domingo, 9 de junio de 2019

¿Globalización? Ja

Comencemos por lo evidente: el medioambiente es planteario. Si las últimas señales del accidente de Chernobil llegaron hasta Alicante, uno puede hacerse una idea de lo poco respetuosas que son esas cosas con las artificiales fronteras creadas por los humanos. Que se lo digan a los plásticos en el mar. O a las bacterias. Consecuencia igualmente evidente: la reacción tiene que ser global, es decir, mundial, colectiva. Está muy bien que algunos países se conviertan en ecologistas y decreten multitud de normas para defender al medioambiente, pero siempre habrá un gorrón que se aproveche de esa buena voluntad, no la comparta y consiga las ventajas particulares que tiene ser el que no las cumple. El gobierno de los Estados Unidos, por ejemplo, respecto al protocolo de París o, en general, sobre el cambio climático.
 Después tenemos los productos que, en teoría, se mueven por todo el Planeta siguiendo la sacrosanta norma de la oferta y la demanda. Bueno, pero siempre habrá gobiernos que impongan aranceles a algunos productos, bien alejados del libre mercado, haciendo que haya productos no precisamente globales. De nuevo, los Estados Unidos respecto a la China o, ahora, México.
Pasemos a los factores de producción. El primero ya lo he indicado indirectamente: las materias primas que incluyen el carbón y el petróleo. Algo de global sí que tienen, aunque los lobbies como la OPEP no los hagan tan móviles como pretendería la teoría.
El segundo no es global: la mano de obra. No pueden moverse por todo el mundo, sobre todo cuando aparecen muros, vallas, pasaportes, visados, permisos de residencia y nacionalizaciones (estas últimas más fáciles si uno compra una mansión de muchos dólares o euros).
El tercero, la tecnología. Y ahí entra el espionaje industrial que indica hasta qué punto determinadas tecnologías están globalizadas. No lo están: son un elemento competitivo que se relaciona con los aranceles: obstáculos a la libre circulación. Incluso la globalización de internet tiene no solo sus fallos, sino, sobre todo, sus fronteras políticas y socio-económicas.
Después están las técnicas de gestión. Ahí entramos en un terreno algo más mundializado. Las escuelas de negocios enseñan los trucos a quien pague por ello. He dado clases en algún máster de dichas escuelas y he visto cómo mis colegas enseñaban a quien estuviera delante. Pagando, eso sí, pagando.
Y llegamos a la globalización casi completa: la financiera. Ahí sí: siempre hay una Bolsa de valores abierta para quien la haya de menester. Siguen el movimiento del Sol y si una se constipa, la siguiente tose. Después está el flujo de capitales para la inversión y, no se olvide, el dedicado a evitar el engorroso papel de los diferentes sistemas fiscales llevando sus dineros a reposar en los "globalizados" paraísos fiscales. Si los gobiernos son útiles para poner muros a productos y productores, pueden ser obviados en el terreno del dinero. Ahí no hay muchos muros ni vallas aunque periódicamente aparezcan "papeles" que denuncian esa globalización.
Conclusión: globalización claro que hay. Las multinacionales (transnacionales, para ser exactos) sin ir más lejos. Y gente con capacidad de influir más allá de las fronteras. Pero añadiendo de inmediato que no la hay en muchos otros campos igualmente importantes para el funcionamiento de las economías, pero sin poder.

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