viernes, 10 de mayo de 2019

Qué has visto

Uno dice que es una gran columna. Otro, que es como una gran serpiente vacía por dentro. El de más allá, dice que él ha tocado un gran techo sobre su cabeza. Hay quien dice que es un pequeña serpiente terminada en pelos. Para completarlo, uno afirma que es como un gran puerco espín, lleno de púas en todas direcciones.
Es mi versión de la metáfora india. Se trata de lo que dicen unos ciegos a los que se les ha dicho que definieran lo que tenían delante, a saber, un elefante. Y ahora mis puntualizaciones.
Para saber quién ha acertado, hace falta que nosotros, que no somos ciegos, estemos viendo la escena de los que no ven pero pueden tocar al elefante: su pierna, su trompa, su barriga, su cola, pero ¿puerco espín?. Necesitamos estar viendo al elefante para saber que este último o se equivoca o nos engaña.
Pero, ¿y si nosotros también somos ciegos y nunca hemos visto un elefante? Pues, sencillamente, que no podemos saber si el que acierta es el último mientras que los otros se están equivocando o mintiendo: lo que están tocando es un puerco espín. 
Sin complicarlo tanto, la parábola es un alegato para intentar unir perspectivas diferentes sobre una sola realidad. Lo que ven separatistas y unionistas es posible que sea correcto aunque se contradigan. El proceso al "procés" es un buen ejemplo. Como nadie, absolutamente nadie, ha visto al elefante completo, uno puede creer a los que dicen que es una columna (la policía y la guardia civil fueron violentos) o una serpiente (los manifestantes fueron violentos contra la policía y guardia civil). Pero también puede creerse que ambos dicen la verdad, por la sencilla razón de que están viendo la realidad (porque realidad haberla hayla) desde perspectivas diferentes incluso ideológicas (han podido ver cosas diferentes y con "el cristal con que se mira" diferente también, dispuestos a subrayar unos aspectos -la solidez- o algunas características -el movimiento serpentino-).
No hace falta quedarse atrapado en este ejemplo. Las versiones sobre el suicidio de Alan García en el Perú pueden clasificarse también en este capítulo, que incluye la descalificación de los que describen algo diferente a lo que uno está describiendo. Pongamos que soy pro-APRA o contrario al APRA, pues es probable que vea unas cosas donde el otro ve algo diferente e incluso contrario, por no decir contradictorio. La versión del que acabó acusando a García será vista como la correcta por los anti-APRA, mientras que los de APRA la verán como interesada por parte de quien quiere reducir su propia pena y, por tanto, como exagerada, si no sencillamente falsa.
Estos ejemplos tienen un punto en común frente a la parábola: nadie ha visto la realidad mientras que en el cuento sabemos que se trata de un elefante. Y otro punto más: las descripciones que se dan son bastante más complejas que "columna", "serpiente", "techo" e incluyen observaciones, inferencias, suposiciones y hasta descalificaciones de quien haya visto algo diferente que muy tonto o muy malvado tiene que ser para decir que ha visto algo que es imposible que haya visto. 
Se toma partido y, consecuentemente, se ve una cosa u otra. Comprensible. Pasa en las mejores familias. Pero cada vez veo más necesario no el evitar tomar partido (es inevitable), sino el plantearse una pregunta, por breve que sea, por la posibilidad de que uno esté en lo equivocado. Es mucho pedir. Lo sé. Hasta pedírmelo a mí mismo.

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