viernes, 7 de junio de 2019

El insulto es la norma

Parece que sigue ganando terreno el uso de insultos para sustituir a lo que antes, pomposamente (y este adverbio es un signo más), se llamaba discusión política. Dado su acceso a los medios y el interés que suscitan los políticos que más mandan, el presidente de los Estados Unidos proporciona ejemplos con frecuencia. Este es el último que encuentro. También es habitual en Italia y ya fue objeto de un libro. Pero hay más, aquí, y desde posiciones políticas diferentes como este caso (que me resulta nuevo) o este otro (habitual). El tono despectivo (ejemplito, macho alfa), los calificativos irónicos (sedicente, grotesco) o los motes casi insultantes forman parte del vocabulario de artículos de opinión y, cierto, de algunos discursos ante micrófono y cámara. Y parece que va a más. Y no es la primera vez que lo constato. Es un indicador, pero no sé de qué. Tal vez del triunfo de las redes sociales, de su inmediatismo y del cauce de retroalimentación que proporcionan a la agresividad producida por la frustración- Pobres ilustrados y su culto a la Razón. Más bien, ahora, el corazón tiene sus razones que la razón no comprende. Y se expresa.

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