viernes, 5 de abril de 2019

Cuestión de límites

Hace años, en un congreso de mi profesión, una colega se quejó oficialmente de la conducta inapropiada de un colega finlandés. La respuesta de éste fue que no había hecho nada que no estuviera aceptado en su país. En el fondo, latía una diferencia cultural: al referirse a la distancia apropiada con que dos personas pueden conversar estando de pie, unas culturas tienen criterios diferentes a otras. Con un árabe hay que hablar acercándose, so pena de que piense que desconfías de él, pero con un japonés esa distancia se considera una invasión del espacio personal. He contado muchas veces lo divertido que me resultó  observar a dos colegas, uno español y el otro mexicano, hablando estando de pie. El español  procuraba acercarse al mexicano como forma de "cercanía", "borrando distancias", pero el mexicano se sentía invadido en su espacio personal así  que, a cada paso adelante que daba el español, él daba un paso atrás. 
Joe Biden, que fuera vicepresidente y con pretensiones de ser candidato en las elecciones presidenciales del año que viene en su país, ha sido acusado de "conducta inapropiada" que, por lo visto, consistió en acercarse por detrás a la que ahora le acusa, olisquearle el pelo y darle un beso en el cuello. Como en pre-campaña todo vale, se ha dicho que es una acusación "motivada políticamente" para impedir su candidatura. No lo sé. Lo que sí creo saber es que los límites que impone una cultura cambian con el tiempo y que, gracias al MeToo sobre todo, se ha perdido el miedo a acusar y se han elevado los límites que separan lo apropiado de lo inapropiado. Mala mezcla para Biden cuyas posibilidades se ven mermadas por la pronta aparición de nuevas acusaciones en el mismo sentido.
No entro en el asunto en concreto. Solo levanto acta de lo relativo que es, en el espacio y el tiempo, el límite que separa lo "apropiado" de lo "inapropiado". Hasta hace poco, dos varones no podían besarse en público ni siquiera en la mejilla. Ahora algunos amigos lo hacen sin ser tachados inmediatamente por los homófobos de "maricones".
Biden, a sus 76 años, y sin haber presentado todavía su candidatura, reconoce ahora que los límites han cambiado.  Algunos en su contra. Promete enmienda.

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