeron y eso fue, precisamente, cuando el lobo llegó realmente. Este artículo recuerda algunos "que viene el lobo" pasados referidos al final de la hegemonía de los Estados Unidos. Su argumento es mostrar que esta vez sí parece que esa hegemonía se viene abajo, a pesar del enorme gasto militar (que, por cierto, y ya anotaba hace años James Petras, ese keynesianismo invertido y pervertido lo que conseguía y consigue era aumentar la desatención a los sectores más vulnerables de su sociedad, incluyendo a las "razas inferiores"). No es, necesariamente, que haya alternativas (China-Rusia por ejemplo), sino la andadura del sistema mundial hacia algo más fragmentado de lo que ya lo está y el coronavirus ha mostrado y acentuado. Si esto fuera así, el sistema mundial sería todavía más inestable de lo que los nacionalismos (sobre todo los estatales), el neoliberalismo (y los neoconservadores) y las cuestiones ambientales han producido hasta ahora. La supuesta no-política exterior del actual presidente USA es un paso más. La política interior puede imaginarse viendo el pasado.

jueves, 25 de junio de 2020

Entre idas y venidas

Los hay que temen el rebrote,  otros temen no saber hacia dónde van, pero saben que van a toda velocidad y los hay que saben que lo más probable es que vayan a peor. Son tres noticias de Le Monde de hoy. Francia, los Estados Unidos y América Latina. Las Españas no se libran.
Paseando por otros titulares, hay una cierta correlación entre la crítica a los gobiernos y los avatares de la pandemia. El caso sueco es particular: el gobierno es el que reconoce haberse equivocado. Pero lo más frecuente es que los gobiernos estén por "sostenella y no enmendalla" (bueno, enmendarla algo, sí) y que la oposición encuentre un filón interesante para hacer lo que se espera de tal posición: oponerse, criticar, con más o menos sentido del bien común.
Encuentro, y en plumas de reconocido prestigio, un retorno (aunque nunca se fue) del tema de la sanidad pública y la privada, las privatizaciones, las desinversiones y la selección de pacientes (el caso de los ancianos es sonado). Tanto en el terreno de la crítica como en el de las propuestas para salir de esta.
Y hasta ahí llega la ideología, cubierta, más o menos, de oropeles académicos o técnicos. Hay quien propone más nacionalizaciones y hay quien propone tratos especiales para los centros privados basándose en los defectos intrínsecos (dicen) del sector público. No parece que la discusión neoliberales y socialdemócratas sea una discusión sobre datos. Más bien parece que lo que se discuten son opiniones derivadas de sus respectivas ideologías, pero que, faltaría más, se presentan como datos irrefutables. Cierto, las opiniones ideológicas (políticas, nacionalistas, religiosas) son indiscutibles precisamente porque se basan en las respectivas creencias. 
La fe (creer en lo que no se ve) es lo fundamental aunque sí se practique lo de "fides quaerens inellectum", intentos de darle a la propia creencia una apariencia de verosimilitud que se convierte en certeza cuando se comparte con otros ("es imposible que nos equivoquemos todos" los que creemos lo mismo). Lo sé por experiencia ya que me han intentado convencer de la verdad de determinadas variantes de los tres tipos de opiniones ideológicas que cito. No lo consiguieron, pero es porque ya tenía otras, verdaderas por supuesto, no como las que me intentaban imbuir.

miércoles, 24 de junio de 2020

Y qué pasó

Vale la pena darle un vistazo a esta encuesta europea que publica La Vanguardia. Se pregunta acerca de qué está dejando tras de sí la pandemia: confianza en los políticos, actitud ante la propia Unión Europea y algunas curiosidades (por ejemplo, el papel que la opinión encuestada en Italia atribuye a la China). A ojo de buen cubero, los nórdicos van por un lado, Portugal por otro, España y Francia tienen curiosas coincidencias en sus respuestas y hay que fijarse en la opinión en los antiguos países del Este.

