jueves, 31 de enero de 2019

Puestos a criticar

La oposición española echa en cara al actual presidente del gobierno (cargo bastante interino a lo que parece, fruto de una moción de censura) que no haya criticado en el pasado las andanzas del presidente, ahora juzgadop "ilegítimo", de Venezuela. Igual es que allí operan algunas empresas españolas y el que paga, manda. Pero no hace falta llegar a tanto. Basta preguntarse por qué ni unos ni otros han dicho ni mu sobre los cinco países peor situados en el ranking de The Economist en lo que respecta a "calidad democrática".
RankMovementCountryScore
163 2Chad1.61
164Central African Republic1.52
165 2Dem. Republic of Congo1.49
166Syria1.43
167North Korea1.08
Por lo menos, yo no he escuchado nada al respecto. Venezuela, desde este ejercicio clasificatorio, tampoco es que esté tan mal. 


Si es por nivel del tal índice, también podrían haber dicho algo, defensores de la democracia, sobre la China o sobre países que se encuentran por debajo de la posición venezolana como Arabia Saudita, Irán o ¿Yemen? ¿Dónde está Yemen y qué pasa allí?
Pero si se trata de criticar asuntos concretos, y ahora que en las Españas regresa el ímpetu catolicón, podrían haber criticado los ataques del presidente filipino a la iglesia católica en general y a su jerarquía en particular ("catolicón" era una palabra que escuché de un intelectual jesuita que fue invitado a abandonar la orden por "sugerencia" vaticana, pero que siguió viviendo en residencias jesuíticas: se declaraba, claro, católico, pero no "catolicón", fundamentalista, o folklórico como ahora se lleva). O se puede criticar al gobierno ruso (ver su posición en el índice) con sus trucos para mantenerse en el poder a pesar del descenso de popularidad de sus dos líderes aparentemente intercambiables. O se podría decir algo sobre el respeto a las consultas populares en Bolivia, referéndum incluido, y los "arreglos" legales para mantenerse en el poder por parte de su gobierno. 
No es, quede claro, una defensa del chavismo y menos de su deriva madurista. Pero tampoco lo es de su alternativa opositora, supongo que tan dividida como siempre. Ni de la intervención estadounidense ni de la resolución de hoy del llamado parlamento europeo, en una estructura claramente democrática en la que el ejecutivo no depende de su parlamento. Un mínimo de respeto a los asuntos internos no vendría mal, ya que se practica en tantos y tantos otros casos y por motivos tan variados que van de la ignorancia al interés más mezquino.
Interesante comparar el mapa del índice de democracia con el de percepción de la corrupción que publica Transparencia Internacional:

Venezuela, entre aquellos en los que más se percibe la corrupción, está al nivel de países en guerra o invadidos.



miércoles, 30 de enero de 2019

Democracia al gusto

Una descripción bastante convencional de lo que es democracia incluiría la idea de que nadie es propietario del gobierno sino el electorado. Claro que los que se creen propietarios, en régimen de monopolio, de la Verdad, es probable que no estén de acuerdo y supongan (y muchas veces consigan) ser propietarios también del gobierno y para siempre.
Cuesta creer que alguien pueda tener ese monopolio. Sus ideas, llevadas a la práctica, tienen, seguro, fallos. Y si el propietario es el electorado, no es descartable que los votos (porque no hay democracia sin votos) busquen alternativas al gobierno. Mucho más si se ha eternizado en el poder, porque entonces es más probable que esos fallos se perciban con más claridad y aparezcan casos y más casos de corrupción en las altas esferas (la corrupción en aduanas, en permisos municipales y casos similares son "corrupción mosquito" comparada con la que se da en las altas esferas). Cuanto más tiempo, más se le ven los defectos. Defectos que pueden incluir promesas sistemáticamente incumplidas o cambios erráticos en tales promesas. Y, como digo, más corrupción.
El gobierno en el poder, en un caso así, puede hacer dos cosas: someterse al dictado de los votos y pasar a la oposición o aferrarse al poder con todos sus medios incluyendo desde la violencia represiva a la manipulación de las conciencias. La novedad sería el uso de las redes sociales para tal manipulación, "confirmando en la fe" a los devotos y generando dudas en los contrarios.
Si lo descrito fuera así, las democracias serían un método experimental para encontrar respuestas a los problemas de las gentes que las pueblan. Si este medio (partido) no sirve, pues se cambia por otro y santas pascuas. O, peor, vuelta a empezar.
Pero todo esto es demasiado ingenuo. O demasiado teórico. Lo que, echando un vistazo al entorno, puede encontrarse es una multitud de definiciones como pudo ser la "democracia orgánica" franquista, en la que no se discutía al Jefe (los jefes no se equivocan) y, a lo más, se ofrecía la posibilidad de votar a quienes no supusieran una alternativa "inorgánica".
Algo parecido sucede con las "democracias populares". El gobierno (responsable ante Dios y ante la Historia, tipo franquista) representa al "pueblo" y, por tanto, no necesita alternativas. A lo más, retoques. Y los que no se vean incluidos en tal "pueblo", pues a la cárcel, el exilio o el exilio interior.  Cuba y Venezuela han podido ser un ejemplo de esta definición, como lo fue la extinta URSS y su teoría de "dictadura del proletariado" que, cuando se veía hasta qué punto lo era, tenía que etiquetarse como "democracia popular". En la vieja Polonia, la de antes del golpe de Jaruzelski, un amigo me llevó en coche por las calles de Varsovia anunciando que "primero veremos los barrios donde viven los obreros y después veremos los barrios donde viven los representantes de dichos obreros". Lo recordé en el Beijing de tiempos de Deng. Votar alternativas dentro del partido, no parece que encaje bien con la primera descripción que he señalado.
Los "poderes especiales" pueden darse en dictaduras como la coreana o en democracias como la estadounidense. Para eso hace falta un enemigo, real o imaginario, para unir al país en torno al líder. "Ladran, luego cabalgamos" vuelve a ser una cita del franquismo, pero ahora en el sentido de que un buen ladrido externo, como el estadounidense con el chavismo, puede ser muy útil para que cabalguemos juntos.
Y una crítica más a lo dicho y es que solo marginalmente se ha tenido en cuenta un fenómeno muy político: los hinchas, los que votarán a "su" partido lo haga bien o mal. En este caso, es inútil plantearse respuestas concretas a necesidades concretas. Sin embargo, y se ha dicho respecto a los nacionalismos españolista y catalanista, la solución pasaría por cambiar de juego y, en lugar de enfrentar sentimientos e identidades, plantear la respuesta a los problemas concretos de la gente concreta. Algo despectivo he leído sobre la idea de "Estado de Bienestar", pero parece que se originó como solución parcial a enfrentamientos que no la tenían de otro modo, y que podría haber sido violenta. Dicen que algunas de las nuevas formas (o no tan nuevas) más totalizantes de la política se han producido más por factores políticos que por factores económicos. Es posible y no sería ninguna novedad: si el problema fuese básicamente político, mejor que tenga solución política y que vayamos probando las distintas propuestas al respecto. 
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

