miércoles, 17 de abril de 2019

Cartas distópicas (2)

Me preguntas cómo hemos llegado a esta libertad desde aquella opresión/explotación por parte del Planeta Central. Te lo cuento.
Creo que los promotores del cambio teníamos un diagnóstico acertado. Partíamos de la convicción de que se estaba dando una especie de dialéctica de la señora y el esclavo, representados, respectivamente, por la élite de Walden Tres por un lado y, por otro, aquí, por un movimiento de masas en el que los promotores jugábamos el papel de guías conocedores del objetivo alcanzable y deseable.
Walden Tres se estaba debilitando. Se trataba de un aumento desproporcionado de la desigualdad en una sociedad en la que la polarización interna se había ido resolviendo en “victoria” de una de sus partes. En contra de lo que podría parecer, esa “victoria” redujo drásticamente el dinamismo de aquella sociedad que fue cayendo en una especie de ocio decadente. El conflicto, en efecto, había sido un elemento dinamizador de forma que, acabado el conflicto, se terminó el dinamismo.
Como ves, la pregunta básica era cómo aguantábamos aquella situación tan desigual. Y la respuesta es sencilla, aunque las señoras la complicaban precisamente para que fuese efectiva. Primero, nos convencían de que no eran ellas las que dependían de nosotros, sino que éramos nosotros los que dependíamos de ellas: daban sentido a nuestras vidas (que, al fin y al cabo, es una necesidad tan importante) y, si esa política fallaba, siempre podían recurrir a la amenaza de aniquilarnos o, por lo menos, someternos a alguna forma de violencia física.
Y ahí comenzó la Gran Transformación, cuando nos dimos cuenta de lo falsas que eran sus propuestas y lo poco probable que era el uso de la violencia, viendo la más que evidente decadencia de la que nos informaban los porteadores de alimentos que podían regresar y no habían sido objeto de retención, canibalismo o violación.
Fue el primer paso: darnos cuenta de cuál era la situación real, con la debilidad de las que nos habían dominado y la fortaleza que habíamos ido adquiriendo primero numérica, después económica (nosotros éramos los únicos productores) y, finalmente, política (nosotros dijimos que no, a partir de lo que primero fue una organización clandestina y después un rechazo manifiesto). Mantener una política natalista razonable y ocupar a los robots en la satisfacción de nuevas necesidades de nuestra gente, fueron el caldo de cultivo de la Gran Trasformación por nuestra parte.
Pero nosotros también teníamos problemas y el más importante era la distancia que se iba generando entre los que conocíamos la situación real de dependencia recíproca y los que seguían creyendo que éramos nosotros los que dependíamos de ellas o temían sus represalias. Pero hubo suerte.
Ante todo, nuestros enfrentamientos internos entre llamémosles “escépticos” y los “activos”, acabó exigiendo sacrificios por parte de todos si no queríamos acabar desapareciendo como estaban desapareciendo las de Walden Tres. Eso generó algo menos de desigualdad. Lo mismo sucedió con la aparición de algunas epidemias cuyo origen desconocemos, pero que exigieron acuerdos muy de fondo en nuestras poblaciones para no acabar desapareciendo.
Hubo algo más y fue el uso inteligente de los robots. Las de Walden Tres creían que, gracias a ellos, iban a garantizarse el abastecimiento y que prédicas y amenazas iban a mantener nuestra sumisión. Esto último dejó de ser efectivo y, aunque garantizaran su abastecimiento, también ayudaban a nuestra progresiva toma de conciencia precisamente por el tiempo que nos dejaba libre para cambiar la visión impuesta por una propia. Lo que no podíamos permitirnos es que los robots se convirtieran, como había sido en el pasado, en un elemento más de desigualdad entre sus propietarios que buscaban únicamente el beneficio y los afectados que eran expulsados a diversas formas de beneficencia. Nosotros sabíamos que el problema de fondo era la desigualdad y por eso trabajamos directamente en evitarla.
Ante todo, procuramos impedir la distancia entre los que habíamos logrado liberarnos de las trabas que imponía el mito y la amenaza de las señoras y los que seguían creyendo en sus imágenes o temiendo sus reacciones contra los trasgresores. Después, intentamos organizarnos de modo que estos dos grupos pudieran colaborar en intereses comunes (y la supervivencia era uno de ellos, pero no únicamente). Coordinadores temporales elegidos por cuotas fue la forma que encontramos, imperfecta, pero eficiente.
No lo hemos solucionado todo. Nosotros no practicamos la recomposición como ellas, sino que afrontamos la vida con lo que tiene de trágico: la muerte. Pero esperando dejar a nuestros descendientes un mundo mejor que el que nosotros conocimos. 
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

No hay comentarios:

Publicar un comentario