domingo, 28 de abril de 2019

Voto necesario

Hoy hay elecciones generales en las Españas. Se eligen parlamentarios para que, a su vez, elijan a un presidente. No es una elección de presidente, como la publicidad parece dar a entender, sino una elección de listas cerradas y bloquedas (construidas por los diversos partidos) con la vana pretensión de que el porcentaje de votos se corresponda con el porcentaje de escaños (curules, como les llaman otros hispanohablantes) y que el número de escaños que obtenga cada partido permita, en voto parlamentario ya constituido, nombrar un presidente. Duverger en mano, se sabe que estos sistemas electorales (a diferencia de los mayoritarios) favorecen la dispersión de ofertas. Si a eso se le añaden algunas circunstancias actuales, se entiende que las opciones sean mucho más que el bipartidismo imperfecto que ha dominado en años recientes y dominó a veces en el pasado pre-franquista. 
Visto lo visto, el número de escaños que obtenga cada partido permite tres grandes posibilidades. Una, un gobierno "a la andaluza", es decir, coalición de partidos de derechas (Partido Popular, Ciudadanos y Vox); dos, un gobierno como fue el voto de censura, es decir, coalición de partidos más o menos de izquierdas (Partido Socialista, Unid@s Podemos y nacionalistas periféricos no necesariamente de izquierdas, como el Partido Nacionalista Vasco); y 3, repetición de elecciones como ya pasó en 2016 con la renuncia de Rajoy (Partido Popular) por no tener asegurada la investidura.
La campaña ha tenido una constante: prácticamente todos los partidos han acusado a los demás de mentir o, por lo menos, de exagerar. El problema filosófico es sencillo: si todos han dicho que los demás han mentido, es posible que alguno haya mentido al decir que otro había mentido, con lo que este no habría mentido sino que habría dicho la verdad al decir que el anterior mentía. Si miente el que dice que todos mienten, lo que dice ¿hace verdad que todos mienten y, por tanto, todos -menos él- mienten, luego no todos mienten?
Si nadie mintió cuando estaban en campaña, nadie podrá coaligarse con nadie, así que...¡nuevas elecciones! Hasta que el electorado aprenda a votar.
Bromas aparte, la campaña no ha podido ser más superficial y, prácticamente, ha consistido en que todos se han ocupado en demostrar, mediante descalificaciones y exageraciones, que los contrarios no deberían formar gobierno. Histrionismos teatrales al margen, ninguna referencia a qué haría cada cual  en los casos siguientes:
1. Algo han publicado algunos sobre la Unión Europea, pero con la exaltación nacionalista que les aqueja (tanto españolista como separatista) se trataba de mostrar el importante papel que España tendría en la Unión. Ni una palabra sobre qué haría el hipotético gobierno (hipotético si lo que sucede es la tercera posibilidad indicada: nuevas elecciones hasta que los españoles aprendan a votar) ante lo que puede suceder a partir del mes que viene, con las elecciones al parlamento europeo en las que los euroescépticos (Salvini, Le Pen, Farage) podrían llevar la voz cantante. Conviene no olvidar que los intentos de desestabilizar a la Unión vienen tanto del Este (Putin) como del Oeste (Trump), además de sus aliados de dentro, ahora representados por el "trumpista" Bannon, de conocida relación con el hiper-españolista partido estrella Vox y de los imitadores de este.
2. Mucho sobre finanzas públicas (ingresos vía impuestos y gastos en pensiones, sobre todo), pero nada sobre la posible crisis del sistema financiero incapaz de asumir sus deudas. Como se sabe, la deuda mundial es impagable, estando muy por encima del producto mundial bruto. Los bancos, que algunos partidos como Unid@s Podemos denigran, no parece que estén pasando por su mejor momento, no por beneficios sino por estabilidad. Y si se hunden más bancos, habrá que ver si vuelve a producirse un rescate como el de la crisis simbolizada por Lehman Brothers.
3. El Fondo Monetario Internacional es poco de fiar en sus pronósticos, pero no por ello deben hacerse oídos sordos a lo que dice sobre el estancamiento de la economía mundial (la economía determinante en última instancia, que dirían otros) y su efecto sobre empleo y sobre fondos públicos para las pensiones en países, como en particular los europeos, en los que el porcentaje de ancianos aumenta de manera notable. A escala mundial, el crecimiento también es observable.
4. Al margen del fetichismo sobre las "nuevas tecnologías", una discusión entre, por citar a Eco, "apocalípticos e integrados" habría venido bien. Hay quien se preocupa por el impacto en el empleo (y las finanzas públicas) y hay quien ve la solución a muchos de nuestros problemas públicos (no solo económicos). Nada. Ni mu.
Esa es mi lista. No es la única posible. Pero el resultado es una creciente desconfianza hacia esta clase política (antes "casta") que, amigos extranjeros que han seguido la campaña, aseguran que no es la peor del mundo, pero que amigos españoles que ni siquiera han visto los debates aseguran que es de muy mala calidad. 
Y, sin embargo, votar es necesario. No solo un derecho (en las España no es un deber), sino una necesidad para evitar lo que cada cual considere peor, cosa que, por cierto, es a lo que han estado jugando los partidos en esta campaña. Elegir entre guatemala y guatepeor no es placentero, pero no hay otra que yo sepa. Y más no sabiendo cuál es cual.

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