martes, 29 de enero de 2019

La Gran Conspiración

Un artículo que intenta describir hacia qué mundo nos dirigimos. Habla de George Orwell, pero podría añadirse y combinarse con Aldous Huxley. Desigualdad creciente, endeudamiento insostenible, trabajo esclavo, democracia llena de disfunciones, auge del fascismo cristiano o, si se prefiere, paso del neoliberalismo como programa dominante al neofascismo. Hacia el final se resume un punto que me parece importante:
The ruling elite’s goal is to keep us entertained, frightened and passive while they build draconian structures of oppression grounded in this dark reality
El objetivo de la élite dirigente/dominante es tenernos entretenidos, asustados y pasivos mientras ellos construyen estructuras draconianas de opresión fundada en esta oscura realidad. No está mal. Ah, y se protegen en reductos bien defendidos por si acaso.
Entretenidos con noticias chocantes e irrelevantes, a ser posible dramáticas, asustados por el futuro del empleo, las pensiones, los servicios públicos y la violencia de varios tipos (no solo la de género) y pasivos sin enfrentarnos al fondo de la cuestión mientras nos enzarzamos en disputas sobre el vino o el güisqui que había en el avión presidencial o creemos ser activos porque hemos colgado un post como este o subido un tuit agresivo. La democracia realmente existente no es la solución: es parte del problema.
No se olvide: el autor habla de los Estados Unidos, pero seguro que el lector desde otros países (ciertamente desde las Españas) habrá notado por lo menos algunas semejanzas.
Además, entre los componentes de esa realidad el autor ha introducido, entre otros que me he saltado, un punto sugestivo: el del auge de las teorías conspirativas. Vale. Pero me parece que el artículo en cuestión podría ser parte de una de esas teorías.
Veamos. Es difícil aceptar que esa "élite" (que existir, existe: cosmocracia se la llamó hace años) esté tan bien estructurada como para tener objetivos comunes y perseguirlos de común acuerdo. Pensando en la fuente de su poder como para pretender hacer lo que se dice, me parece que no es lo mismo, en el campo de los medios de producción, el de la élite agrícola, la industrial, la financiera o la informática. Pero hay más: la élite política capaz de tomar decisiones "suicidas" contra los intereses de, por lo menos, parte de los anteriores. Pienso, claro está, y a escala local, en el Brexit o en el Catalexit. Y no hay que olvidar la élite cultural, muchas veces "a la sombra del poder", pero críticos con el mismo también de vez en cuando. Se pueden montar espectáculos como el de Davos, pero de ahí a deducir que tienen no solo intereses comunes sino también estrategias comunes hay un buen trecho.
No quiero decir que esa "élite" sea irrelevante. Actuar, actúa. Pero sus divisiones internas impiden lograr la omnipotencia, cosa que el mero hecho de ser humana ya indica que no podrían lograrlo. Lo cual no quiere decir que las distopías, por el mero hecho de no tener actores que las lleven a la práctica, ya por eso no pueden convertirse en reales. Fuerza de los hechos. 
Los dioses traman la perdición de los mortales para que los siglos venideros tengan algo que contar.

lunes, 28 de enero de 2019

Propagandas

Lo primero que uno piensa es en que se trata de instrumentos para vender algo. Y así actúan la mayoría de anuncios. Pero hay algunos que levantan sospechas. Por ejemplo, los de grandes empresas (o instituciones públicas) comprando páginas enteras de periódicos, acto en el que la función vendedora no está muy clara. Se puede sospechar, razonablemente, que quieres "comprar" al periódico o, si están entre sus accionistas, mejorar los ingresos del mismo que es una forma de recuperar lo invertido en el anuncio. Tener a un periódico, de ámbito nacional o local, a tu favor siempre es bueno. Y procurar que "tu" periódico tenga ingresos adicionales, también.
La referencia a instituciones públicas no es fortuita. Pienso en el modo en que algunos gobiernos como el estadounidense "venden" sus desastrosas guerras en términos de éxito pero ya no tan desastrosas en términos de "keynesianismo invertido y pervertido" de inyectar dinero (público) al sistema (privado). Ahí ya no se trata de colgar un anuncio en el periódico cantando las loas a una u otra guerra sino de "vender" ese militarismo y, además, de forma segmentada ya que no es lo mismo venderlo en estados en los que hay fábricas importantes de armamento que hacerlo en otros en los que ese impacto no se nota tanto. La propaganda, ahí, es más a través de conductores de programas, comentaristas y tertulianos varios. Hemos dejado el periódico para pasar a la televisión, a la que acceden muchos más electores que a los periódicos, en relativa decadencia.
Y ahora aparecen las ventas, pero las nuevas. Un anuncio de botas de deporte en un periódico no parece que vaya a funcionar mucho. Habrá que recurrir a la televisión (la radio sería inútil). Pero ¿qué sucedería si usted lo que quiere es vender esas botas a jóvenes de 25 años, interesados en el  baloncesto y sensibles a la moda? Pues que tiene que recurrir a Facebook o a Google que le indicarán, pagando ¿eh? pagando, cómo llegar a esa población objetivo (target) a través de una propaganda adaptada lo más exactamente posible a las características de esa población a la que se quiere convencer de las bondades de las botas en venta.
Ahora la suma: el uso de noticias (falsas, falseadas o no) para influir en el electorado. Lo hacen gobiernos, candidatos (como fue el caso de la campaña de Trump), ideologías (como fue el caso del independentismo catalán), ONG, grupos de presión y así sucesivamente. Y utilizan los medios de la propaganda convencional, la compra de medios y periodistas y la segmentación del electorado, como se ha visto en las recientes elecciones en Andalucía.

viernes, 25 de enero de 2019

Venezuela no es Grenada

En 1983, el presidente Reagan, uno más de lo de "America standing tall again" (lo de "again" es sintomático, como el MAGA de Trump) decidió invadir la pequeña isla de Grenada alegando el peligro que corrían algunos estadounidenses en la isla. Un paseo que parecía tener una motivación política implícita: hacer olvidar a los estadounidense asuntos espinosos que entonces podían preocupar al electorado o, por lo menos, a los medios poco afines. Creo que hay una película con una trama parecida: una invasión ficticia para distraer la atención del público, cosa que todo prestidigitador conoce como lo básico de su profesión: dirigir la atención a un asunto para que la atención se aleje de otro.
Lo de Venezuela ahora tiene muchos elementos muy diferentes de los de Grenada: tamaño, recursos petrolíferos, ejército, apoyos internacionales en una dirección u otra como conté ayer, movilización de una parte de la ciudadanía (a la que el gobierno llama "el pueblo", como en Cataluña llaman "la nación" o "Catalunya" a esa mitad de la población que es secesionista o en el Reino Unido algunos llaman "el pueblo" al 58 por ciento que votó  por el Brexit).
No me extraña que una posible intervención militar liderada por los Estados Unidos en Venezuela se juzgue que sería "catastrófica. Pero no es de descartar que, en una originalidad de las suyas más, el Presidente quisiera distraer la atención local que ahora se centra en el "cierre", la mayoría demócrata en el Congreso y lo que se va sabiendo sobre las relaciones del trumpismo (familia incluída) con Rusia. Visto que Rusia está por Maduro (gobierno legítimo según ellos: ganó unas elecciones) y Trump y los suyos por Guaidó (gobierno legítimo según ellos: aplican el artículo 233 de la Constitución venezolana) la cosa no sería, efectivamente, un paseo triunfal como lo fue Grenada. Todavía peor si se piensa que tal vez ambos son ilegítimos: uno, por provenir de unas elecciones fraudulentas a las que la oposición, dividida como suelen, no se presentó, y, el otro, por ser resultado de una autoproclamación en una Asamblea que ya no está en funciones (El 233 dice que si hay vacío de poder en la Presidencia, ésta la asume el portavoz de la Asamblea). Interesante este análisis a la prensa estadounidense, alineada con Trump incluso por parte de la "resistente".
(Una nota personal: supe en su día de la invasión de Grenada y comencé mi clase haciendo una alusión al asunto como tema de actualidad. El nivel de información de algunos alumnos de entonces -antes de tuits, facebook, wasap y selfis en instagram- hizo que muchos creyeran que estaba hablando de la andaluza Granada, bien alejada de la caribeña. Hubo que explicarlo. No eran mejores ni peores: eran jóvenes, serios profesionales hoy, por lo menos los que conozco)
(Añadido el 31: Venezuela en el contexto del índice de democracia y del índice de percepciones de la corrupción)

jueves, 24 de enero de 2019

No es un asunto local

Local, lo es. Me refiero a la discusión sobre quién es el presidente legítimo o ilegítimo de Venezuela. Pero un vistazo a la prensa hace ver que no es tan local, aunque la oposición española critique al gobierno por no reconocer a Guaidó por razones igualmente locales, es decir, la del apoyo que el gobierno recibe de un partido con raíces bolivarianas. Pero subamos un poco el foco.
Por un lado, se informa de que Suecia y Dinamarca apoyan a Guaidó mientras Irán apoya a Maduro. Por otro que los Estados Unidos apoyan al primero y Rusia, China y Turquía al segundo. Los Estados Unidos son seguidos ¿por la Unión Europea? pero claramente por varios países latinoamericanos encabezados por el Brasil, frente a Cuba, Bolivia, Nicaragua y México que van por la dirección contraria. Demasiado claro como para pensar que se trata de un asunto puramente local.
(Añadido el 10 de febrero: una prueba más  y más clara de que no es local)

