lunes, 28 de enero de 2019

Propagandas

Lo primero que uno piensa es en que se trata de instrumentos para vender algo. Y así actúan la mayoría de anuncios. Pero hay algunos que levantan sospechas. Por ejemplo, los de grandes empresas (o instituciones públicas) comprando páginas enteras de periódicos, acto en el que la función vendedora no está muy clara. Se puede sospechar, razonablemente, que quieres "comprar" al periódico o, si están entre sus accionistas, mejorar los ingresos del mismo que es una forma de recuperar lo invertido en el anuncio. Tener a un periódico, de ámbito nacional o local, a tu favor siempre es bueno. Y procurar que "tu" periódico tenga ingresos adicionales, también.
La referencia a instituciones públicas no es fortuita. Pienso en el modo en que algunos gobiernos como el estadounidense "venden" sus desastrosas guerras en términos de éxito pero ya no tan desastrosas en términos de "keynesianismo invertido y pervertido" de inyectar dinero (público) al sistema (privado). Ahí ya no se trata de colgar un anuncio en el periódico cantando las loas a una u otra guerra sino de "vender" ese militarismo y, además, de forma segmentada ya que no es lo mismo venderlo en estados en los que hay fábricas importantes de armamento que hacerlo en otros en los que ese impacto no se nota tanto. La propaganda, ahí, es más a través de conductores de programas, comentaristas y tertulianos varios. Hemos dejado el periódico para pasar a la televisión, a la que acceden muchos más electores que a los periódicos, en relativa decadencia.
Y ahora aparecen las ventas, pero las nuevas. Un anuncio de botas de deporte en un periódico no parece que vaya a funcionar mucho. Habrá que recurrir a la televisión (la radio sería inútil). Pero ¿qué sucedería si usted lo que quiere es vender esas botas a jóvenes de 25 años, interesados en el  baloncesto y sensibles a la moda? Pues que tiene que recurrir a Facebook o a Google que le indicarán, pagando ¿eh? pagando, cómo llegar a esa población objetivo (target) a través de una propaganda adaptada lo más exactamente posible a las características de esa población a la que se quiere convencer de las bondades de las botas en venta.
Ahora la suma: el uso de noticias (falsas, falseadas o no) para influir en el electorado. Lo hacen gobiernos, candidatos (como fue el caso de la campaña de Trump), ideologías (como fue el caso del independentismo catalán), ONG, grupos de presión y así sucesivamente. Y utilizan los medios de la propaganda convencional, la compra de medios y periodistas y la segmentación del electorado, como se ha visto en las recientes elecciones en Andalucía.

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