viernes, 26 de abril de 2019

Con ocasión y sin ella

Insisto. No se puede tirar indefinidamente de los extremos de una cuerda sin que, tarde o temprano, esta se rompa. Traduciendo: hay límites objetivos al aumento de la desigualdad social (la real, no la que cuentan los modelos platónicos), pero no hay nadie (creo) que sea capaz de pronosticar en qué punto de la porfía la sociedad se va a romper. Ahí entra cada cual con su propensión al optimismo o al pesimismo y al tipo de lecturas o informaciones o manipulaciones a los que esté sometido.
No me extraña que los más ricos se preocupen. Los proletarios, como decía el Manifiesto Comunista (una antigualla, por cierto) solo pueden temer perder sus cadenas. Y, como decía el Goldstein, personaje del 1984, mucho más actual, "los de abajo" tiene bastante con ocuparse de su supervivencia. Pero los hiper-ricos que tienen como para donar centenares de millones a la reconstrucción de Notre Dame (supongo que con desgravaciones fiscales importantes) y no a la mejora del sistema educativo o sanitario, esos sí que tienen que perder, son más miedicas o tienen una información que los demás no tenemos. Lógico que les preocupa que la cuerda se rompa generando un caos del que nadie sabe qué saldría. Y el dinero es cauteloso.
Volviendo a Orwell, "los de en medio" lo que quieren es sustituir a "los de arriba", así que el tema del aumento de la desigualdad no está en sus prioridades. Olvidando a Orwell, basta ver qué dicen los políticos, en su campaña electoral para el parlamento español, es decir, para conseguir el poder o sus parcelas, qué dicen, digo, sobre el aumento de la desigualdad y, ya puestos -como reflejaba en el post de ayer-, de la relación entre desigualdad y cambio climático, y, para redondear, sobre el futuro de la inserción de España en la Unión Europea, su tambaleante euro, su unidad bajo el Brexit y los exit que le sigan y sobre su reacción ante el probable nuevo desorden financiero. "Nuestros" líderes, evidentemente,  tienen cosas más importantes en que pensar o, tal vez, carecen de competencia para afrontar estos problemas de fondo. Lo superficial siempre es más vistoso.

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