jueves, 17 de enero de 2019

Migraciones forzosas

Hace cuatrocientos años comenzó una migración a través del Atlántico que afectaría a unos 12 millones de africanos. Lo que ahora se cuenta puede servir para hacerse preguntas sobre los que intentan cruzar el Mediterráneo o, si se prefiere, la frontera terrestre entre Estados Unidos y México o, no se olvide, la igualmente terrestre entre Marruecos y las dos colonias españolas en África.
Primero, la gran y aparente diferencia: en un caso se trata de esclavos que son aprehendidos y llevados contra su voluntad en un largo viaje en el que la muerte va a estar presente, incluyendo la presencia de piratas, hayan obtenido o no "patente de corso", es decir, bendición por parte de alguna monarquía o Estado poderoso. En el otro no hay tal aprehensión pero sí fuertes factores de expulsión (guerras como en el otro caso, pero también hambrunas, crisis económicas, sequías) y espejismos de atracción. Si se quiere, es la diferencia entre un sistema pre-capitalista y uno capitalista, por etiquetar los periodos.
Después, vienen los profesionales que se dedican a tal tráfico de personas. No parece que haya grandes diferencias aunque entre las carabelas y las pateras las haya en cuanto al tamaño y tripulación. La diferencia es que los de ahora tienen que pagar por ser trasladados mientras que a los de antes eran otros los que pagaban a los portadores.
Vienen, a continuación, los benévolos que intervienen. Curas misioneros entonces, ONG ahora. Las prácticas, obviamente, difieren, pero el elemento filantrópico está en ambos casos. Eso sí, con el tinte que la época añada a cada uno.
Y las muertes en el intento. No sé qué porcentaje de emigrantes muere ante los muros o en el Mediterráneo, aunque cifras hay, pero de la migración que comenzó hace 400 años sí se sabe: un tercio de los "empaquetados" en aquellos barcos murió. Faltaría saber cuántos murieron en la "caza" previa y cuántos murieron en su nuevo "hogar", incluyendo los que intentaban huir de las nuevas condiciones de vida en las plantaciones digamos de Virginia.
Eso sí. En ambos casos está previsto el alojamiento provisional de los recién llegados. Algo más parecidos a una cárcel (un fuerte, por ejemplo) en el primer caso, algo más parecido a un hotel en el segundo (en mi pueblo un hotel se ha transformado en "residencia provisional" de este tipo de inmigrante).
Es la época lo que más ha cambiado y, con ella, los detalles de esta relación entre personas que han nacido en lugares distintos del Planeta. La lectura del texto que cito y comento así parece indicarlo. A nadie se le habría ocurrido rechazar la llegada de una remesa de esclavos: mano de obra super-barata -solo precisaba salario-. Recuérdese que Bartolomé de las Casas defendía a los indios americanos, pero no a los esclavos africanos. Ahora, a estos nuevos migrantes, en parte tan forzosos como aquellos, sí se les rechaza (de paso, este texto se puede comparar con el citado al principio del post). Eso sí, con nuevos bartolomés de las casas dispuestos a defenderles con su palabra. Tal vez si a estos inmigrantes se les excluyera del sistema salarial y se les tuviera como esclavos...

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