lunes, 22 de junio de 2020

Business is business

El caso es salvar la primera industria del país, a saber, el turismo. Que eso, en las Españas, se haga coincidiendo con aumentos notables en el número mundial de afectados por el coronavirus, es anecdótico. Se trata de que vengan, que no tengan que sufrir impertinentes cuarentenas (que, como su mismo nombre indica, no son de cuarenta días) y que sean recibidos con los brazos abiertos sin mascarillas o barbijos. Había que elegir, en esta especie de dilema del prisionero, y se ha elegido, encima por debajo de lo que los empresarios deseaban. Tutti contenti? Pues no está tan claro.

domingo, 21 de junio de 2020

No solo COVID-19

De este caso tal vez se hable menos. Para compensarlo, se puede leer este artículo en Haaretz con el nuevo embajador USA en Israel mostrando un hipotético mapa al gobierno bicéfalo del país. Se trata, sí, de la (posible) anexión de más territorios palestinos. Que Israel esté entrando en su segunda ola de coronavirus viene detrás. Que el actual presidente (presidencia rotatoria) haya tenido problemas con la justicia es algo, por lo visto, que debe ser olvidado. Y el COVID-19, ni te digo
El caso evidente es la ola de manifestaciones en los Estados Unidos en paralelo con el aumento de contagiados y muertos. Las manifestaciones incluyen derribar estatuas como la de Fray Junípero Serra (catalán -eso sí, de Mallorca-) y la de Cervantes (que algunos "historiadores" también incluyen entre los catalanes). Y, estando ya en campaña electoral, se pueden montar actos públicos sin mascarillas (barbijos) ni distancias aunque la asistencia no sea la esperada. Algo ha debido de pesar el miedo a la pandemia aunque el objetivo de la organización más parecía ponerla es segundo plano: la política -electoral- era más importante. Casi un teatro.
Ahora el Centro de Investigaciones Sociológicas español publica su encuesta periódica y muestra (pregunta 23) que el principal problema que preocupa a los encuestados es en primer lugar el mal comportamiento de los políticos (escrito de forma politicamente correcta politicos/as) y en segundo lugar el coronavirus.
Ningún intento de meter los tres párrafos en el mismo saco, pero sí hacerse preguntas sobre cada uno pensando en los otros dos. ¿Una segunda ola en países en los que la pandemia está declinando junto a una subida en numerosos países de América y África? Tal vez. Pero no prioritario. Y algún problema que otro con la política.
(Nota: la caricatura de Haaretz se puede completar con este mapa que supongo que originariamente estaba en Il Manifesto, pero no estoy seguro. El texto del que lo extraigo, sí:

Y el problema general, en estos mapas en un artículo que señala la preocupación mundial con la pandemia y el silencio mundial sobre Palestina-Israel

viernes, 19 de junio de 2020

Esta vez va en serio

He seguido muchos años los comentarios de Tom Engelhardt. Incluso le escribí agradeciéndole lo útiles que me habían sido para un libro que terminé, y tuvimos unos cortos intercambios epistolares. Este viejo (tiene un año menos que yo) acaba de escribir un texto que vale la pena leer. Sobre el final del Imperio Americano (es decir, estadounidense). Repasa brevemente la historia y se pregunta el obligado "y ahora, qué" para el que solo tiene una respuesta en negativo: duda que el sucesor sea la China.
Este final se ha anunciado muchas veces, como el pastorcillo que avisaba arteramente "que viene el lobo".
Nous sommes partis bien des fois déjà, mais cette fois  est la bonne.
Pero parece que sí, que esta vez va en serio, dicho sea con todas las reservas posibles. ¿Desorden total? ¿Mundo inestable, tipo 1984, con tres polos peleando dos a uno en alianzas cambiantes? ¿Ingsoc, del que ya hay anuncios? Engelhardt pone un plazo temporal añadiendo que él ya no lo verá, dada su esperanza de vida. No voy a ser yo quien crea que va a vivir más que él. Chi vivrà, vedrà.

