miércoles, 30 de enero de 2019

Democracia al gusto

Una descripción bastante convencional de lo que es democracia incluiría la idea de que nadie es propietario del gobierno sino el electorado. Claro que los que se creen propietarios, en régimen de monopolio, de la Verdad, es probable que no estén de acuerdo y supongan (y muchas veces consigan) ser propietarios también del gobierno y para siempre.
Cuesta creer que alguien pueda tener ese monopolio. Sus ideas, llevadas a la práctica, tienen, seguro, fallos. Y si el propietario es el electorado, no es descartable que los votos (porque no hay democracia sin votos) busquen alternativas al gobierno. Mucho más si se ha eternizado en el poder, porque entonces es más probable que esos fallos se perciban con más claridad y aparezcan casos y más casos de corrupción en las altas esferas (la corrupción en aduanas, en permisos municipales y casos similares son "corrupción mosquito" comparada con la que se da en las altas esferas). Cuanto más tiempo, más se le ven los defectos. Defectos que pueden incluir promesas sistemáticamente incumplidas o cambios erráticos en tales promesas. Y, como digo, más corrupción.
El gobierno en el poder, en un caso así, puede hacer dos cosas: someterse al dictado de los votos y pasar a la oposición o aferrarse al poder con todos sus medios incluyendo desde la violencia represiva a la manipulación de las conciencias. La novedad sería el uso de las redes sociales para tal manipulación, "confirmando en la fe" a los devotos y generando dudas en los contrarios.
Si lo descrito fuera así, las democracias serían un método experimental para encontrar respuestas a los problemas de las gentes que las pueblan. Si este medio (partido) no sirve, pues se cambia por otro y santas pascuas. O, peor, vuelta a empezar.
Pero todo esto es demasiado ingenuo. O demasiado teórico. Lo que, echando un vistazo al entorno, puede encontrarse es una multitud de definiciones como pudo ser la "democracia orgánica" franquista, en la que no se discutía al Jefe (los jefes no se equivocan) y, a lo más, se ofrecía la posibilidad de votar a quienes no supusieran una alternativa "inorgánica".
Algo parecido sucede con las "democracias populares". El gobierno (responsable ante Dios y ante la Historia, tipo franquista) representa al "pueblo" y, por tanto, no necesita alternativas. A lo más, retoques. Y los que no se vean incluidos en tal "pueblo", pues a la cárcel, el exilio o el exilio interior.  Cuba y Venezuela han podido ser un ejemplo de esta definición, como lo fue la extinta URSS y su teoría de "dictadura del proletariado" que, cuando se veía hasta qué punto lo era, tenía que etiquetarse como "democracia popular". En la vieja Polonia, la de antes del golpe de Jaruzelski, un amigo me llevó en coche por las calles de Varsovia anunciando que "primero veremos los barrios donde viven los obreros y después veremos los barrios donde viven los representantes de dichos obreros". Lo recordé en el Beijing de tiempos de Deng. Votar alternativas dentro del partido, no parece que encaje bien con la primera descripción que he señalado.
Los "poderes especiales" pueden darse en dictaduras como la coreana o en democracias como la estadounidense. Para eso hace falta un enemigo, real o imaginario, para unir al país en torno al líder. "Ladran, luego cabalgamos" vuelve a ser una cita del franquismo, pero ahora en el sentido de que un buen ladrido externo, como el estadounidense con el chavismo, puede ser muy útil para que cabalguemos juntos.
Y una crítica más a lo dicho y es que solo marginalmente se ha tenido en cuenta un fenómeno muy político: los hinchas, los que votarán a "su" partido lo haga bien o mal. En este caso, es inútil plantearse respuestas concretas a necesidades concretas. Sin embargo, y se ha dicho respecto a los nacionalismos españolista y catalanista, la solución pasaría por cambiar de juego y, en lugar de enfrentar sentimientos e identidades, plantear la respuesta a los problemas concretos de la gente concreta. Algo despectivo he leído sobre la idea de "Estado de Bienestar", pero parece que se originó como solución parcial a enfrentamientos que no la tenían de otro modo, y que podría haber sido violenta. Dicen que algunas de las nuevas formas (o no tan nuevas) más totalizantes de la política se han producido más por factores políticos que por factores económicos. Es posible y no sería ninguna novedad: si el problema fuese básicamente político, mejor que tenga solución política y que vayamos probando las distintas propuestas al respecto. 
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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