viernes, 31 de mayo de 2019

Dura lex

No lo dudo. De lo que me hacen dudar es de su aplicación. Ayer era un artículo sobre el proceso a los independentistas catalanes que ya toca a su fin. En él eran notables los calificativos que acompañaban a una abogada, central en el mismo. Desde "perezosa" para arriba.
Hoy, sin salirse del tema, va una descalificación del jurisconsulto que emitió un informe sobre la posibilidad de que un personaje huido de la justicia española pero investido con la legitimidad de ser "president" en el exilio. Y sutilezas y distingos entre su caso y el de un precedente. Doctores tiene la iglesia.
Y, la guinda, una descripción de las relaciones entre la "cloaca" policial, (ex)jueces y empresarios, con detalles sobre el coste que tenían algunas de aquellas transacciones y que no tengo por qué suponer que han desaparecido, como tampoco las tengo a propósito del fútbol (basta elevar a San Google una devota petición como "corrupción en el fútbol" para tener respuestas sobre más de un país).
Siempre ha sido anecdótico el "qué juez te ha tocado", pensando que, según quién fuese, la sentencia iría en una dirección u otra. Cierto: no se trata de una ciencia exacta y caben infinidad de interpretaciones, sobre todo ante comportamientos nuevos no previstos por la normativa vigente o en los que la ideología del juez puede tener un peso excesivo (porque ideología, la tiene: la tenemos todos). Pero los casos que traigo son de más calado.
Mi conclusión no es una descalificación del sistema legal (y eso que estoy pensando en Comités Electorales nombrados por el Gran Jefe que quiere fallos a su favor, por ejemplo para ser reelegido o en Tribunales que no son tribunales y que actúan como tales). Es, una vez más, reducir el carácter divino omnisciente que, a veces, se le atribuye. Humano, demasiado humano. Es decir, imperfecto. Y con una cierta dosis de sutilezas. Y cosas peores.
(Tan imperfecto como cualquier empresa. Por ejemplo, empresa relacionada con la farmacia y dedicada a la salud, pero, antes, al beneficio, y pagando dinero para que los "científicos" no se metieran con la posibilidad de que uno de sus fármacos fuese dañino para la salud. No sé si mucho peor que la petrolera que ocultó a sus accionistas -y al público- datos sobre el cambio climático e incluso dedicó fondos a negar tal posibilidad. Frente a estos ejemplos, lo de los jueces, voluntario o involuntario, es peccata minuta)

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