miércoles, 23 de enero de 2019

Catilinarias

“Catilina ¿hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia? ¿Cuánto tiempo hemos de ser todavía juguete de tu furor? ¿Dónde se detendrán los arrebatos de tu desenfrenado atrevimiento?” Efectivamente, se trata del discurso de Cicerón en el año 63. Muchas cosas han cambiado, por supuesto, pero si en lugar de Catilina alguien pone Sánchez, Abascal, Torra, Casado, Rivera o Iglesias nos daremos cuenta de que alguna constante todavía queda. La lectura completa de esa primera catilinaria también proporciona numerosas diferencias, pero es en las semejanzas en lo que quiero detenerme.
Porque las técnicas básicas de la propaganda política no han cambiado mucho. Los medios, sí: no es lo mismo soltar un ampuloso discurso (hay quien añora los que se pronunciaban en el siglo XIX en las Cortes españolas) que recibir un wasap con brillantes imágenes alicantinas que, bajo el himno igualmente alicantino, proponen el orgullo de ser “nosotros”, de pertenecer a una colectividad que forma parte de la sagrada unidad de España (obvio el partido emisor). No me entran muchos, por suerte, ni de una ni de otra calaña, pero sí sé de su multiplicación voluntaria y sistemática y puedo imaginar que aumentarán todavía más a medida que avance esta campaña electoral de la que llevamos ya varios meses. El “patent portas” no es muy diferente del “váyase, señor González” (o Rajoy, o Sánchez). Insisto: muchas cosas han cambiado, pero en el fondo, las hay comunes.
El recurso más patente es el del uso y abuso de la emoción yla simplicidad, aunque esa simplicidad se oculte bajo una larga lista de desaguisados provocados por el Catilina de turno. Por ponerlo claro: se trata de ofrecer satisfacciones aseguradas, sencillas y al alcance de la mano para las cuatro necesidades básicas de las que ha hablado Johan Galtung. El programa electoral es secundario. Puede, incluso, que sea inexistente. Y, si existe, no se ha leído. Lo que cuenta es el tuit y el wasap, pero que encajen en alguno de los siguientes campos ampliando un poco las catilinarias.
Tenemos, primero, la cuestión de la identidad, a la que ya me he referido otras veces. Es una necesidad básica, personal, cuya satisfacción más simple consiste en identificarse con algo o alguien. Familia, amigos, barrio, residencia, país, continente, ideología, religión, equipo, profesión y muchos más objetos disponibles. El Cicerón de turno buscará cuál es el objeto de identificación que más aprecian los destinatarios de la catilinaria o de cuya satisfacción se sienten más inseguros. Así, a los primeros se la alabará y a los segundos se la asegurará. Los nacionalismos, estatales y sub-estatales, entran en este capítulo.
Otra necesidad básica: la seguridad frente a la violencia, pero también frente a los avatares del futuro (pensión, viudedad, desempleo y hasta cambio climático si me apuran). Los “nuestros” deben sentirse seguros y más si los que nos lo dificultan son también los que atacan nuestra identidad por ser de otra religión, lengua o, incluso, supuesta “raza”. Claro, no hay mejor defensa que un ataque. Nada de negociar, de intercambiar propuestas, buscar acuerdos mutuamente beneficiosos. “A por ellos, oe”. O recurrir a la violencia para que “los de abajo” consigan los objetivos de “los de arriba” pagando con sus vidas. Y si no hay muerte, sí hay afirmación de la identidad.
Tenemos, después, la libertad. Pero la hay de muchos tipos: de movimiento, residencia, expresión, política incluso. Y no todos son buenos: si “nosotros” tenemos razón (reconozcámoslo, “toda” la razón), no hay por qué aceptar que los equivocados lo vayan contando por ahí como si ellos también la tuvieran. Nada, fuera la libertad de expresión para el error y ya nos encargaremos nosotros de decir quién está en el error (evidente: ellos, nunca nosotros). Hay, a veces, en las catilinarias que no hay más remedio que escuchar, un tufillo de planteamientos contrarios a la libertad política, a eso que llaman “pluralismo”, algo que, si solo nosotros tenemos razón, carece de sentido proponerlo. El tufillo anti-constitucionalista se siente en más de un ciceroniano.
Queda el bienestar: la satisfacción de necesidades materiales y no-materiales. Las materiales son obvias: comida, vestido y alojamiento son las más básicas, aunque no se hable de ellas. Las no-materiales son algo más complicadas: por ejemplo, la felicidad o el sentido de la vida. Lo primero puede conseguirse con mensajes que actúen como drogas y, lo segundo, proporcionando soluciones a un problema creado precisamente para poder ofrecer esa solución.
Si se juega al mus, no tiene sentido decir “jaque mate”. Estas solo son algunas reglas electorales.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

Saben dónde estoy

Google Maps permite compartir con otras personas las respectivas ubicaciones en tiempo real. Lo instalé para que mis hijos supieran en todo momento dónde me encontraba y también lo supiera mi mujer. Pero es mutuo: también yo puedo saber por dónde andan y, por ejemplo, puedo saber si mi mujer ya ha tomado el avión, si ha llegado al aeropuerto de Alicante y si ya viene en taxi a casa. Para eso lo hemos instalado. 
El problema se plantea cuando veo el resumen que Google me envía de los lugares que he visitado en 2018. Obvio: el primer lugar en el que he estado es mi casa cuya dirección coneces. Pero ya no es tan obvio que el segundo lugar sea la tienda en la que compro casi diariamente el pan y los periódicos. Pero el hecho es que lo saben aunque lo único que haya hecho yo haya sido esa compra y en metálico. Aceptémoslo. Pero es que ya es la segunda vez que google me pide, en correcto castellano, que dé mi opinión sobre dicha tienda, cosa que he comentado entre risas con mis amigos al otro lado del mostrador. Pase. Pero es que saben en qué restaurantes he ido sin que yo haya hecho la reserva ni haya puesto su nombre en mi teléfono, conocen mis visitas al centro médico y pueden trazar sobre el mapa el recorrido que he hecho en mis pocos viajes y el medio de trasporte que he utilizado, decir en qué hoteles he pernoctado y las visitas que he hecho por ejemplo a museos o a determinadas direcciones. 
Puedo suponer que dicha empresa también sabe de mis búsquedas en internet, puede tener sistemas para recoger estos posts si uso determinadas palabras y conoce mi lista de contactos. 
Es su negocio. Su gran negocio. No es cosa que se quede en la esfera individual o familiar. Para autoras como Shoshana Zuboff, hemos pasado del capitalismo industrial al capitalismo financiero y estamos entrando ahora al "surveillance capitalism" que creo que se puede traducir como capitalismo de la vigilancia o del control o capitalismo controlador o vigilante. Pero esa es la idea. 
Sigue siendo planetario. El industrial lo era. Baste recordar el texto del Manifiesto Comunista que así lo afirmaba. Lo está siendo el financiero, como dan por supuesto en Davos estos días. Ahora entra el de la vigilancia o del control, no solo en el intento de manufacturar consensos y disensos, sino, sobre todo, en la capacidad de conocer sobre los habitantes del Planeta todo lo que haga falta para mantener el control. Una versión menos dramática y con otro vocabulario es ésta, presentada en Davos:
Cierto que ahora no todo el mundo está conectado. Yo mismo me di de baja de Facebook hace ya diez años. Pero tampoco estaba conectado todo el mundo en las andanzas del capitalismo industrial ni lo está en el capitalismo financiero de ahora.
En el orwelliano 1984 tampoco importaba que EstAsia y Eurasia, las áreas disputadas y muchos "proles" de Oceania no estuvieran bajo la vigilancia del Gran Hermano. Pero es que Orwell era un optimista.

