jueves, 10 de enero de 2019

Más teatro en el mundo

No voy a ser yo quien confirme o niegue la probabilidad de un cambio climático aunque muchos informes serios vayan en la dirección de afirmarlo, sin negar por ello que haya quienes lo niegan. Me refiero a profesionales del asunto, no a políticos que sus razones tendrán para su negacionismo o para su defensa. No entro.
Pero este caso es sugestivo y rompe un poco los falsos equilibrios entre una postura y la otra. A lo que parece, la Exxon tuvo datos sobre la probabilidad de tal cambio hace muchos años y, mientras, mantuvo su política de apoyo al negacionismo, cosa, esta última, que puedo entender: no va a apoyar a lo que puede significar una disminución en sus beneficios, disminución que a ver cómo la explica a sus accionistas. No va a decir que han sido ellos los que han levantado la liebre sobre el tal cambio climático.
Pues bien, el fiscal general del estado de Massachusetts pretendió arrojar luz sobre el asunto. Quería saber qué supo la empresa (sus directivos, claro), cuándo lo supo, si calló y, en su caso, por qué calló y no solo calló sino que, encima, adoptó posiciones contrapuestas a lo que sabía. La ExxonMobil se defendió contraatacando, es decir, denunciando la denuncia. Es su derecho: no solo usar los medios que pudo usar para colaborar en la difusión de una determinada idea sino, sobre todo, la presunción de inocencia y el imperio de la ley. Ahora el Tribunal Supremo de los Estados Unidos dice que la investigación sobre el hecho contradictorio de poseer unas pruebas y predicar lo contrario debe seguir adelante. 
No sé en qué terminará el asunto, pero entiendo la lógica de los diferentes autores que tiene este gran teatro del mundo: la gran empresa (interesada en el aumento de sus beneficios a corto plazo -y el que venga detrás, que arree-), la opinión pública inquieta (y más ante la acumulación de episodios climáticos extremos -que, en mi opinión, no prueban nada, pero asustan-) y las instancias públicas -cargos electos- atrapadas entre unas y otra. 
No es el único caso, pero este salta a la vista. Y me extraña.

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