miércoles, 26 de diciembre de 2018

Polarización real

Curiosa palabrita que puede significar que algo tiene que ver con la realidad (es "real") o con una monarquía (la casa "real", por ejemplo, que no quiere decir que sea falsa -aunque lo sea-, sino que es propia o propiedad de una monarquía).
Me refiero a dos discursos navideños reales. No son auténticamente reales, ya que los han redactado otros, pero sí son reales porque los leen, respectivamente, su Graciosa Majestad Isabel II -Commonwealth- y el rey Felipe VI -las Españas-.
En ambos textos hay, por lo menos, una coincidencia: la preocupación por cómo se están polarizando sus respectivas sociedades, las que están a su cargo -es un decir-. La Reina, en su texto, es más directa: habla de una sociedad profundamente dividida y tiene más que motivos. El Brexit sin ir más lejos, pero no solo ya que las tendencias centrífugas del Reino (ya no tan) Unido son perceptibles. El partido nor-irlandés que apoyaba al gobierno conservador de Theresa May se lo ha estado pensando; el partido nacionalista escocés no quiere ni ese ni otro Brexit y así. Y esas divisiones partidistas que alcanzan a los mismos grandes partidos (conservador y laborista, divididos ahora por la tema) se reflejan en una sociedad en la que parece que, ahora, son mayoría (tan exigua como fue la contraria en el referéndum de salida) los que preferirían quedarse en la Unión Europea.
El Rey no habla de polarización (estos españoles poco claros y distintos, incluso este, de orígenes franceses como su mismo apellido indica: Borbón). Los ingleses parece que son más directos y claros y estos madrileños parece que prefieren los circunloquios. Pero las referencias de su texto a la convivencia van en la misma dirección. El Catalexit ha producido serias fisuras en todos los partidos. Cierto que en el bloque independentista donde las diferencias, aparentemente insalvables, son sobre tiempos y medios aunque no sobre fines: la independencia (como el Brexit duro preferiría la imposible independencia total frente a Bruselas cueste lo que cueste y costaría o costará mucho). Pero fisuras las hay. En el partido socialista en el tambaleante poder, también son perceptibles. No solo los llamados "barones" (los líderes de los reinos de taifas autonómicos frente al líder de Madrid) sino también en las filas del partido donde no todos ven con buenos ojos algunas maniobras del presidente del gobierno ni todos están de acuerdo con que NO se apliquen determinados artículos de la Constitución. 
Es posible que no se trate de dos situaciones excepcionales en esta Europa que se lame las heridas temiendo que aumenten y se agraven en la medida en que los "chalecos amarillos" (expresión de otra polarización, pero ya no política) se extiendan hacia Bélgica e Italia de momento y que los alternativos (tipo AfD) sigan creciendo en Suecia, se consoliden en Hungría y Polonia y ¡hasta en Suiza la bucólica y referendaria! Por citar los primeros que me han venido a la cabeza. Porque hay más. Van a hacer falta muchos panes et circenses.
(Añadido el 27: una versión distinta y más completa aquí)

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