sábado, 9 de febrero de 2019

Historias nacionalistas

Los Estados son cosas objetivas o, por lo menos, objetivables: fronteras, leyes, gobiernos, ejércitos y cosas parecidas. Las naciones, en cambio, guste o no guste, son "comunidades imaginadas" que, como los dioses, solo existen en la mente de quienes creen en ellas, lo cual, como se sabe por las guerras de religión, no quiere decir que no tengan consecuencias objetivas y objetivables.
Hay naciones que quieren ser estados. Centenares en el mundo. Pero también hay estados que quieren ser nación, para lo cual necesitan "imaginar" historias que legitimen su "nacionalidad" para convertirse en Estado-nación o Estado nacional. Aquí hay una buena descripción de uno de esos casos: el de los Estados Unidos. Y aquí una de de nación que quiere ser Estado (o, mejor, de élites políticas, no necesariamente mayoritarias, que pretenden serlo de un Estado a través de una nación).
Pero, en general, tanto para "Estados a la búsqueda de su nación" como para "naciones a la búsqueda de su Estado", el truco más sencillo es imaginarse un pasado cuanto más remoto mejor. Algunos nacionalistas vascos han llegado a decir cosas exageradas en esa búsqueda de un pasado común que les convertiría en nación para todos. Pero el truco tiene sus dificultades cuando se trata del Estado.
Sobre los orígenes, porque el Estado (objetivo, como he dicho) es una invención relativamente reciente y hay un momento en la historia en que las fronteras del actual proyecto de Estado-nación no aparecen. Pienso en un caso que he encontrado recientemente: un wasap de amigos peruanos en los que se comenta el carácter netamente peruano de determinados productos, instituciones e invenciones. Cierto que discuten si el aguacate (palta, p'alta en quechua) es peruano o más bien fue importado de algún otro lugar. Pero hay cosas que no se discuten. Por ejemplo, la quinua (que en otros lugares llaman quinoa). ¿Dónde está el problema? En confundir las fronteras del actual Estado con las fronteras que llegó a alcanzar el expansionismo inca originado en el Cusco (ombligo del imperio) y que impuso una lengua (el quechua) como lengua del imperio, lengua que ahora se habla desde el Ecuador (que allí llaman quichua) hasta los Andes argentinos. Hace años, en Cuenca, Ecuador, en conversación con mis estudiantes, me vinieron a decir "Doctor, usted que conoce el Perú, ¿qué piensan ellos de nuestro Inca?". Se referían a la guerra civil dentro del incanato entre dos pretendientes al trono y daban por supuesto que las fronteras del actual Ecuador se pueden proyectar hacia atrás y encontrar un pretendiente "ecuatoriano" que se enfrentaba al pretendiente "peruano", dando de paso así una mayor consistencia a los conflictos fronterizos entre ambos Estados.
No hace falta decir hasta qué punto son artificiales, desde el punto de vista del fundamentalismo nacionalista, las actuales fronteras, de modo que resulta problemático deducir, mecánicamente, que si vives dentro de esas fronteras objetivas tienes necesariamente que sentirte parte de la (imaginada) nación que las alberga. Y si no lo sientes, es que practicas el auto-odio, que es también uno de los trucos para conseguir unanimidades bajo el lema "somos una nación".

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