martes, 28 de mayo de 2019

Legalidad y legitimidad

Recibo simultáneamente en un wasap de amigos dos recortes de prensa localizados probablemente desde aquí y que también están aquí. En el primero, tomado de un periódico escocés, un grupo de académicos denuncia las violaciones de derechos humanos en Cataluña contra sus nacionalistas. En el segundo, de un periódico español, un grupo de académicos denuncia las ilegalidades cometidos en Cataluña por parte de algunos nacionalistas. Mi viejo amigo añade que supone que es fácil saber qué versión le gusta más. Dos comentarios.
El primero, no es válido atribuir prejuicios ideológicos en uno de los periódicos como forma de argumentar contra sus razonamientos o, mejor, contra lo que dicen los académicos que cita. Mi problema es que ambos periódicos tienen prejuicios ideológicos o, si se prefiere, intereses creados, lo cual es más probable. Los intereses creados son las conocidas preferencias de sus lectores y, ya se sabe, los periódicos venden lectores a sus anunciantes, así que no pueden perder lectores así como así. El proceso escocés tiene diferencias con el catalán, pero también semejanzas.
Las diferencias tienen que ver con mi segundo comentario. La cuestión no es de gustos (qué versión le gusta más a uno) sino de razones y las razones de ambos son claras y distintas: unos hablan de legitimidad de determinados comportamientos políticos en Cataluña y, por mi parte, no me resulta difícil entenderla y aceptarla; los otros hablan de la legalidad de determinados comportamientos políticos en Cataluña y, por mi parte, me resulta un poco más difícil entenderla ya que los vericuetos legales ante hechos sin precedentes no resultan tan sencillos como bien se ve cuando se toman los análisis de sesudos juristas al respecto. Pero dura lex sed lex, no se diga como los españoles en tiempos de la colonia en América: "las leyes se acatan, pero no se cumplen".
Y ahí reside la dificultad para resolver el problema: cada parte se sitúa en un argumento diferente ya que es legítimo desear la independencia (aunque yo preguntaría "independencia de qué, quiénes y para qué") mientras que, ley en mano, resultan presuntamente ilegales determinados comportamientos y por eso se someten a juicio ante un tribunal competente (competente en el sentido de que tiene competencias, no necesariamente en el sentido de que son competentes -doctores tiene la iglesia-).
Evidente: los independentistas se aferran a la legitimidad y olvidan la legalidad (o se la saltan) mientras que los unionistas se aferran a la legalidad y olvidan la legitimidad (o la combaten presentando una legitimidad alternativa: la del españolismo). 
Lo dijo Ortega y Gasset en el parlamento de la Segunda República: hay que aprender a "conllevar" el problema. Porque el problema haberlo haylo. 
Cuando en el 96 publiqué un librito sobre el carácter religioso de los nacionalismos (estatales y subestatales) creía que los vascos tenían más complicado que los catalanes el llegar a la independencia. ¿Razón? La entonces violencia de ETA, un medio, para mí evidente, de no conseguir tal fin. En cambio, veía que el nacionalismo catalán (eran los tiempos de los Pujol, ahora algunos en la cárcel por corrupción) lo podría conseguir para el mítico entonces 2020, el año que viene como se ve. Ahora veo que los medios que pone el independentismo catalán en la actualidad no llevan a su fin, si es que el fin es la independencia de Cataluña y no es un caso más (epidemia) de uso de la política para otros fines incluso personales, desde los ingresos -que de algo tienen que vivir- al ego y sin parar mientes en las consecuencias que tales decisiones tendrían para el común de los mortales, no para los jefes que, ya se sabe, "no se equivocan". Lo que crean sus fieles  seguidores y por qué lo hacen merece otros análisis.
(Añadido el 17 de julio: Más sobre legalidad y legitimidad en el procés)

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