jueves, 20 de junio de 2019

Peor para la realidad

Dicen, no sé si es cierto, que eso es lo que contestó Hegel cuando uno de sus estudiantes le dijo que lo que el filósofo estaba diciendo no tenía base en la realidad. Hace falta un orgullo notable para ese desprecio a la realidad, sin por eso suponer que todo lo que llamamos "realidad" sea realmente real.
Viene esto a cuento a propósito de la campaña presidencial del actual presidente de los Estados Unidos. Sus encuestadores propios habían constatado las debilidades de la recién anunciada candidatura, en este caso a la reelección. La información había llegado (horribile dictum) a algunos medios cuya poca simpatía hacia el personaje es más que conocida (y, con perdón, real). Tal noticia fue clasificada inmediatamente por el círculo del presidente como "fake news" y tres de los cinco encuestadores fueron despedidos.
Puede que se trate de un caso de "matar al mensajero" o, quizás, de castigar a los que cometieron el nefando delito de filtrar a la prensa poco afín datos contrarios a los intereses de la campaña, no fuera a tratarse de una "profecía que se autorrealiza". 
En todo caso, se trata de una anécdota que ilustra la tendencia a crear "realidades" en las que hay que creer por encima de la realidad real (que, doy por supuesto, existe) y que no siempre coincide con la "línea oficial del partido" que, esa sí, es fuente de juicios acertados y constataciones más o menos empíricas. Por lo menos, bajo el lema "se non è vero, è ben trovato" que parece el de los partidos políticos españoles estos días de realidades reales. ¿Qué más real, si no, que el poder? Pues no. Es real en la medida en que crees en él y, si no, peor para la realidad.
(Añadido el 26: El obispo de Buenaventura, Colombia, pretende utilizar un helicóptero para rociar la ciudad con agua bendita y así liberarla del diablo, causante de la criminalidad que sufre la ciudad. Hay quien dice que la situación ya estaba mejorando -con más soldados, por ejemplo-, pero el nuevo obispo tiene sus propias ideas)

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