martes, 22 de enero de 2019

La Tierra es plana

Los seres humanos, a lo que parece, podemos razonar para defender nuestras ideas sobre la realidad aunque sean falsas. Recurrimos a los experimentos científicos, a la historia, a los antecedentes, a la economía, incluso al derecho (derecho natural si hace falta). Esas ideas que defendemos, verdaderas o falsas, pueden ser de lo más diverso, desde quiénes gobiernan el mundo "desde las sombras" hasta la existencia de naciones (estatales y sub-estatales) como perversión narcisista colectiva
Por eso resulta higiénico darse una vuelta por los argumentos sobre la Tierra Plana (Flat Earth Society). Aquí se pueden ver algunos experimentos que lo demuestran, algunas explicaciones sobre los que han presentado falsas evidencias en contra (la NASA, sin ir más lejos), los antecedentes en el pensamiento griego, la continuidad de ese planteamiento y la resolución de las objeciones que se plantean desde los creyentes (equivocados) de que la Tierra es redonda siguiendo a Galileo. Hay mapas alternativos a los mapamundis con que nos engaña el sistema educativo desde niños. Es una prueba más de la conspiración de los contrarios al tierraplanismo.
Si esto es así, con mucha más facilidad se pueden creer cosas que no tienen posible verificación y que aceptamos porque otros las aceptan, inmunes a los argumentos en contra. Algunas teorías económicas encajan. Y no digamos algunas propuestas políticas.
(Estaba anunciada una conferencia internacional de terraplanistas en Barcelona, todavía España, para el pasado día 19, pero no he encontrado más noticias al respecto)

lunes, 21 de enero de 2019

Black Friday, Blue Monday

Días de ventas, evidentemente. 
Viernes Negro por una cuestión del calendario estadounidense y su Día de Acción de Gracias, pero que las tiendas han extendido a otros países donde no hay tal día de acción de gracias. Ciertamente a España.
Lunes no Azul, sino deprimido o Deprimente o Lunes Triste basados en un estudio que mostraba que, por una acumulación de factores, el tercer lunes de enero, esta vez el 21, hoy, era el peor día del año. Hay razones para pensar que se trata de un truco publicitario más, pero que todavía no está tan extendido en las Españas como el del Black Friday. Cierto que la "americanización" (adaptación de costumbres estadounidenses por motivos comerciales) es rampante. Basta ver la cantidad de palabras en inglés que aparecen en los anuncios comerciales en las televisiones españolas, palabras sobre nombre de empresas, productos o sus características. Pero todavía no se ha consolidado como lo del Viernes. Lo que sí es digno de señalar es que si el Viernes es solo por eso de que ya llega la Navidad y hay que comprar, lo del Lunes es atribuido a unos sesudos estudios... que son falsos.
Voy a salir a ver qué compro.

domingo, 20 de enero de 2019

¿Mandan los bancos?

Tal vez sí, según los libros. Pero ya no está tan claro, por lo menos en España, si se atiende a los periódicos. Que se publiquen asuntos menores, como sucede con el Sabadell y sus prepotencias,  no es un buen indicador. Sí lo es si se atiende a su situación interna en el caso del Santander y del BBVA, caso este último que lleva a opiniones que poco tienen que ver con el "poder" de los Bancos. Bankia y CaixaBank, junto, de nuevo, al BBVA están entre los sancionados por el Banco de España.
El Fondo Monetario Internacional teme una nueva crisis financiera, como también lo teme Roubini, llevando a la recesión. Los bancos, en general y, por definición, los españoles, sufrirían los efectos si no es que han participado en sus causas. 
¿No mandan, pues? Tal vez. Igual es que nadie manda (nobody is in charge). Que alguien mande significa, por lo menos, evitar el caos, lo cual no significa que vayamos al caos si nadie manda, pero sí a que el desorden mundial se incremente. Lo siento por los optimistas a prueba de datos o seleccionando las comparaciones históricas que muestran que hubo momentos en que los datos eran peores.
Se discute la metodología, pero sí parece que los ricos, los hiper-ricos, han aumentado en cantidad y riqueza en estos últimos años. Igual es que no les hace falta mandar a través de las instituciones financieras. Peor me lo pones.

sábado, 19 de enero de 2019

Equivocarse es fácil

Dos interesantes recopilaciones de estudios sobre la facilidad o dificultad para reconocer los propios errores. En uno se recogen investigaciones sobre la dificultad de reconocerlos por parte de los que profesan un pensamiento radical. A más radical, mayor convencimiento de estar en posesión de la verdad y mayor inmunidad ante los argumentos contrarios. Efectivamente, se dice, es inútil intentar discutir con los que tienen tal dificultad a reconocer sus errores. Pero en ese mismo artículo aparecen las opiniones de los que incluyen un factor más: el medio en el que se mueve el que no está dispuesto a cambiar de opinión por más que se le presenten datos. 
Y es el medio en el que se mueven el que, en este otro trabajo, parece tener un peso particular incluso en reacciones somáticas como las que tuvieron componentes del personal de la embajada de los Estados Unidos en Cuba. Se recorren las distintas explicaciones que se han ido dando sobre tal hecho incluyendo el uso político que se hizo de algunas de ellas. Y se termina aportando una explicación alternativa que tiene que ver con situaciones colectivas que llegan a producir tales efectos. No son efectos cognitivos, como en el primer artículo citado, sino que van mucho más allá: a efectos somáticos.
La "histeria colectiva" de la que habla este trabajo me hace pensar en los congresos para militantes de un partido, actos públicos para militantes y simpatizantes y mítines para generar adhesiones o asegurar las existentes.
En un caso y otro los autores apuestan por explicaciones sociales o, si se prefiere, psicosociales. Y que ahora vivimos en una situación de fuerte demanda de certezas por encima de cualquier duda, parece claro. Aunque tal vez eso sea efecto, en mí, del ambiente en el que me muevo y no me deje ver que estoy equivocado, que todo va bien, que el diagnóstico correcto es el que es y no el mío y cosas así. Tal vez (reconozcamos que, como truco, no es de los mejores).
En todo caso, cuidado: dificultad para reconocer los propios errores no significa estar equivocado siempre. Todo un alivio.
(Añadido el 31: Se repite la situación del personal de la embajada estadounidense en La Habana, esta vez en la del Canadá)

viernes, 18 de enero de 2019

El modelo sueco

Artículo muy, pero que muy claro sobre lo que queda de lo que fue un modelo relativamente igualitario, ahora lanzado hacia la desigualdad gracias a políticas fiscales y políticas sociales muy concretas que la articulista señala y cita. 
La desigualdad es inevitable y, por tanto, no tiene sentido luchar por suprimirla. Pero, hay que repetir, el aumento de la desigualdad y los niveles relativamente elevados de desigualdad ponen en peligro el sistema democrático, sobre todo si los más ricos encuentran irrelevante el asunto de la democracia que no pone en peligro el exceso de desigualdad. Por lo visto, las sociedades reaccionan ante los aumentos de desigualdad más que ante los niveles de la misma. Un sustancioso aumento de la desigualdad, percibido por muchos, tiene más efectos que un nivel muy elevado de desigualdad, sobre todo si el primero se produce en sociedades relativamente democráticas. El nivel muy elevado precisa menos democracia, claro.

