martes, 12 de febrero de 2019

Pequeños síntomas

Visitado por Mike Pompeo, monitorizado por Steve Bannon, Viktor Orbán, el primer ministro húngaro, lo tiene claro por lo menos desde 2012 y lo ha repetido ahora: La Unión Europea es como la extinta Unión Soviética que sometía a los designios del centro ("Bruselas nos roba" que dirían los Brexiters) los intereses de su periferia. Ante tal intento, sólo cabía una reacción: el nacionalismo del "America First" de Trump (que ya fue el "Second to none" de Reagan). Exaltación del propio país, definido por fronteras actuales a pesar de las dificultades que siempre hay con los bordes. Nacionalismo estatal, tan nacionalismo, en contenido y propuestas, como el nacionalismo sub-estatal como el del Catalexit. Independencia, pues. Autodeterminación. Y más poder para el primer ministro y los suyos, todo sea dicho. Y si la xenofobia sirve para emocionar irracionalmente a los súbditos, mejor. Y no digamos el racismo.
Estos nacionalismos, como los de principios del siglo XX, venían acompañados (si no es que servían para ocultarlo) por una opción de los gobernantes a favor de los muy ricos (incluyendo los bancos "demasiado grandes para caer"). Se dice ahora de Trump: socialismo para los ricos, capitalismo para los demás. Como cuento mañana, esta política no es tan nueva y ya Adam Smith la analiza como una forma de lucha de clases (términos que Karl Marx reconoció que había tomado de los "economistas burgueses"). La política fiscal del nuevo gobierno autonómico andaluz puede verse desde esta óptica.
La historia no se repite, pero riman las cosas que se vieron a principios del XX con las que se ven a principios del XXI. Copio y pego:

The 1930s saw
the rise of xenophobia and nationalism
in the context of prolonged and protracted economic strife,
the lingering impact of World War I,
weak international institutions
and a desperate search for scapegoats.
The 2010s has notable parallels:
the protracted fallout of the financial crisis,
the clamour for protectionism,
ineffective regional and international institutions,
and a growing xenophobic discourse that places virtually all blame for every problem on some form of Other.
In the 1930s the politics of accommodation gave way to the politics of dehumanisation, war and slaughter

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