viernes, 17 de mayo de 2019

Ideología y realidad

Me ocupé del caso ETA hace ya tiempo. Ahora, ante la detención de quien fuera su jefe, se vuelven a presentar los resultados de las respectivas ideologías y que pueden resumirse en las intervenciones de quienes tienen objetivos diferentes y, por tanto, ven la realidad según el color del cristal con que la miran, como me sucede a mí. Las reacciones coinciden con las posturas previas, así que no tienen por qué ser alteradas por esta detención.
1. Está, en primer lugar, la de los que achacan a los gobiernos aviesas intenciones "precisamente ahora". Cuando todo había acabado, dicen, es decir, cuando ETA ya se ha disuelto, esta detención no hace más que mostrar el uso que se ha hecho desde el poder de una ETA que "se disuelve" para "disolverse en el pueblo" (vasco, por supuesto).
2. Está, después, quien recuerda el papel que el ahora detenido tuvo precisamente en dicha disolución. Dice que en todo proceso de paz o de "resolución de conflictos", hace falta un facilitador por ambas partes, amén de quien sea capaz de hacer de intermediario entre ambos facilitadores. El ahora detenido, se dice, fue el facilitador por parte de ETA y, por tanto, uno de los que intervinieron en su disolución. 
3. Y, como es comprensible, están los que se escandalizan de tal postura y exigen que pida perdón por haberla expresado. Tal vez el detenido no sea un héroe, pero sí parece que tuvo, desde dentro, su papel en el fin de ETA.
Obsérvese, en los tres casos, la combinación, por un lado, de constatación de hechos constatables (por lo menos, en algunos casos, si hacemos caso a sus protagonistas) y, por otro, la valoración de esos y otros hechos, estos "inventados". Excepto en el punto 2, no parece que haya intereses que guíen la constatación (hechos) y valoración (ideología). Pero sí en los otros dos puntos que se sitúan, como ya he dicho, en una tendencia anterior a este hecho concreto y que no van a ser estropeados por la "rugosa realidad". Los del punto 3, en concreto, parten de un principio propagandístico, a saber, que el gobierno ha pactado con los separatistas (vascos y catalanes) y no están dispuestos a que un dato (este para el caso vasco y lo de Iceta para el catalán) les estropee tan buen reportaje. 
El problema es que no resulta tan fácil separar realidad e ideología (real o impostada por el márketing político).

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