miércoles, 29 de mayo de 2019

Lo que no sabemos

Uno las llama "cloacas", otra "fuerzas oscuras". Ambos se refieren a una cosa bien sabida y es que no conocemos todo lo que sucede y, además, algunas cosas que suceden tienen causas que desconocemos y actores que no dan la cara. Mal asunto en el que no es fácil encontrar el equilibrio.
Lo inmediato es prescindir de tan molesta posibilidad y más que posibilidad. Pero también es fácil el recurso a tales factores subterráneos, conjuras, complots, conspiraciones, poderes fácticos sabiendo que, por definición, no pueden ser conocidos. Hubo "protocolos de los sabios de Sión" y su correspondiente complot judeo-masónico de tiempos de Franco y hay atribución casi de omnipotencia a Trilaterales, Davos o Bilderberg. La superficialidad y la conspiranoia no son extremos de una línea recta sino de una especie de herradura en la que los extremos están más cerca entre sí que del resto de la cosa. Y ambos pueden ser manipulados ad usum delphini.
Claro que existen tales instancias, pero un detalle que lleva a dudar de las afirmaciones sobre las mismas es la atribución de características casi divinas (omnipotencia, omnipresencia, omnisciencia). Para nuestra desgracia, la realidad es algo más complicada que lo que suponen esos recursos a las fuerzas ocultas que, haberlas haylas, pero en contextos mucho más contradictorios y falibles que lo que los que recurren a tal explicación suponen.
No analizar como si no existiesen, pero tampoco atribuirles características que, de tejas abajo, no pueden atribuirse a nadie humano. Eso se deja para quien esté de tejas arriba, si es que está. El poder es humano, demasiado humano. Es decir, complicado.

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