jueves, 17 de enero de 2019

Migraciones forzosas

Hace cuatrocientos años comenzó una migración a través del Atlántico que afectaría a unos 12 millones de africanos. Lo que ahora se cuenta puede servir para hacerse preguntas sobre los que intentan cruzar el Mediterráneo o, si se prefiere, la frontera terrestre entre Estados Unidos y México o, no se olvide, la igualmente terrestre entre Marruecos y las dos colonias españolas en África.
Primero, la gran y aparente diferencia: en un caso se trata de esclavos que son aprehendidos y llevados contra su voluntad en un largo viaje en el que la muerte va a estar presente, incluyendo la presencia de piratas, hayan obtenido o no "patente de corso", es decir, bendición por parte de alguna monarquía o Estado poderoso. En el otro no hay tal aprehensión pero sí fuertes factores de expulsión (guerras como en el otro caso, pero también hambrunas, crisis económicas, sequías) y espejismos de atracción. Si se quiere, es la diferencia entre un sistema pre-capitalista y uno capitalista, por etiquetar los periodos.
Después, vienen los profesionales que se dedican a tal tráfico de personas. No parece que haya grandes diferencias aunque entre las carabelas y las pateras las haya en cuanto al tamaño y tripulación. La diferencia es que los de ahora tienen que pagar por ser trasladados mientras que a los de antes eran otros los que pagaban a los portadores.
Vienen, a continuación, los benévolos que intervienen. Curas misioneros entonces, ONG ahora. Las prácticas, obviamente, difieren, pero el elemento filantrópico está en ambos casos. Eso sí, con el tinte que la época añada a cada uno.
Y las muertes en el intento. No sé qué porcentaje de emigrantes muere ante los muros o en el Mediterráneo, aunque cifras hay, pero de la migración que comenzó hace 400 años sí se sabe: un tercio de los "empaquetados" en aquellos barcos murió. Faltaría saber cuántos murieron en la "caza" previa y cuántos murieron en su nuevo "hogar", incluyendo los que intentaban huir de las nuevas condiciones de vida en las plantaciones digamos de Virginia.
Eso sí. En ambos casos está previsto el alojamiento provisional de los recién llegados. Algo más parecidos a una cárcel (un fuerte, por ejemplo) en el primer caso, algo más parecido a un hotel en el segundo (en mi pueblo un hotel se ha transformado en "residencia provisional" de este tipo de inmigrante).
Es la época lo que más ha cambiado y, con ella, los detalles de esta relación entre personas que han nacido en lugares distintos del Planeta. La lectura del texto que cito y comento así parece indicarlo. A nadie se le habría ocurrido rechazar la llegada de una remesa de esclavos: mano de obra super-barata -solo precisaba salario-. Recuérdese que Bartolomé de las Casas defendía a los indios americanos, pero no a los esclavos africanos. Ahora, a estos nuevos migrantes, en parte tan forzosos como aquellos, sí se les rechaza (de paso, este texto se puede comparar con el citado al principio del post). Eso sí, con nuevos bartolomés de las casas dispuestos a defenderles con su palabra. Tal vez si a estos inmigrantes se les excluyera del sistema salarial y se les tuviera como esclavos...

miércoles, 16 de enero de 2019

Etiquetas

Mi favorita es "populistas". He recogido una media docena de definiciones, no siempre coincidentes, y las he ido usando para ver si encajaban con los comportamientos así etiquetados. Mi conclusión es que no siempre etiquetar algo como "populista" responde a una definición previa. Más bien, muchas veces, no es otra cosa que una herramienta más para evitar la "funesta manía de pensar".
Veamos cuál sería el procedimiento deseable. Comenzaríamos describiendo un comportamiento (por ejemplo, una serie de declaraciones a los medios o un conjunto de discursos públicos), un programa electoral o una elaboración teórica. Buscaríamos alguna forma de clasificarlos y recurriríamos a diversas clasificaciones hasta encontrar lo que mejor encajaba con lo observado. Y procederíamos a su correspondiente etiquetado. Pero ¿qué es lo que suele suceder? Pues que veamos algo que no nos gusta y busquemos una palabrita, a ser posible despectiva, con que etiquetarlo. Ejemplos hay muchos. Así, a vuelapluma (o vuelateclado), tenemos progre (mucho mejor si "trasnochado"), fascista (mucho mejor, "facha"), reaccionario, derecha e izquierda (a los que ya me he referido en otras ocasiones). 
Lo interesante es que algunas de estas etiquetas son negativas para unos y positivas para otros. Claro que hay quien se siente orgulloso de su progresismo, aunque otros le insulten llamándole progresista. En qué consista ser progresista, eso ya no parece tan digno de mención ni, mucho menos, bajar a detalles y, todavía menos, tener criterios discriminatorios: si dice esto es que es progresista o progre (obsérvese, de paso, que, si se trata de menospreciar, esas dos últimas palabras no son intercambiables). Algo parecido, aunque no del todo, sucede con fascista solo que ahí siempre cabe el recurso historicista de "cosas que hacía, decía y proponía Mussolini". Lo he escuchado como insulto, pero empieza a dejar de serlo.
La cosa se puede complicar si varias etiquetas se usan de manera simultánea. Por ejemplo, populista de derechas y populista de izquierdas. Si ya es complicado definir derecha e izquierda de manera rigurosa (no vale autodenominarse una cosa u otra sin aportar definición y pruebas), no te digo añadirle una palabra de definiciones tan dispares como "populista". Mi impresión, que creo fundada, es que no se trata de clasificaciones llevadas a cabo para entender mejor las cosas. Al fin y al cabo, el mundo real, en su complejidad, no hay más remedio que abordarlo con simplificaciones. Sin embargo, cuando se cruza la débil línea que separa el reconocimiento y necesaria simplificación de la complejidad por un lado y el simplismo por otro, es fácil darse cuenta de que tales etiquetas se usan contra el contrario, como una forma de denigrarlo. Cierto que se puede estar orgulloso de ser de derechas o ser de izquierdas. Para ser exactos, de autodefinirse tal cosa, sin tener clara y distinta la definición. Casos conozco. Por el contrario, no conozco a nadie (igual es mi vida social reducida por definición) que esté orgulloso de ser populista de derechas o populista de izquierda. Eso, por lo que veo, siempre son otros.
Nada que objetar, aunque preferiría una buena descripción de comportamientos o ideas antes de proceder al etiquetado. Está dentro del lenguaje ambiguo de la política y la necesidad de atajos simplificadores.
Un caso muy especial y en muchos países es la palabra “terrorista” que se suele utilizar no para etiquetar un determinado tipo de actos violentos, sino solo si están perpetrados por personas relacionadas con el Islam. En el caso estadounidense, esos actos, si son llevados a cabo por personas que no lo están, raramente se les llama terroristas. Se prefiere locos, inadaptados, resentidos, marginales, pero no terroristas y casos ha habido, como el de Oklahoma City de 1995, en el que el acto se tildó de terrorista, pensando en los árabes musulmanes, hasta que se supo que no había ningún tipo de participación de nadie relacionado con el Islam, sino que había sido un “blanco, anglosajón, protestante” (WASP). A partir de ese momento se dejó de etiquetar con la palabra “terrorista”.
En general, creo que mejor nos iría si cuando nos encontramos con alguna de estas etiquetas facilonas nos preguntáramos qué es exactamente lo que se está haciendo, si describiendo o insultando, si analizando o reflejando prejuicios. No es por nada. Son ganas de reducir engaños que la ambigüedad de las palabras refuerza. Reducir, no suprimir. Porque esto último, lo de suprimir, dado como somos, parece imposible. Un ejemplo, sin ir más lejos, este mismo artículo dedicado a las etiquetas y, por supuesto, toda la serie. Nadie es perfecto.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

Terrorismo, no ocupación

Las fuentes son un buen indicador sobre el contenido de una noticia. Aquí se hace referencia a un estudio que muestra que los medios estadounidenses tienden, de manera abrumadoramente mayoritaria, a usar fuentes israelíes antes que las palestinas. El resultado es, obviamente, que la visión israelí (terrorismo) va por delante de la visión palestina (ocupación). Supongo que lo mismo sucedería en estudios sobre otros países y, por supuesto, sobre periódicos concretos, por ejemplo con accionariado judío.

martes, 15 de enero de 2019

La guerra de los USA

Este es el mapa puesto al día
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Sin exagerar, los circulitos rojos indican los sitios en los que hay acción violenta directa, las estrellas sobre fondo rojo son acciones militares en cooperación con fuerzas locales, las estrellas blancas sobre fondo azul son los lugares en los que tienen bases y los amarillos son lugares en los que hay entrenamiento o ayuda militar. Los autores, que indican sus fuentes, dicen también que sus estimaciones son "conservadoras" y que la participación estadounidense real puede ser todavía mayor. Si los mapas pueden ser fríos, estas fotografías no lo son. Espero que sean auténticas. Pero no importa si no lo son: son creíbles.

