sábado, 4 de mayo de 2019

Nosotros vs ellos

Vale la pena leer este artículo que resume lo que se dice desde la endocrinología, las neurociencias y la psicología experimental sobre ese "animalidad" de dividir el mundo en "nosotros", obviamente los buenos, y "ellos", que son a primera vista peligrosos.
Debo de haberlo contado en otras ocasiones y, de hecho, lo publiqué en papel hace años, recogiendo, con el mismo lenguaje sencillo que ahora encuentro, dichas perspectivas que sitúan nuestra reacción ante el extraño como "instintiva" (en la amígala, dicen), pero que, de inmediato, es corregida por la neocorteza "racional". Parece, sí, que, como los chimpancés, dividimos el mundo en esa dicotomía que puede llevar a la violencia contra "ellos" y que ahora se convierte en esa especie de epidemia que el autor que cito llama nacionalismos y que yo añado que estos pueden ser tanto estatales (America first, por ejemplo) como subestatales (Independence for California, por muy minoritario que sea Calexit). El artículo añade algunas cuestiones que creo relevantes.
Primero que, aunque en nosotros-ellos sea tan instintivo, quiénes seamos nosotros y quiénes sean ellos es algo que se aprende con el tiempo. Cierto que en la familia: hijos de gatos, gatitos. Pero después pueden aparecer otros criterios de diferenciación que se convierten en relevantes y que van, por poner casos extremos desde la religión (islamofobia, por ejemplo) a la banda callejera (West Side Story).
Segundo, que, en consecuencia, esa identificación puede ser fomentada o reducida por la "autoridad competente" que puede tener intereses particulares en fomentarla, por ejemplo para obtener más votos en localidades con fuerte inmigración de "ellos" (convenientemente definidos, de modo que los "moros" sean "ellos" y los "jeques" sean "turistas" que "nos" benefician). Los nacionalismos, por tanto, no son una condena, aunque las condiciones generales de ansiedad e inseguridad los fomenten y los vayan a seguir fomentando, dice el autor.
Tercero, que no solo tenemos una posible definición de quiénes somos "nosotros", sino que, por el contrario, solemos tener varios "nosotros" disponibles y en funcionamiento cognitivo y emotivo. La manipulación más eficiente será intentar presentarlos como una sola forma (uniendo, por ejemplo, "raza", lengua, "historia", familia, religión en un único paquete) y, si no se puede, convirtiendo la dicotomía en la única disponible (burgueses y proletarios es clásica, pero también ahora el "nosotras" en femenino y "ellos" en masculino).
En términos más abstractos si cabe, es un buen ejemplo de la diferencia entre "la cosa en sí" y "la cosa para mí", diferencia entre la realidad bruta y la elaboración que se hace (el "relato" o versión de la realidad convertida en parte de la realidad esse est percipi, el ser es cómo se percibe -se incluyen datos falsos o falseados-). Ambas cosas cuentan aunque en la vida académica sea cómoda la utilización de dicotomías para definir al "nosotros" (la verdad) y "ellos" (el error), por ejemplo entre realistas  e idealistas. Difícil escaparse de la funesta manía de dicotomizar que reduce la funesta manía de pensar. Porque puede ser que ambos tengan razón aunque eso implique ser tildado de "equidistante" que es una forma, a su vez, de dicotomizar entre "equidistantes" (malos, "ellos") y comprometidos (buenos, "nosotros", aunque, a su vez, haya que dividirlos, de nuevo, en dos categorías, por ejemplo, catalanistas y españolistas, o el caso de Venezuela en la prensa estadounidense y, por supuesto, no solo en ese contexto).

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