sábado, 16 de febrero de 2019

Catástrofes anunciadas

Hace ya años, corrió por mi urbanización la noticia de un inminente terremoto que pondría en peligro las casas en que vivíamos. La noticia la trajo un profesional, psiquiatra para más señas, y todos le creyeron, así que sacaron sus sillas y se dispusieron a pasar la noche a la intemperie (menos mal que la estación lo permitía). Lo malo es que se vinieron a esperar la catástrofe muy cerca de mi ventana, así que tuve que salir a enterarme de qué iba el asunto y, vistas sus noticias, a rogarles que se fueran a otro sitio a esperar el terremoto, que yo quería dormir, dudando, como dudaba, de la capacidad de predecir un terremoto. No entro a describir las reacciones verbales ni el lenguaje corporal con que se respondió a mi escepticismo, visto como herejía por los creyentes. O como arrogante disidencia, todo sea dicho.
Lo he recordado ahora cuando, en un wasap con amigos peruanos, uno de ellos (psicoanalistas por más señas) introdujo un mensaje de audio en el que se anunciaban lluvias torrenciales en la costa peruana, Lima sur en concreto, con riesgos evidentes para las casas que no están pensadas precisamente para lluvias torrenciales, dada la escasez de lluvias de la zona. Como algunos participantes del wasap estaban de excursión por la sierra (lejos, pues, de la zona de peligro) llegaron a bromear sobre la conveniencia o no de regresar a Lima. No es que no hubiera habido problemas con lluvias torrenciales y huaicos, riadas en otras zonas. Pero el anuncio de tales problemas en Lima era falso.
Nunca he acabado de entender qué tipo de motivación lleva a lanzar tales anuncios. Recurrir a que hay un deseo de liderazgo aunque sea tan efímero, no me acaba de convencer. Experimentos para seguir las redes sociales, me parece matar mosquitos a cañonazos. No sé. Pero sí creo entender el fenómeno colectivo una vez lanzado el bulo: compartir un dato falso, si se hace con sentimientos (en este caso, el miedo), lo convierte en dato verdadero. Por lo menos, eso es lo que vi desde mi ventana hace muchos años: un deseo de ejercer el liderazgo de opinión y un refuerzo mutuo del miedo generado por una noticia que había sido creída dada la autoridad moral del emitente.
Nada que ver con el "Bruselas nos roba" de los Brexiters y el "España nos roba" de los Catalexiters.

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