lunes, 14 de enero de 2019

Mirar hacia dentro

Un par de textos encontrados hoy. El primero trata del lío montado en torno al Brexit que muestra los defectos de una clase política que parece haber puesto sus intereses por encima de los del país al que dicen servir. El segundo habla de los líos de Trump casi en los mismos términos que el anterior. Lo que uno y otro muestra es la tendencia a ver los problemas como puramente locales. Cierto que sus raíces lo son. Pero no solo hay eso. Pienso en que en las Españas (incluida Cataluña) pueden aplicarse algunas de esas observaciones, como podrían aplicarse a las preocupaciones bolivianas con las próximas elecciones o a las peruanas con el lío en torno a la corrupción, que también está presente en las anteriores.
Circos políticos que ocultan los manejos que se producen "en las alturas", que dañan la opinión que merece el sistema democrático como tal y que impiden plantearse problemas que van a ocupar la agenda de dichos países porque van a ser problemas mundiales. Con sus bancos, por ejemplo. Tres temas graves, evidentemente: engaño, desencanto y catástrofe.
(Añadido el 16: Lo sucedido ayer en el parlamento del Reino Unido es tachado aquí, y en subtitular de periódico serio, de "pantomima parlamentaria")

viernes, 11 de enero de 2019

Fundamentalismo, tal vez

Un grupito de antiguos alumnos de un colegio regentado por religiosos se reúne para un desayuno de fraternidad. En la conversación sale el tema de las creencias religiosas y cada cual expone en qué situación se encuentra al respecto. En España, claro. El resultado, en porcentajes, es de un 80 por ciento que no son creyentes aunque asisten a los templos -católicos, claro- para bodas, bautismos y entierros. Un grupo todavía menor, que también se ha reunido para recordar viejos tiempos de pasado educativo y mirar afablemente el presente, hace la misma encuesta amigable. El porcentaje es, más o menos, el mismo.
A todos ellos les resultará extraño este artículo que describe el auge del cristianismo fundamentalista en todo el mundo y, sobre todo, en América (Bolsonaro es demasiado visible como para ocultar la tendencia general) y África, donde gana terreno la lectura literal del respectivo texto sagrado porque eso y no otra cosa es el fundamentalismo, a saber, el tomar al pie de la letra lo que en el Libro -Kitab sea Torah, Biblia o Corán- se dice y procurar ponerlo en práctica. Desde prácticas alimentarias a sexualidad. Y si, encima, son integristas, hacen lo posible para que esa lectura del texto religioso se convierta en ley civil. No sé si es extrapolable, pero no diría que no se vaya a producir. Es otra epidemia, con algunos detalles locales como la pérdida de confianza en el clero por parte de los estadounidenses, cosa que no es contradictoria con su aumento de fundamentalistas, claro. Por lo menos, es de señalar la distancia que se ha abierto entre católicos (¿papel de las acusaciones de pederastia?) y protestantes que, aun así, no obtienen mayoría.
Line graph. Percentage of U.S. Catholics and Protestants rating the honesty of clergy as “high” or “very high” since 2004.

jueves, 10 de enero de 2019

Más teatro en el mundo

No voy a ser yo quien confirme o niegue la probabilidad de un cambio climático aunque muchos informes serios vayan en la dirección de afirmarlo, sin negar por ello que haya quienes lo niegan. Me refiero a profesionales del asunto, no a políticos que sus razones tendrán para su negacionismo o para su defensa. No entro.
Pero este caso es sugestivo y rompe un poco los falsos equilibrios entre una postura y la otra. A lo que parece, la Exxon tuvo datos sobre la probabilidad de tal cambio hace muchos años y, mientras, mantuvo su política de apoyo al negacionismo, cosa, esta última, que puedo entender: no va a apoyar a lo que puede significar una disminución en sus beneficios, disminución que a ver cómo la explica a sus accionistas. No va a decir que han sido ellos los que han levantado la liebre sobre el tal cambio climático.
Pues bien, el fiscal general del estado de Massachusetts pretendió arrojar luz sobre el asunto. Quería saber qué supo la empresa (sus directivos, claro), cuándo lo supo, si calló y, en su caso, por qué calló y no solo calló sino que, encima, adoptó posiciones contrapuestas a lo que sabía. La ExxonMobil se defendió contraatacando, es decir, denunciando la denuncia. Es su derecho: no solo usar los medios que pudo usar para colaborar en la difusión de una determinada idea sino, sobre todo, la presunción de inocencia y el imperio de la ley. Ahora el Tribunal Supremo de los Estados Unidos dice que la investigación sobre el hecho contradictorio de poseer unas pruebas y predicar lo contrario debe seguir adelante. 
No sé en qué terminará el asunto, pero entiendo la lógica de los diferentes autores que tiene este gran teatro del mundo: la gran empresa (interesada en el aumento de sus beneficios a corto plazo -y el que venga detrás, que arree-), la opinión pública inquieta (y más ante la acumulación de episodios climáticos extremos -que, en mi opinión, no prueban nada, pero asustan-) y las instancias públicas -cargos electos- atrapadas entre unas y otra. 
No es el único caso, pero este salta a la vista. Y me extraña.

miércoles, 9 de enero de 2019

Nacionalismos identitarios

Los ejemplos lejanos pueden servir para hacerse preguntas por los no tan lejanos. Por un lado, tenemos el sionismo del actual gobierno de Israel que ya ha puesto en marcha proyectos (Constitución incluida) para convertir Israel en Estado Judío, excluyendo, quizás, al 20 por ciento de su población, palestinos que todavía tienen representación en su Parlamento, Knesset. De la violencia en Palestina-Israel hay, desgraciadamente, demasiados ejemplos.
Por otro lado, tenemos el nacionalismo del Bharatiya Janata Party en la India, en el gobierno, en el que comienzan a observarse tendencias a apartarse de lo que fue la política desde Nehru: la India para los indios, pero sin bajar a especificaciones de a qué indios se estaba refiriendo. País de mayoría hindú corre el riesgo de convertirse en el poco democrático ejemplo de Estado Hindú, excluyendo, tal vez, al 20 por ciento de la población que incluye, entre otros, a musulmanes y cristianos que, por cierto, ya han sido objeto de incidentes violentos. 
1. Ambos los son del nacionalismo del tipo "Estados a la búsqueda de su nación". Fue también el caso de Francia comenzando en la Grande Révolution, que llamamos Revolución Francesa. Pero todos tienen problemas con las identidades. Los republicanos franceses de 1789, como los garibaldianos italianos del 1870, inventan una identidad colectiva, practican una educación en la que prima la manipulación histórica, favorecen una lengua sobre las demás (que son reducidas a "patois" o "dialetti" respectivamente) y hacen beneficioso lo colectivo cooptando a los diferentes y haciéndoles participar del poder. Algunos lo consiguieron. Más o menos, incluso Francia: que se lo digan a los corsos, los aquitanos o los bretones o, en Italia, a la Lega. Pero lo mismo en el Reino Unido no tan unido según los escoceses, galeses e irlandeses. Otros, simplemente, fracasaron desde los Reyes Católicos a Franco en lo que en otro tiempo se llamó las Españas, después España y ahora hay problemas con el nombre.
2. Las "naciones en búsqueda de su Estado" lo tendrían más fácil. Si son naciones, se las supone culturalmente homogéneas. A veces, hasta “racialmente” inventando “razas”. Y, casi siempre, lingüísticamente. El problema que encuentran es que tampoco acaban de ser tan homogéneas como dicen. Pienso, como ejemplo, en Portugal, aunque ya sea un Estado, en uno de los pocos países que se ponen como prototipo de homogeneidad, pero que migraciones y llegada de habitantes de las excolonias hacen que la homogeneidad no sea tan absoluta. Igualmente en Japón con ryukyuanos, ainu, burakumin o los antiguos coreanos. Cataluña hace al caso por la cuestión del Valle de Arán con su lengua propia y por su aproximadamente 50 por ciento de independentistas junto/frente a otro 50 que no lo son. O también la Comunidad Valenciana (o País Valenciano de sus nacionalistas) con un territorio dividido lingüísticamente de Norte a Sur.
Tanto 1 como 2 son nacionalismos y si la política se plantea en términos de identidad, las soluciones pueden ser poco presentables: apartheid, limpieza étnica, "guetización", opresión cultural ("Hable usted la lengua del Imperio" como pretendían algunos franquistas en sus primeros tiempos -el Imperio supongo que era el de Carlos V el Habsburgo-, no el de 1898). O puramente retóricas como ha sido el proyecto de crear un nacionalismo europeo supra-estatal basado en la historia y la cultura comunes, cosa tan complicada de hacer creer que sus fautores han tenido que buscar otros caminos para construir (o destruir) una Unión Europea que fuera más allá de una "Europa de los mercaderes".
La forma más sencilla de usar el truco de la identidad es la de suponer que "todos" formamos parte de una nación nos guste o no y que con ella tenemos que identificarnos hasta dar la vida por ella si fuera preciso (a ser posible, que sean otros, que dirán los líderes). Otra forma, algo más complicada, es suponer que ese grupo que formamos "todos" tiene existencia con independencia nuestra y que siente, piensa y actúa. Por ejemplo, tiene sentimientos de superioridad o de inferioridad como tal colectivo. Son engaños, pero funcionan. Funcionan hasta que se llevan a sus últimas consecuencias y comienzan los problemas. 
Nacionalismo constitucional o plebiscito cotidiano han sido formas alternativas tal vez demasiado abstractas y poco emocionantes. No lo sé. Lo que sí sé es que la cuestión de la identidad, importante como lo es a escala individual ("quién soy", "qué soy"), se convierte en demasiado problemática cuando se pasa al "nosotros", porque no es impensable un "Nosaltres sols" o una noche de los cristales rotos
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Añadido el 3 de mayo: la tendencia etnicista del BJP se ha hecho más evidente)

