martes, 23 de abril de 2019

Terrorismo expresivo, terrorismo instrumental

Vuelve a plantearse la cuestión, ahora sobre el centenar de muertos producidos por los diversos atentados del domingo de Pascua en Sri Lanka. Es difícil saber si se trata de un medio que busca un fin (aunque éste no sea más que llamar la atención) o si se trata de una expresión de frustraciones que llevan a la agresión o de cualquier otro motivo que lleva a buscar ese canal de expresión.
Tengo que recordar mi estancia en dicho país, allá por 1982, en un grupo de investigación sobre cuestiones relacionadas con el desarrollo. Colombo primero, donde mi modesto almuerzo en el hotel (no precisamente de cinco estrellas, el Sapphire: Naciones Unidas no da para más a los mindundis), almuerzo, digo, costaba más que lo que cobraba el camarero al mes. Desigualdad entre turista y asalariado. Kandy después, donde asistimos a la perahera (procesión) del diente de Buda, aunque los elementos hinduístas eran innegables. No solo budista, pues. La perahera este año comenzará el 7 de julio. Y terminamos la estancia en el Tea Research Institute. No recuerdo el nombre del lugar, pero sí constaté las huellas del Imperio (británico, por supuesto: no había huellas "portuguesas") en multitud de detalles desde la toponimia al urbanismo. Compartí habitación con un brahmán que se encargó de explicarme las peculiaridades de su civilización aunque sin tocar para nada el tema de las castas... que también las seguía habiendo en Sri Lanka entre los cingaleses según se rumoreaba, pero nadie reconocía. 
El elemento colonial aparecía donde menos lo esperabas. El país estaba dividido en dos: cingaleses budistas y tamiles hinduístas, con territorios diferenciados y con demandas de independencia por parte de estos últimos. Las dos lenguas coexistían en los carteles públicos con escrituras bien diferentes, pero el predominio cingalés era indudable y su poca disposición a negociar con los tamiles era visible. Lo pudimos (no es plural mayestático: es que éramos varios) constatar en varias entrevistas que tuvimos y a algunos nos hizo temer lo peor: una guerra civil. Por una vez, los pesimistas tuvimos razón. Y la guerra terminó con una matanza de enemigos tamiles por parte del ejército cingalés (cristianos en ambas partes), mala manera de terminar un conflicto ya que, tarde o temprano, volverá a manifestarse, como también, pasado el tiempo, dijimos los que entonces seguíamos el proceso.
Volvamos a los atentados todavía no reivindicados aunque ya con detenciones que, lo siento pero es lo que me da la impresión, parecen detenciones "de los sospechosos habituales". Puede haber sido una serie de atentados de "cuanto peor, mejor" procurando asustar al turismo en vísperas de la perahera atacando hoteles de alto nivel e iglesias cristianas -no solo católicas- que se supone son de una religión importada y trasmitida por los colonos y propia de turistas. En Sri Lanka, los budistas son 70% de la población del país, los hindúes son el 12%, un 10% los musulmanes y un 7% los cristianos. Con dos observaciones: una, que hay católicos cingaleses y católicos tamiles y han llevado bastante bien el ser minoría y, dos, que no parece que un grupo tan pequeño como el musulmán pueda organizar una cosa como esta, lo cual hace pensar en actores externos, a lo que se añade que si algún grupo ha mostrado islamofobia ha sido el budista cingalés, no el cristiano minoritario y, como digo, cortado por el corte "étnico" (lengua distinta incluyendo la grafía).
Pero también la división tamiles-cingaleses es imperial. Divide y vencerás es un principio antiguo. Los tamiles fueros importados desde Tamil Nadu, India, a la entonces Ceylán, con el objetivo de aumentar la mano de obra productora y recolectora del te y, de paso, reducir la capacidad de reacción de los cingaleses promocionando pequeños conflictos con los tamiles que el conquistador se encargaba de gestionar. Siendo de una religión diferente, miel sobre hojuelas.
No es el único caso a recordar. En Ruanda, hutus y tutsis convivieron y se mezclaron hasta que llegó la conquista belga que trabajó para diferenciarlos lo más posible y, mejor, enfrentarlos. Divide y vencerás, claro. Y más dando más poder a unos que a otros por el mero hecho de pertenecer al grupo definido por el conquistador. 
Las religiones, como las ideologías, se entienden mejor cuando se las sitúa en su contexto histórico-social. El budismo fue pacifista y ya no lo es. Que se lo digan a los rohinyá en Myanmar. El proceso de fanatización de los seguidores de una determinada religión no viene de la religión misma, sino del contexto que permite que sus seguidores encuentren en la religión lo que encaja con sus propósitos y necesidades que tal vez no tuvieron cuando pacifistas. Francisco de Asís era pacifista, Urbano II no. 
Sea un aviso a turistas, un rechazo a una religión diferente, una forma de generar cohesión en el propio grupo o un mero acto vandálico que se agota en sí mismo, he tenido que regresar a 1982 y pensar que la violencia va a seguir aunque ahora probablemente no se dé un etiquetado étnico-territorial sino político-religioso dentro del territorio cingalés: el de los musulmanes. No sé entre quiénes. Pero Sri Lanka vuelve a la guerra. Eso creo. Y en el caso de que el incendio de Notre Dame hubiese sido provocado, lo mejor que habrían hecho las autoridades francesas habría sido no decir por quiénes si es que los autores preferían el anonimato. La Ley del Talión es de lo más inhumano que ha inventado la Humanidad.

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