lunes, 27 de mayo de 2019

Incertidumbre o ridículo

Las variadas elecciones de ayer en España han dado pie a numerosos comentarios que ya comencé a escuchar anoche antes de que los datos fueran medianamente creíbles (decir que el dato viene de una encuesta y no decir si es "israelita", es decir, a pie de urna o telefónica a lo largo del día, hace que no sea fácil darle valor a un dato que no se dice cómo se ha obtenido ni a quiénes representa la muestra). Los periódicos que he visto esta mañana, que deben de ser especialistas en crónicas deportivas, hablan de "ganar" cuando de lo que se trata es de "perder". Porque una cosa es tener más votos que otros (como en un partido de fútbol Valencia-Barcelona tener más goles) y otra, muy diferente, es conseguir el apoyo suficiente como para gobernar y más en circunscripciones como la madrileña en la que ha habido "tamayazos" que han mostrado que ni siquiera el color de los escaños cuenta. En todo caso, el asunto no está cerrado, quedan muchos flecos, así que la incertidumbre se ha reducido pero no se ha evaporado. Y queda el entorno ornamental de los ridículos que se reciben con Shadenfreude, vergüenza ajena, ya te lo dije, o a dónde vamos a parar con esta gente. 
Mucho más espectacular (tal vez porque es menos caótica) es la situación en el Reino (todavía) Unido, presentando candidatos al Parlamento Europeo y ganando por mucho el partido que quiere dejar la (todavía) Unión Europea cosa que, de producirse, les haría tener que dejar su escaño bruseliano (¿o no? ¿sería automático, como los encausados catalanes que obtuvieron escaño en el parlamento español del que quieren irse, por medios legítimos pero ilegales? Efectivamente, el partido de Farage (político que ya reconoció haber mentido en su anterior campaña del referéndum del Brexit) ha obtenido 28 escaños, los Liberal Demócratas (defensores de mantenerse en la Unión, la europea y, así, de paso, suavizar el recrudecimiento que produciría el Brexit duro en Irlanda) 15, los Laboristas 10 y, oh cielos, los conservadores de la ya casi ex-premier May 3 (Brexit is Brexit). Eso sí, si vamos a porcentajes, los partidarios de quedarse suman el 40 por ciento de los votos y los de irse 44 (sin distinguir el brexit duro  unilateral -DUI- del brexit "blando" o negociado).
La cosa es más complicada porque esos datos suponen que los partidos son uniformes, cosa que, evidentemente, no sucede ni con los laboristas ni con los conservadores en un sistema electoral uninominal y mayoritario, es decir, que el candidato depende totalmente de su circunscripción y si se presenta por un partido brexiter en una circunscripción remainer, la tiene clara.
La incertidumbre viene sobre un par de pasos siguientes. El primero, quién va a sustituir a May, si Johnson o Gove, ambos brexiters, pero con el primero más dispuesto a la DUI (para los no catalanes DUI, no DIU, significa Declaración Unilateral de Independencia). La segunda, elecciones generales de resultados imprevisibles con o sin nuevo referéndum.
Cortando el rollo: en ambos casos se prevé una travesía llena de incertidumbres de la que no se ve con claridad cuál será el puerto de llegada si es que existe y hay motivos para soportar "numeritos" en esto en que han convertido (¿siempre lo fue?) la política, en teatrillos para construir un "relato" que emocione al pueblo ignorante (todo para el pueblo, pero sin el pueblo, que es tonto), sin proporcionar análisis concretos de situaciones concretas para las que se supone que el pueblo no está capacitado para entender. Las candidaturas al Parlamento Europeo por parte de propuestas independentistas catalanas son un ejemplo más de esta manipulación. Del pueblo, claro. Todos, todos insisto, son populistas, aunque con diferentes pelajes (lobos disfrazados de corderos) nacionalistas estatales o subestatales, que es el "relato" dominante para los que quieres debilitar la Unión en aras de su nación, los que quieren destruirla en aras de su nación, los que quieren abandonarla en aras de su nación, los que quieren salirse del Estado en el que se encuentran en aras de su nación y, en general, mantener su puesto, salario y jubilación. Para eso necesitan que el "pueblo" se crea su relato. Y, de hecho, se lo cree. Los que ven el "relato" como algo ridículo no tienen mucho futuro. Y menos en los medios de comunicación, "relatistas" por antonomasia, aunque las redes sociales, con sus bots y trolls,  les ganen por goleada. Ambos, pero sobre todo las redes, cumplen con el dicho de Lope (de Vega)
“Y escribo por el arte que inventaron / los que el vulgar aplauso pretendieron, / porque, como las paga el vulgo, es justo / hablarle en necio para darle gusto.”

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