lunes, 7 de enero de 2019

Brexit unilateral, Brexit de May (desahucio) o semi-Brexit

Un buen repaso a los problemas del Brexit y de las opciones que se abren en estas fechas: 
1. Un catastrófico Brexit unilateral, que lo sería para sectores importantes como el financiero o el transporte, pero para el que se argumenta que así se resolvería la cuestión de los inmigrantes y del sistema de salud. Por los datos que se presentan el problema es falso y, por tanto, la solución es inexistente (solo se puede resolver un problema bien planteado; si solo son sentimientos, no hay problema sino empecinamiento. Me suena). Incluso los que anunciaban el paraíso para dentro de cinco años se dejan llevar por el entusiasmo, no por los datos del daño que produciría ese periodo.
2. El desahucio que supone el Acuerdo de May. Malo para el Reino Unido, pero "menos peor" que el Brexit "duro". Ahí hay mucha cuestión política: la crisis de la Unión Europea en vísperas de sus elecciones al Parlamento (no es que ese parlamento pese mucho en las decisiones, pero no es totalmente irrelevante), la necesidad de May de mantener los votos de los unionistas irlandeses para mantener su propio gobierno, los cálculos de los parlamentarios británicos que temen perder se puesto en su circunscripción sobre todo conservadores que temen que se les recuerde que este lío fue idea de un primer ministro conservador, Cameron, que, como Mas en Cataluña, creyó  que el tema le reportaría beneficios electorales (recuérdese que en el Reino Unido los distritos electorales son uninominales y, por tanto, rige el sistema mayoritario) y los cálculos de los gobiernos regionales de Escocia e Irlanda que conocen sus respectivas opiniones públicas y consiguientes intenciones de voto. No porque la economía sea el "determinante en última instancia" ya por eso se va a despreciar la política. Lo saben hasta los marxistas más ortodoxos, sobre todo si son leninistas.
3. La propuesta de Corbyn, suficientemente poco clara como para que sea una solución al problema. ¿Salida o no-salida? Porque la no-salida es una opción aunque muy costosa políticamente (es decir, electoralmente).
Los detalles, en el artículo, en castellano, que cito.
¿Un nuevo referéndum ahora que algunos electores ya saben de qué va el asunto y que no es solo de falsos problemas y sentimientos? Impresionante cómo los políticos quedan atrapados por sus propias reglas del juego. También me suena.
(Añadido el 16: Una prueba de que la economía no es el determinante en última instancia ni que los capitalistas son los que cortan el bacalao, en este reportaje del Financial Times, con los políticos atrapados por sus reglas del juego. Algo parecido, aunque no idéntico, con el Catalexit en la coyuntura concreta de aprobar o no los presupuestos del Estado central: la política va por delante de lo que dicen, en su mayoría aunque no totalidad, los grandes empresarios catalanes)

domingo, 6 de enero de 2019

Mentirijillas estadísticas

Estadística no viene de Estado, pero es obvio que los estados producen abundancia de ellas. No siempre se corresponden fielmente con la realidad ya que los gobiernos pueden tener, y tiene, interés en orientar la opinión pública en una dirección u otra.
Este es un caso interesante ya que puede extenderse a otros ámbitos. Se trata de la relación entre inmigración y terrorismo. Para gobiernos contrarios a ambas realidades, puede resultar interesante exagerar dicha relación, de forma que los que estén contra el segundo término, contra el terrorismo, tengan necesariamente que estar contra el primero.
El caso que cito viene del Departamento de Justicia del gobierno de los Estados Unidos. Hay quien llega a decir que el informe que muestra tal relación está lleno de exageraciones e incluso de mentiras. Pero, por si cuela, el tal departamento (ministerio) no ha introducido ninguna modificación al criticado informe.
Otra cosa es, como está sucediendo estos días en las Españas, el uso que se haga de dichos informes oficiales, subrayando unos datos y prescindiendo de otros para así "demostrar" lo acertado de las propias posiciones, por ejemplo respecto a la violencia contra las mujeres.
Otra cosa es el uso de estadísticas que nadie sabe de dónde salen o utilizar medias (del tipo "renta per capita" a partir del PIB) en lugar de "análisis concretos de situaciones concretas".
Ya se sabe: mentiras, grandes mentiras y estadísticas.

sábado, 5 de enero de 2019

¿Imperio? Haberlo haylo

El recurso a la palabra "imperio" para cubrir las vergüenzas de una mala gestión local es un recurso pobre. Los gobernantes que eso hacen lo tienen fácil: todo lo malo que sucede en su país se debe al "imperio". Y punto.
Por eso me resulta interesante este artículo y su bibliografía porque están escritos desde los Estados Unidos. Cierto que sería de desear una buena definición de la dichosa palabrita ya que, según se defina, Inglaterra habría sido o no habría sido cabeza de un imperio, que se dejaría para las Españas o, por supuesto, para los Estados Unidos. En su lugar, preferiría "hegemonía", ya que, además de cuestión de gustos, evita el juicio de valor implícito y el recurso a paralelismos con más o menos razón con la Roma imperial, cuando el sistema todavía no era mundial.

viernes, 4 de enero de 2019

Más exits

Una reciente encuesta entre miembros del Partido Conservador británico y sus votantes muestra una muy clara mayoría en ambos casos que prefiere un Brexit unilateral al acuerdo que propone May o, no digamos, a quedarse en la Unión Europea. Cuando se les habla de los informes que tachan la salida sin acuerdo como muy arriesgada, si no suicida, responden diciendo que esos informes o exageran o mienten. Visto desde fuera, da la impresión de que su evaluación de tales informes se debe no al conocimiento de los informes sino al parti pris previo a cualquier razonamiento: nos vamos y eso es todo, y ya verás cómo todo se arregla.
Sentimientos por encima de razonamientos, me parece. Un caso más en esta epidemia mundial que yo sí veo peligrosa.

jueves, 3 de enero de 2019

No está pasado y lo estás viendo

Siempre ha habido noticias falsas. Incluso acompañadas de fotografías, como recuerdo una portada de periódico español "informando" de la intervención armada de los Estados Unidos en el Norte de África. Intervención inexistente, por cierto.
Ahora es peor. Ahora, nos cuentan, es posible colgar un youtube que muestra con todo lujo de detalles un episodio altamente pornográfico de una persona o personaje, episodio totalmente falso. Ahora es posible sustituir la cara del o de la protagonista haciendo la escena totalmente verosímil. Pero incluso es posible alterar los gestos faciales y convertir una sonrisa en una muestra de disgusto o rechazo.
Sabíamos de narraciones falsas, de Protocolos de los Sabios de Sion o de los diarios de Hitler. Sabíamos de fotografías trucadas. Ahora hay que saber de videos trucados de manera tan verosímil que resulta prácticamente imposible descubrir su falsedad. 
Ya era difícil descubrirla en mensajes verbales o en fotografías (la Cataluña reciente ha sido objeto de algunas notables manipulaciones). Se podía intentar con videos tomados en un sitio y presentados como si fueran de otro (casos tópicos, el de la enfermera que desde Kuwait se quejaba de los destrozos del ejército iraquí en una planta de incubadoras que resultó ser persona de la embajada saudí en Washington grabada en estudio de Washington. Tan tópico como las palestinas mostrando su alegría por la barbarie del 11-S que resultaban ser palestinas, sí, pero mostrando su alegría en una boda en Palestina). Pero resulta difícil defenderse de estas nuevas posibilidades que proporcionan las nuevas técnicas.
Paranoides del mundo entero, uníos. Y con más razón ahora que os persiguen de verdad.

