jueves, 23 de mayo de 2019

Elecciones falseadas

El voto es la columna vertebral de la democracia. Y el imperio de la ley, por supuesto. Pero esto último es más vaporoso. Lo del voto es más visible y cuantificable.
Ahora bien, cuentan y no acaban de los modos de falsear resultados. Está, claro está, el pucherazo clásico. Por ejemplo, en tiempos de Franco, un pariente mío tuvo que estar en una mesa electoral para "el tercio familiar" -una originalidad del sistema-, pero lo curioso es que los resultados los tenía antes de que empezaran las votaciones. Ahora la cosa está más elaborada y resulta complicado controlar qué sucede entre la votación y el recuento electrónico mediante algoritmos que no siempre se conocen y que pueden "orientar" las sumas en una dirección u otra. No te digo si el voto se hace directamente sobre la pantalla sin que haya huella de papel por medio. Son defectitos reparables siempre que se permita el acceso al programa que hace las sumas.
Pero de lo que se ha hablado más últimamente es de la intervención de países extranjeros en la propaganda electoral, sobre todo a través de redes sociales, generando estados de ánimo, información falsa e inquietudes fabricadas. Mucho se ha hablado (y se hablará) de la intervención rusa en las pasadas elecciones presidenciales estadounidenses o en el referéndum de independencia de Cataluña considerado ilegal y cuyos protagonistas ahora se están juzgando después de una prisión preventiva, exagerada según muchos, pero que tiene como justificación la huida (llamada exilio) de otros protagonistas del mismo.
Lo curioso es que no es novedad. Aquí se recogen las interferencias (y más que interferencias) que Rusia (ex-URSS) y los Estados Unidos han llevado a cabo desde 1945, con y sin Guerra Fría, es decir, hasta nuestros días: 36 casos a manos de agencias rusas, frente a 81 por parte estadounidense. Digamos que, por lo menos, un centenar de elecciones han sido "profesionalmente" interferidas desde fuera. No está mal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario