miércoles, 27 de marzo de 2019

Quién manda aquí

Vale la pena preguntárselo. A escala mundial. Pero las respuestas son ambiguas. Veamos algunas de ellas.
La primera, la menos fiable y la más manipulable, es la opinión pública: hagamos una encuesta suficientemente representativa del conjunto de los habitantes del Planeta. Ya se ve que la tarea es casi misión imposible, pero hay datos en esa dirección que es mejor tenerlos que no tenerlos. Y los proporciona Gallup que, desgraciadamente, no pregunta quién manda aquí, sino el grado de aceptación de los posibles liderazgos mundiales. No es mucho, pero ya es algo. Y lo que se observa es la aceptación mayoritaria del liderazgo estadounidense en los últimos diez años… hasta que llega 2017 y se produce una caída espectacular en tal aceptación. Evidente: es el factor Trump o, si se prefiere, el conjunto Pence, Bolton y Pompeo. No quiere decir que el gobierno de ese país haya dejado de mandar, pero sí que ya no se le acepta al nivel con que se le aceptaba no hace tanto.
La segunda es sutil, pero cargada de sugerencias, a saber, el papel de su moneda, el dólar, a escala mundial. No es tanto constatar que hay países, como el Ecuador, que la tienen como propia o zonas en las que la demanda (oficial o clandestina) de tal divisa es notable e incluso creciente. El caso espectacular es el de Venezuela. Sin embargo, como constatan algunos autores, “aunque el dólar continúa siendo la moneda de reserva más usada, durante los últimos años varios países han encaminado sus esfuerzos para alejarse de las ataduras que conlleva depender para todo tipo de intercambio comercial y financiero del billete verde”. Y no solo es que se hayan puesto en marcha proyectos para reducir tal papel. Es, sencillamente, que ya no es lo que era por más que siga siendo, como se cita, “la moneda de reserva más usada”. Todo ello sin entrar en el oscuro mundo de las criptomonedas.
La tercera tendría que ser más clara: se trataría de constatar el grado de obediencia que obtienen en otros gobiernos las decisiones del de Washington. El caso de Venezuela puede ser un buen indicador de lo que está sucediendo. Por un lado, las propuestas del trío gobernante en los Estados Unidos (Pence, Bolton y Pompeo) a propósito de Venezuela obtienen seguimiento claro en muchos países, aunque la Unión Europea haya sido algo más cauta y el gobierno español haya tenido intrigantes oscilaciones (hay 94 empresas españolas -algunas financieras, bancos y aseguradoras- con domicilio en Venezuela). Pero, por otro lado, es fácilmente constatable que el gobierno de Maduro está teniendo apoyos importantes encabezados por Rusia y China que, sin duda, tienen intereses también económicos (como los de los Estados Unidos), pero que hacen pensar que hay algo más.
Unida a la anterior estaría la capacidad de amenazar. Desde Venezuela se llegó a interpretar la no-detención de Guaidó a su regreso del periplo de principios de este mes como una forma de pragmatismo o realismo por parte del gobierno Maduro que no quería dar más argumentos para una posible intervención militar estadounidense. Difícil de saber, pero sí se sabe que se trata del primer presupuesto militar del mundo, con un gasto superior al de la suma de China, Rusia, Arabia Saudita, India, Francia, Reino Unido y Japón. Y con bases militares en 40 países interviniendo con tropas en 14 conflictos armados amén de los 7 casos en los que se contenta con ataques aéreos. Pero no es omnipotente y la prueba es Corea del Norte que, a pesar de la catástrofe humanitaria (ahí claramente) que está sufriendo, ha podido dejar con la palabra a medio pronunciar al presidente de los Estados Unidos en Hanoi.
Efectivamente, ningún gobierno es divino, es decir, omnisciente, omnipresente y omnipotente. Ni siquiera el de los Estados Unidos que, desde que accedió a principios del siglo pasado al papel preponderante que disfrutan sus élites (no sus barrios marginales, todo sea dicho), ha tenido quien le quiera quitar el puesto. Hubo, sí, una Guerra Fría que se disfrazó con ropajes ideológicos para distinguir a los “buenos” (nosotros) y los “malos” (ellos), pero que pronto dejó de ser de sólo dos (cada cual con su corte) y pronto también se vio que las opciones no suponían un cambio del sistema sino solo en el sistema.
Lo que hay ahora es, de nuevo, geopolítica, como bien muestra el caso venezolano. La diferencia principal con la vieja Guerra Fría es que ahora no se recurre a ideologías. Sólo poder.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Vuelvo a encontrar la hipótesis que ya barajé en 2004 en mi libro sobre la guerra de Irak: que aquella guerra fue, sobre todo, para mostrar precisamente “quién manda aquí”. Más, pues, que armas de destrucción masiva o incluso de rapiña del petróleo. Lo que ahora se añade es que podría repetirse respecto aIrán)
(Añadido el 22: Desconozco qué sucede con los palestinos cuyos territorios, como los altos del Golán, son incorporados a la fuerza y son sometidos al gobierno de Israel. Sí parece que, aunque el gobierno de los Estados Unidos lo reconozca, eso no es suficiente como para que no sea, según el gobierno ruso -y otros-, una violación más de resoluciones de la ONU, pero el que manda, manda. El derecho internacional es para los de abajo)
(Añadido el 23: también muchos estadounidenses ven que se reduce el peso de su país en el mundo según encuesta del Pew Research Center
No extrañe que se sobreactúe en el terreno militar)

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