jueves, 18 de junio de 2020

Nihil novi

Dicho sea exagerando. Pero repasando mis apuntes sobre sociología del rumor (viejas glorias como Shibutani, Allport, Postman y cía.) he encontrado analogías con lo que podría ser ahora la sociología de los mensajes, en redes sociales, de particular agresividad y no necesariamente basados en datos. Pueden ser simples calumnias o exageraciones. Bulos, digamos, que en inglés se llaman fake news. Pero también confusión: si un guardia civil hace algo contra la ley, no por eso toda la institución debe ser abolida. Se puede ser contrario a la monarquía en las Españas, pero el argumento del mal comportamiento del anterior rey no es un argumento contra la institución. Ese hay que buscarlo en otro sitio. Eso sí, exige más trabajo. Así que mejor algo chisporroteante.
Lo primero que me llama la atención es el uso, en chats y demás redes, de ese tipo de mensaje. Es, parece, una forma de ejercer un pequeño liderazgo, pequeño pero suficientemente satisfactorio. Eso hace el que trasmite el bulo o la exageración o la calumnia.
Pero, obviamente, la primera pregunta debería ir hacia el que crea el mensaje, no tanto al que lo trasmite. El que lo crea puede tener intereses. Por ejemplo políticos, denigrando al contrario. O comerciales, denigrando a la competencia. Puede tener motivaciones personales en la línea de frustración-agresividad-agresión. El que lo inventa "se queda descansado", ha reducido su frustración, cosa que también puede suceder con el que retransmite.
El retransmisor es el más frecuente y recoge desde su deseo de ejercer algún tipo de liderazgo o de descargar alguna de sus frustraciones o participar en campañas de "los suyos". Porque parece claro que los bulos son creídos sobre todo por los que ya se lo creían antes de leerlos o esperaban una confirmación a lo que imaginaban. Por eso es tan importante que los bulos vayan acompañados por una cita de autoridad ("dice fulanito", "lo ha publicado tal medio") o una afirmación del consenso que hay sobre el asunto (suele ser el argumento más débil y más usado: si todos piensan lo mismo es que es verdad, como sucedía con los humanos previos a Galileo convencidos de la evidencia de que el Sol se movía en torno a la Tierra).
¿Y los blogs -como este-? Algo de común tienen. La gran diferencia es que los posts no aparecen obligatoriamente entre los participantes de un chat o de una lista de distribución. El que quiere lo lee sea porque conoce al autor -amistades particulares ;-) o porque su motor de búsqueda le ha llevado hasta ese blog (de ahí que yo evite títulos habituales en los buscadores). Obsérvese, de paso, que he comenzado con citas de autoridad.

miércoles, 17 de junio de 2020

Historias de la Historia

El New York Times lo resume así:
Oñate's period as governor was marked by a violent repression considered severe even by the standards of his time. He killed 800 Indigenous people in Acoma Pueblo and ordered his men to cut off the foot of at least 24 male captives. Spanish authorities convicted him on charges of excessive violence and cruelty, permanently exiling him from New Mexico.
La colonia no fue, precisamente, un lecho de rosas, pero, como dice el artículo, incluso para los niveles de crueldad de aquellos tiempos, el gobernador Oñate destacó hasta ser condenado por las autoridades españolas y exiliado a Nuevo México. 
Los criollos le hicieron una estatua y ahora, en plena lucha anti-racista, se quiere echar abajo. Y los de una milicia de extrema derecha se enfrentan a los que pretenden tal cosa. Interviene la policía. Hay disparos y hay alcances. Un herido grave. Las cifras no son las de entonces. Pero lo terrible fue aquello. Ahora, podemos discutir si hay que derribar las estatuas de los malos, cambiar el nombre de las calles (por ejemplo, quitar las "Rey Juan Carlos") y erigir nuevas estatuas a los buenos de ahora. Oñate, en todo caso, era de los malos, pero los criollos que le hicieron una estatua declarándolo bueno, eran tal vez peores. Por hipócritas o por lo que sea.

