viernes, 19 de abril de 2019

Autoritarios

El viejo texto de Adorno sobre La personalidad autoritaria incluía una "escala F", es decir, un test para individuar al "fascista", no en vano se escribía acabada la II Guerra Mundial y se preocupaba por los rescoldos dejados por el nazismo en Alemania. Tendría su interés ahora, cuando se tilda de fascista con facilidad y hace falta recordar, como se hace aquí, a Oriana Fallaci cuando decía que había dos tipos de fascista, a saber, el fascista y el antifascista. Porque la cuestión de fondo es la personalidad autoritaria.
Adorno y sus colegas encontraron que esa personalidad se formaba en la infancia, que se recibía del contexto inmediato del infante, contexto no solo familiar. Y que, a su vez, se trasmitía a la descendencia aunque el contexto podía ir reduciendo el peso del impulso inicial. Tal vez haya que pensar en el contexto de los niños nacidos en España alrededor de los años de la posguerra civil del 36-39. 
Otro elemento a considerar es el comportamiento de la personalidad autoritaria que, cuando está en situación de poder (digamos "arriba") se muestra intransigente y prepotente, pero que si, esa misma persona, se encuentra en condiciones de subordinación (digamos "abajo"), es sumisa y hasta aduladora.
Si esto es así, no hace falta darle muchas vueltas para ver que ese tipo de personalidad no es típica de uno de los extremos del continuo derecha-izquierda sino que aparece en varios puntos de dicha línea imaginaria. Autoritarios de derechas y autoritarios de izquierdas.
En general, es gente que "posee" la Verdad casi en monopolio y, como esa Verdad raramente puede demostrarse mediante criterios intersubjetivos, necesita del grupo para compartirla y re-afirmarla. Es importante el papel que, a este respecto, juega la asamblea, la célula, la parroquia, la sangha, la manifestación callejera, el vandalismo e incluso grupos imaginados (como la nación, "comunidad imaginada" y autodefinida como la llamaba Benedict Anderson).

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