miércoles, 13 de marzo de 2019

Consejos para estos días (en España)

Campañas electorales por un lado y proceso al “procés” por otro. Las campañas proporcionan una serie enorme de afirmaciones que, en teoría, tendrían que influir en nuestro voto, voto que, guste o no, es importante dado lo que nos jugamos. El proceso, por su parte, también proporciona afirmaciones más o menos rotundas que, se supone, influirán en la sentencia (esperemos que mejor que las diferentes sentencias sobre la exhumación de Franco: chocante que una idéntica demanda lleve a decisiones judiciales opuestas según el juez que las reciba) o, en todo caso, llevarán a que nos formemos una opinión sobre lo que allí ha sucedido y lo que podría suceder si es que las cosas son como parece. Vayan algunos consejos sobre cómo enfocar esas afirmaciones advirtiendo, honradamente, que soy el primero que, más de una vez, no los ha cumplido.
1. Los juicios de intenciones son engañosos si solo se suponen. Tenemos una acción (por ejemplo, una decisión gubernamental o el destrozo de unos vehículos de la guardia civil) el problema es que esa misma acción, observable donde las haya, no significa lo mismo si se han llevado a cabo con una intención u otra. El consejo se sencillo: distinga lo mejor posible el hecho y las supuestas intenciones. 
2. Sucede lo mismo con las motivaciones. No es lo mismo que se haga algo como respuesta a un “a por ellos, oe” que como forma de mostrar el propio descontento o como puro gamberrismo. Sobre decisiones (sean del gobierno o del “govern” y sus respectivas oposiciones) cabe decir lo mismo que en el caso anterior: que las decisiones son observables, pero que las motivaciones son supuestas, como las intenciones, y pueden presentarse como una forma de “orientar” la opinión sobre las mismas. Hay una gran diferencia entre una decisión para “cumplir con un programa” que esa misma decisión para contentar a los “compañeros de viaje” o como propaganda electoral encubierta. El ciudadano no puede conocer ni motivaciones ni intenciones de esa decisión y se cree las que se le presentan ¿engañosamente?.
3. Por la misma razón, es aconsejable la precaución con el etiquetado o cualificación de un hecho. No es lo mismo tacharlo de rebelión que de desobediencia, argucia negociadora o incluso de inexistente (opción cuyo mérito hay que reconocer). O mediador, intermediario, interlocutor y hasta, excepcionalmente, relator. En otros contextos, un mismo hecho, tachado de “facha”, “rojo”, “progre”, “separatista” o “franquista” adquiere un significado muy diferente llegando a ser más importante la etiqueta que el hecho mismo. Cautela, pues.
4. Tenga cuidado con la intuición. Es defendible pero no suele ser segura. Y es defendible porque es el resultado de procesos inconscientes a partir de la información que uno posee. Acierta muchas veces. Pero esa información puede ser resultado de una manipulación informativa (o de “fake news”, mentiras) por lo que el muestreo que hacemos inconscientemente puede incluir demasiados elementos falsos como para confiar en lo que concluimos.
5. No desdeñe los presentimientos, pero no los confunda con las predicciones. Los presentimientos sobre lo que puede pasar son algo diferente de las intuiciones explicativas: califican el presente en función de lo que se supone que pueden evolucionar los hechos observables. Hay también investigaciones (de las neurociencias a la psicología) sobre los presentimientos que, claro, tienen elementos comunes con la intuición, pero que, generalmente, incluyen sentimientos en mayor dosis que esta. Y los sentimientos, respetabilísimos, son algo demasiado volátil como para incluirlo en la evaluación serena de los acontecimientos. A veces, preceden incluso a la recogida de datos.
6. Otra forma de calificar los hechos observables son las predicciones, profesionales o académicas, que se hacen sobre los mismos. No me refiero a las predicciones electorales, demasiado problemáticas como para tomarlas como tales en lugar de ver lo que realmente son: fotografías de un estado de opinión en un determinado momento. Me refiero a las predicciones sobre la evolución posible (incluso probable) de los acontecimientos, sobre todo económicos. El Brexit (y también el Catalexit) son un buen ejemplo de la presencia notable de predicciones contradictorias, todas ellas respetables, pero utilizadas desde la política “arrimando el ascua a la propia sardina” y adosándolas a los propios sentimientos, que no “análisis concretos de situaciones concretas”. 
7. Las premoniciones son un caso particular. Unidas a las intuiciones proporcionan un presentimiento, pero, aisladas, pueden tener un papel importante en el etiquetado de los hechos actuales. También han sido objeto de investigaciones académicas y su componente irracional suele estar más claro que en los casos anteriores. 
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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