martes, 30 de abril de 2019

La fe del carbonero

En un chat que mantengo con viejos amigos de un país distante (distante en lo geográfico), se difundió un wasap sobre un corrupto propio, de aquel país. Como parece que el mundo se encuentra en una olimpiada a ver qué país tiene más corruptos y más importantes, no le di mayor importancia. Reconozco que estaba muy bien hecha la acusación: abundancia de fotografías, subtítulos expresivos y calificativos (aunque no informativos) y duración suficiente como para saber que aquello era importante pero sin llegar a cansar al sufrido receptor del mensaje.
Al poco, otro participante en el chat intervino para decir 1. que conocía personalmente al acusado y 2. que de lo que en el wasap se acusaba era una falsedad. Que sí, que la empresa corruptora era corruptora (nada menos que  la brasileira Odebrecht) pero que no, que el personaje del wasap no era un corrupto más. Que no, que no era corrupto.
Y ahora viene el problema. Cierto que por el mero hecho de que llegue un youtube denunciando algo, ya por eso hay que darlo por cierto. Puede ser más falso de judas si no da detalles que permiten verificar o intentar verificar sus afirmaciones. Afirmar por afirmar no significa nada: el Sol, ya se sabe, sale por el Norte y se pone por el Sur, que lo digo yo y tengo imágenes que lo prueban.
Negarlo, si, de nuevo, no se dan detalles, puede ser tan gratuito como el afirmarlo. Y ahí entran las opciones: escepticismo radical (no me creo nada de nada. Ni siquiera si lo estoy viendo), credulidad radical (me creo todo lo que me llega por internet como antes me creía lo que me llegaba por televisión y antes por radio) o equilibrismo. 
Los dos primeros son fáciles de llevar. El tercero es complicado porque, sin que uno se dé cuenta, entran criterios de "verdad" de manera invisible: la fe. Si lo que veo, oigo o leo encaja con mis ideas, lo aceptaré. "Críticamente", pero lo aceptaré. De lo contrario, siempre me queda el anglicismo de "fakenews". 
La verdad es que yo me creí el wasap y fue el colega que añadió información el que me hizo cambiar de opinión. Pero me la hizo cambiar por un motivo sencillo: confío en él. Esta confianza es una forma de fe ("creer en lo que no se ve") para enfrentarse a asuntos de los que o te fías de lo que dicen otros (que puedes contrastar como yo hice entre youtube y mi amigo) o no te enteras de nada, como le puede suceder al escéptico radical. Y no sé si eso es lo mejor para la salud del individuo y, si se extiende, su sociedad.
(Añadido el 2 de mayo: Un implicado en las mordidas de Odebrecht ha confirmado para el suicida su carácter de corrompido. Esto da pie a los creyentes en su culpabilidad a reafirmarse en su fe, pero los creyentes en la fe contraria, en concreto los de su partido político, piden que este implicado demuestre lo que dice, no sea que la acusación no sea más que un truco para reducir su propia pena, es decir, que esté mintiendo. La fe mueve montañas)

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