martes, 16 de junio de 2020

Apocalípticos y entusiasmados

El título original de Umberto Eco era Apocalípticos e integrados. Con él quería mostrar las dos actitudes extremas ante los medios de comunicación y su cultura de masas de 1964,  hace casi 60 años. Los apocalípticos consideraban que la cultura de masas promovida por los medios masivos de comunicación era nociva y perjudicial para el adecuado desarrollo de la sociedad. Por su parte, los integrados consideraban que la cultura de masas cumplá funciones necesarias para el mantenimiento democrático del sistema social.
El título, ahora, sería el de "Apocalípticos y entusiasmados", pero no sobre la cultura de masas sino sobre el nuevo mundo de la Inteligencia Artificial, algo tan heterogéneo.
Apocalípticos, haberlos haylos. Por ejemplo, están detrás de los wasaps que he recibido sobre la maldad intrínseca del 5G, asunto que debe de tener creyentes profundos que son capaces de pasar a la acción y destruir sus antenas porque trasmiten el COVID-19. No hace falta encontrar conspiraciones detrás de tal pretensión. Basta reconocer la necesidad de dar con causas que expliquen la pandemia sin posibilidad de ser demostradas empíricamente. Algo parecido a las religiones apocalípticas. Solo hace falta el "culto del cargo", para encontrar la religión.
Pero, en realidad, tal culto aparece en algunos entusiasmados que saben que la solución de todos nuestros problemas y de algunos más reside en las nuevas tecnologías de la inteligencia artificial. Tampoco ahí tiene que haber necesariamente una conspiración, pero sí puede verse el interés que tienen algunas empresas en que tal religión se extienda. Significa tener más inversión, más demanda y, por tanto, más inversión y más beneficio. Las reglas de juego del sistema mundial desde hace muchos años. Lo que cambia no son las reglas, sino las piezas que se mueven (bronce, imprenta, trenes, vapor, electricidad etc.).
Como me acaba de decir un amigo, estos temas no son para que discutan entre sí, pero sí se pueden debatir. Es lo que ha hecho The Economist (13-19 de junio). De entrada, con su dibujo inicial:
Cuando una moneda tiene dos caras (que suele ser lo habitual), no tiene sentido pensar en solo una de ellas y negar la existencia de la otra. Lo que sucede es que cada creyente se aferrará a la cara que mejor encaje con su fe. 
Así, siguiendo con esa fuente, este gráfico permite múltiples reflexiones:
Se trata de la inversión privada, a escala mundial (la globalización manda) en Inteligencia artificial y los correspondientes "papers" (supongo que JCR y en inglés, es decir, celestiales) dedicados a la tema. Los sectores a los que ha ido la inversión privada en los últimos dos años pueden rebajar ligeramente (algo es algo) el fervor de los entusiasmados como instrumentos de cambio como pensaban los "integrados" de Eco. Coches, Big Pharma, vigilancia y control no son indicadores de un cambio profundo en el sistema. Si acaso, de fortalecimiento de alguna de sus tendencias menos entusiasmantes (crisis medioambiental, por ejemplo).
El dibujo con que comienza el reportaje (que vale la pena leer) resume las grandes líneas: sí, pero no. No, pero sí. Como se podía pensar de la cultura de masas hace 60 años. En todo caso, desconfíe de los creyentes en una u otra religión. Mire sus datos. Si es que los tienen, claro. Y piense en términos temporales: qué puede esperarse, visto cómo se anunciaron los bienes de recientes revoluciones tecnológicas anteriores (la burbuja puntocom, el efecto 2000). Esta es la conclusión de The Economist:
Today’s “AI summer” is different from previous ones. It is brighter and warmer, because the technology has been so widely deployed. Another full-blown winter is unlikely. But an autumnal breeze is picking up.
(Añadido el 17: Los robots como parte de la economía post-covid, con pérdida de empleos y ampliación de la vigilancia. No exactamente apocalíptico, pero una sola cara)
(Añadido el 18: Ejemplos apocalípticos en las redes sociales españolas)
(Añadido el 19: Estos tres gráficos del Financial Times son expresivos del entusiasmo: