lunes, 18 de marzo de 2019

Algunos más iguales que otros

Ante la justicia todos somos iguales. No hay acusados de primera clase y acusados de segunda clase, ni condenados de primera clase y condenados de segunda clase, suponiendo que el delito haya sido el mismo o, por lo menos, semejante (la justicia no es una ciencia exacta). Sin embargo, datos en mano y ejemplos confirmatorios en los medios, la justicia suele ser algo más benévola con los de clase alta (los llamados delitos de "cuello blanco" son típicos) que con los de clase baja. 
Hay muchas razones para explicarlo. De entrada, la "calidad" de los abogados defensores (de pago y caros en el primer caso y, muchas veces, de oficio en el segundo). También la cercanía/lejanía social (uno de los nuestros o uno de los otros). 
Si el título viene de Rebelión en la granja ("todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros"), ahora habría que hacer una perífrasis de Iván Karamazov ("al ateo todo le está permitido"). 
Si lo dicho fuera cierto, el mantener la idea de igualdad ante la ley sería o sencillamente retórica o un truco más para mantener las cosas como están, como bien sabían los cerditos de Orwell.

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