domingo, 19 de mayo de 2019

Hundido

Una larga sucesión.
El hundimiento del Maine que, en 1898, dio paso a la guerra entre los Estados Unidos y España con gran alegría de la prensa amarilla (físicamente amarilla) de Hearst y que llevó a la independencia de Cuba.
El ataque a Pearl Harbor en 1941, cuyos efectos siguen siendo atracción turística en Honolulu, y que movilizó a los estadounidenses para responder y así entrar en la II Guerra Mundial atacando al Japón.
Y el incidente en el Golfo de Tonkin, 1964, que dio paso a la intervención de los Estados Unidos en el Vietnam dividido, tomando parte por el Sur contra el Norte y unificando el país. No siempre el "atacado" ha salido con la suya ni la guerra producida ha sido suave (recuérdese Hiroshima y Nagasaki,  atacadas con la nueva arma atómica para que la URSS supiera de qué iba el asunto y, por cierto, los científicos pudieran comparar los efectos en ambas ciudades que habían sido preservadas hasta entonces: conocer es comparar)
En todos estos casos, los medios de comunicación jugaron un papel importante, en especial en el primero. Ahora se levantan sospechas de si no será una continuación de la saga lo que hace unos días tuvo lugar: unos barcos saudíes bombardeados. Por Irán, por supuesto. Los medios han cumplido con su cometido, sea o no real el incidente y, en su caso, haya sido o no Irán el atacante. No sería, por tanto, el primer evento en que "alguien" ataca al objetivo para justificar un ulterior ataque contra el supuesto atacante. A veces, ni eso, como ahora se recuerda a propósito de Irak.

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