miércoles, 23 de enero de 2019

Saben dónde estoy

Google Maps permite compartir con otras personas las respectivas ubicaciones en tiempo real. Lo instalé para que mis hijos supieran en todo momento dónde me encontraba y también lo supiera mi mujer. Pero es mutuo: también yo puedo saber por dónde andan y, por ejemplo, puedo saber si mi mujer ya ha tomado el avión, si ha llegado al aeropuerto de Alicante y si ya viene en taxi a casa. Para eso lo hemos instalado. 
El problema se plantea cuando veo el resumen que Google me envía de los lugares que he visitado en 2018. Obvio: el primer lugar en el que he estado es mi casa cuya dirección coneces. Pero ya no es tan obvio que el segundo lugar sea la tienda en la que compro casi diariamente el pan y los periódicos. Pero el hecho es que lo saben aunque lo único que haya hecho yo haya sido esa compra y en metálico. Aceptémoslo. Pero es que ya es la segunda vez que google me pide, en correcto castellano, que dé mi opinión sobre dicha tienda, cosa que he comentado entre risas con mis amigos al otro lado del mostrador. Pase. Pero es que saben en qué restaurantes he ido sin que yo haya hecho la reserva ni haya puesto su nombre en mi teléfono, conocen mis visitas al centro médico y pueden trazar sobre el mapa el recorrido que he hecho en mis pocos viajes y el medio de trasporte que he utilizado, decir en qué hoteles he pernoctado y las visitas que he hecho por ejemplo a museos o a determinadas direcciones. 
Puedo suponer que dicha empresa también sabe de mis búsquedas en internet, puede tener sistemas para recoger estos posts si uso determinadas palabras y conoce mi lista de contactos. 
Es su negocio. Su gran negocio. No es cosa que se quede en la esfera individual o familiar. Para autoras como Shoshana Zuboff, hemos pasado del capitalismo industrial al capitalismo financiero y estamos entrando ahora al "surveillance capitalism" que creo que se puede traducir como capitalismo de la vigilancia o del control o capitalismo controlador o vigilante. Pero esa es la idea. 
Sigue siendo planetario. El industrial lo era. Baste recordar el texto del Manifiesto Comunista que así lo afirmaba. Lo está siendo el financiero, como dan por supuesto en Davos estos días. Ahora entra el de la vigilancia o del control, no solo en el intento de manufacturar consensos y disensos, sino, sobre todo, en la capacidad de conocer sobre los habitantes del Planeta todo lo que haga falta para mantener el control. Una versión menos dramática y con otro vocabulario es ésta, presentada en Davos:
Cierto que ahora no todo el mundo está conectado. Yo mismo me di de baja de Facebook hace ya diez años. Pero tampoco estaba conectado todo el mundo en las andanzas del capitalismo industrial ni lo está en el capitalismo financiero de ahora.
En el orwelliano 1984 tampoco importaba que EstAsia y Eurasia, las áreas disputadas y muchos "proles" de Oceania no estuvieran bajo la vigilancia del Gran Hermano. Pero es que Orwell era un optimista.

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