sábado, 1 de diciembre de 2018

Rodeando a Pangloss

Es posible que vivamos en el mejor de los mundos posibles, como diría el doctor Pangloss. Pero esa frase tiene varios sentidos. El primero, el de los nuevos optimistas, consiste en mostrar lo bien que estamos si nos comparamos con siglos pasados: esperanza de vida, violencia, pobreza y así. Tal vez. El segundo es el de los quietistas de siempre que creen que la cosa no da más de sí. Que ya podemos esforzarnos que no vamos a conseguir que esto funcione mejor ya que está en los límites de sus posibilidades. No es posible otra cosa.
Si los primeros subrayan el mejor, los segundos se quedan en lo posible.
He escuchado esta mañana un par de crónicas sobre dos casos tal vez extremos aunque hay más. Por un lado sobre los venezolanos que han cruzado la guajira y están ahora en Colombia. Cierto que no están en el mejor de los mundos posibles para ellos aunque el Planeta lo esté según los nuevos optimistas. Por otro lado, los doce emigrantes recogidos en un pesquero alicantino en medio del Mediterráneo y que buscan puerto cercano y humanitario (las dos cosas: Libia puede estar cercana, pero...). Abandonados, con un mínimo de ayuda por parte de una ONG que consigue repatriar al emigrante que se encuentra en condiciones sanitarias extremas y al que tienen que llevar a Malta en helicóptero ya que los malteses no aceptan barcos. El gobierno español que tan diligente estuvo con el Aquarius, ahora mira hacia otro lado, recurre a frases de ese papel mojado que llaman derecho internacional y están sordos ante los alcaldes de Barcelona y Valencia que estarían dispuestos a acoger. Supongo que el gobierno socialista actúa como actúa porque el domingo son las elecciones autonómicas en Andalucía y allí la inmigración ha sido un tema vidrioso para unos y ruidoso para otros. No quieren dar más armas electorales a los que quieren cambiar el gobierno igualmente socialista de esa Comunidad Autónoma.
La lista puede continuarse: los rohingya, los millones de hambrientos en el Yemen, los palestinos. Y pueden verse algunos datos inesperados, por ejemplo, la contínua reducción de la esperanza de vida en los Estados Unidos.
Tal vez, entonces, el mundo sea el mejor de los posibles, pero eso no quita que siga habiendo (mayores o menores, eso no importa) problemas graves que resolver en términos de supervivencia, calidad de vida y derechos humanos para capas de la Humanidad, pero reales tanto si son crecientes como decrecientes. La discusión sobre si "estamos" mejor o peor tendría que ser sustituida por sucesivos intentos por reducir situaciones como las enunciadas. 

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