lunes, 29 de abril de 2019

El Tercer Templo

Las ideologías, sean religiosas o políticas, una vez interiorizadas en la persona adecuada, producen síndromes de monopolio de la Verdad. Se trata de quienes "saben" que su versión de las cosas es la correcta y que, en consecuencia, la Verdad les da derecho a imponer a los demás esa peculiar interpretación de la realidad.
La interpretación "correcta" de su religión (desconfíe de las que no encajan con ella) o de su ideología les permite un gratificante sentido de la seguridad que, si se quedara ahí, sería para darles la enhorabuena. El problema es que esa seguridad se traduce, muchas veces, en imposición de tal interpretación a los que no la comparten.
Para que no quede en blablabla, vale la pena leer este artículo (en castellano) sobre los planes para construir el Tercer Templo en la Explanada de las Mezquitas, ahí, precisamente, donde hubo un incendio (en concreto en la de Al Aqsa) coincidiendo con el de Notre Dame en París. Varias cosas a resaltar.
Primero, que estas lecturas extremas de los propios textos sagrados son aprovechadas por avispados políticos que encuentran en ellas un medio de distraer la atención ciudadana y evitar que piensen en lo que no deberían ya que no coincide con los intereses del político en cuestión.
Segundo, que estos monopolios de la Verdad encuentran extraños compañeros de viaje. Por ejemplo, los fundamentalistas judíos que esperan la venida del Mesías y los fundamentalistas cristianos que esperan la segunda venida del Mesías.
Tercero, que,  cuando lo que está  por medio es la (propia) Verdad Absoluta, "al creyente", al contrario del ateo de Ivan Karamazof, "todo le está permitido", caiga quien caiga. Incluyendo, en casos extremos, la propia inmolación.
El artículo que cito constata la difusión de este síndrome en el mundo contemporáneo, no solo en Israel. La lista de líderes que encajan en esta descripción es notable. Pero también la que se haría con movimientos sociales o políticos en la "civilizada" Europa o en algunas de sus partes, como la que se refiere al Brexit.
Si diera clases, pondría como tarea para el próximo día la siguiente: ver qué elementos hay en común entre lo descrito en el artículo sobre Israel y lo que puede percibirse, en las Españas, tanto en las posiciones separatistas como en las unionistas. Me refiero a las más religiosas tanto de unas como de otras. Puede ser entretenido y más con los resultados electorales ya encima de la mesa y las reacciones de personas que uno conozca y que encajan en uno u otro polo.

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