domingo, 17 de marzo de 2019

Argumentos callejeros

En Madrid ha habido dos manifestaciones, en corto espacio de tiempo, de signo contrario. 
La primera, el 10 de febrero, convocada para toda España/Estado Español (táchese lo que no proceda) por partidos de derechas de ámbito estatal a la que asistieron, según los organizadores, 200.000 personas y, según la policía, 45.000, es decir, 22 por ciento de lo que decía la organización. Defendían la unidad de España entre otros temas.
La última, ayer, 16 de marzo, convocada para todo el Estado Español/España (táchese lo que no proceda) por partidos de derechas (aunque también estaba la CUP) de ámbito autonómico a la que asistieron, según los organizadores, 120.000 personas y, según la Delegación del Gobierno, 18.000, es decir, 15 por ciento de lo que decía la organización (siete puntos de diferencia con el "error" oficial o exageración de los organizadores, táchese lo que no proceda, de la otra manifestación). Defendían, entre otros temas, el derecho a la autodeterminación, es decir a decidir la secesión respecto a España entre otros temas.
Dos nacionalismos, pues.
Probablemente eran esos otros temas los importantes en cada caso, pero me quedo en estos porque son, evidentemente, contradictorios aunque no tanto como parece ya que se puede defender la unidad de España y, al mismo tiempo, el derecho de alguna de sus partes a decidir si se queda o no (como es mi caso, con reforma previa de la constitución española).
Después, está el argumento de si se trata de manifestaciones que son un medio para un fin o, sencillamente, son expresión de un estado de ánimo sabiendo que su incidencia sobre la realidad será escasa.
Desde un punto de vista menos visual y más pragmático, siguen sin discutirse los temas de fondo, enzarzados, unos y otros, en maniobras de cara a la galería. Por supuesto, las manifestaciones son prácticamente inútiles para esa tarea y sí para "confirmar en la fe" a los creyentes y para producir impacto visual a la tema (en femenino, sí).
(Obsérvese, de paso, que la aparente unidad de los manifestantes en ambos casos oculta las diferencias electorales dentro de sus organizadores, que buscan la respectiva hegemonía dentro de su opción política -unitaria o secesionista- que no es necesariamente la única que existe en sus respectivos territorios de referencia. Hay, efectivamente, españoles que defienden el derecho de autodeterminación -digan lo que digan los expertos en derecho internacional- y catalanes que lo rechazan. La diferencia es que estos últimos suponen un mayor porcentaje en su territorio que los españoles no españolistas en el suyo -excluyendo a Cataluña, claro-. Y hay secesionistas compitiendo con secesionistas -por ejemplo en las listas para el parlamento europeo- y españolistas compitiendo con españolistas, también en partidos distintos como en el caso secesionista. Cuidado, pues, con las aparentes unanimidades que se debilitan a la hora de la verdad, no en los argumentos callejeros)
(Añadido el 23: los posibles errores en la planificación de los asuntos de fondo también se han conocido para el Brexit. El que tiene boca se equivoca)

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