miércoles, 2 de enero de 2019

Los años pasan, sí

La vida, no. Bueno, así comenzaba una canción del cubano Silvio Rodríguez dispuesto, en buen optimista, a ver el lado favorable y propicio hasta de las calamidades. Los informes que he podido consultar a fin de año no van en la misma dirección.
Comencemos por un artículo de Foreign Affairs que se reducía a levantar acta del pesimismo que trasmite una lectura de periódicos. Temas: la presencia y amenaza de la guerra que no excluye su variedad atómica, la delincuencia en sus distintas formas, las pandemias incontroladas, el terrorismo que, si bien se ha reducido a escala mundial y sobre todo, en Europa, sigue siendo la gran amenaza junto a los desastres medioambientales, el colapso económico y la quiebra de las democracias. Constatación de las amenazas no significa necesariamente inminencia y gravedad de las mismas. La probabilidad que adjudican a algunos elementos de su lista es muy baja.
Mucho más ominoso, por sistemático, es el estudio de la Global Challenges Foundation sobre riesgos globales, con explicación de metodología y origen de los datos y advertencia de que riesgo, si no se añade probabilidad del mismo, queda en algo a considerar, pero no necesariamente algo por lo que asustarse. De todos modos, su lista es interesante. Comienza por la proliferación de armas de destrucción masiva cosa comprensible si se atiende a las decisiones de líderes de países con armamento nuclear suficiente para destruir la vida humana en el Planeta varias veces (que me expliquen para qué sirve la segunda y, no te digo, la tercera vez). Pero puede haber más guerras: biológicas y químicas. Y un uso bélico de la llamada Inteligencia Artificial que, así, se convertiría (y eso no lo dice el informe que estoy siguiendo) en Estupidez Artificial. Cambio climático, sí, aunque el negacionismo siga rampante a la par que en retirada. Y grandes catástrofes además de las asociadas al colapso ecológico. Pandemias, como en la lista anterior.
El ETUC, sindicatos europeos, comparten y añaden malos augurios sobre la ruptura de sociedades y economía (no son, pues, de los "cuanto peor, mejor"). A esa ruptura podría llevar la globalización, el cambio climático, lo que llaman digitalización y, a retener, la transición demográfica (creciente envejecimiento, reducción de la natalidad y todo eso).
El Bulletin of the Atomic Scintists también tenía su lista de factores que ponen en riesgo la civilización humana: cambio climático, armas nucleares (que es su tema) y tecnologías de ruptura (“ciberarmas”, biología sintética, inteligencia artificial y robótica avanzada). De nuevo, algunas coincidencias con las listas anteriores, pero también algunos elementos propios.
No es un riesgo, sino una constatación, y en ella coinciden el Credit Suisse y la UBS en sendos informes: la distancia entre ricos y pobres se agranda. La desigualdad aumenta en particular por el aumento de super ricos, cosa que no tendría por qué preocupar si no fuera porque  parece que cada vez influyen más en las grandes políticas mundiales y, cuidado, porque parecen ser conscientes de la probabilidad del "acontecimiento", la gran catástrofe, para lo cual algunos de ellos se preparan como ya comenté hace tiempo buscando refugios y alternativas individuales, no colectivas, con una excepción: el grupo de grandes inversores que han pedido que los gobiernos tomen decisiones drásticas en torno al cambio climático so pena de caer en un gran crash financiero mundial.
Demos ahora un salto todavía más literario. Isaac Asimov publicó una trilogía de novelas de ciencia ficción en las que un brillante científico conseguía, mediante la psicohistoria, conocer los riesgos de aquel su mundo, Fundación, y, ya que se habían individuado los mecanismos que los producían, proponer los remedios preventivos con que remediarlos. Pero ya se sabe que las probabilidades no son certezas por muy elevadas que sean dichas probabilidades y en Imperio sucede que aparece "el Mulo", un personaje no previsto por la psicohistoria y que trastoca todo el buen gobierno ideado por su organizador. Volvamos a nuestro tiempo: impresionante el artículo de Paul Krugman en el que se ve incapaz de predecir qué pueda suceder con el "gran" conflicto geopolítico y geoeconómico entre la China y los Estados Unidos. Es importante porque está relacionado con muchos de los riesgos que se acaban de enumerar, incluido el del colapso por no afrontar el cambio climático. Relacionado como precipitante de la materialización de dichos riesgos. Y ve imposible la predicción por culpa de la presencia de un personaje que él tilda de imprevisible y voluble, Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, cabeza del Imperio. Fin de la trasmisión. 
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Incertidumbre también para sub-sistemas como el latinoamericano, según la CEPAL. Y del europeo, basta una palabra: Brexit)

Adivinanza de Año Nuevo

1. Bajar impuestos es de derechas.
2. El presidente de México, López Obrador (AMLO), es de izquierdas.
3. Luego el presidente anuncia una bajada de impuestos en los estados fronterizos con los Estados Unidos para mejorar la economía de la región y reducir la emigración.
Dudar de la duda. Y más leyendo a Paul Krugman sobre la bajada de impuestos por parte de Donald Trump.

martes, 1 de enero de 2019

Optimismo provisional

Los nuevos optimistas tienen  buenas razones para serlo a escala mundial. La pobreza, según la peculiar manera que tiene el Banco Mundial de medirla, ha disminuido a escala mundial. Quedan millones de pobres, pero son menos que hace, digamos un par de años. Lo mismo sucede con las guerras en el mundo: son menos, pero si estás en el Yemen, esa reducción, de momento, no te afecta. Y, por seguir con ese tipo particular de optimismo, el terrorismo también se ha reducido a esa gran escala, pero si te toca en tu aeropuerto o en tu Rambla, te ha "tocao".  Porque existir, sigue existiendo. Finalmente, ahora "sabemos" controlar mejor los ciclos económicos, por lo menos según algunos aunque otros dicen que no hemos aprendido nada. En este campo, si hay razón para el optimismo, se verá en el año entrante. Pero hay más.
Noam Chomsky ha planteado dos temas espinosos en esta entrevista. Uno es el retorno de la carrera nuclear, una vez los Estados Unidos se han dado de baja del tratado que no suele cumplirse (como casi todos esos tratados). Hay que añadir los nuevos misiles rusos y el interés chino en alcanzar y superar a la primera potencia armentística mundial. Vamos a ver cómo queda Irán en este nuevo arreglo de alianzas y desconfianzas con Siria, Turquía (y los kurdos independentistas y no independentistas -que de todo hay-), Arabia Saudita, Estados Unidos (que dicen que se van de Siria, que revisan su postura en Afganistán y que mañana podrían decir -me refiero a su gobierno- lo contrario de lo que han dicho hoy). Hay que insistir: como ya mostró Karl Sagan, si no hay reducción de armamento y se acaba utilizando, tendremos una M.A.D., destrucción mutua asegurada, y hasta invierno nuclear afectando a países no involucrados en el intercambio de disparos de un lado u otro. Es lo que sucede con las armas nucleares: que su uso afecta a territorios y personas muy alejados del lugar del enfrentamiento. Aunque no sea arma, recuérdese qué sucedió con los efectos de Chernobil. Habiendo pasado muy cerca en tren, me hago una idea de la distancia que le separa con Alicante, donde llegaron últimos efectos de aquel desastre. El átomo soltado no conoce fronteras. Todo ello sin contar con los efectos de una nueva guerra fría de la que habla Jimmy Carter.
Pero lo mismo se puede decir del medioambiente al que también se refiere Chomsky. La frase lapidaria viene a decir que estamos llenando de dólares algunos pocos bolsillos ya de por sí rebosantes al precio de poner en peligro la organización humana que conocemos. Precisamente son esos bolsillos los que lo están haciendo.
No quita para nada los datos positivos en que se basan los nuevos optimistas que, además, suelen dedicar frases despectivas hacia los casandras y sus jeremiadas. Pero los hechos son tozudos. Tanto para unos como para otros, cada cual con su sesgo previo antes de analizarlos. Comprender antes que juzgar es el lema que se ha propuesto un viejo amigo para este año. Mañana vuelvo con esta tema.