miércoles, 19 de diciembre de 2018

Cuando el Ego domina

Freud construyó unos tipos de personalidad según qué dominase en el individuo en cuestión, su Ego, su Super-Ego o su Ello, su libido digamos. Esta era su clasificación que comento en el cap. 3 de Violencias ocultadas, el librito que he colgado en la columna derecha de este blog:

Freud añadía que la realidad nos da ejemplos de combinaciones de dos e incluso de los tres predominios y, así, hay, por ejemplo, obsesivos-narcisistas que fácilmente se pueden identificar si se lee el "Por qué escribo" que, igualmente, está en la columna derecha de este blog.
Yo no sé si determinados tipos acaban de determinadas profesiones o actividades o si son estas la que provocan una personalidad de un tipo u otro.
Sí sé que hay actividades en las que, por lo que sea, domina uno u otro. Pienso en la política o en la enseñanza universitaria.
En esta última tiene cierta lógica que predomine el narcisista: alguien que durante años ha visto que las tonterías, banalidades, obviedades o pequeños avances de su ciencia que decía eran tomadas en serio por sus estudiantes (y estaba aquello de "¿puede repetir?" o "¿Puede dejarnos las diapositivas?") acababan pensando que lo que decían era importante, mucho más si mantenía -por encima de problemáticos "defensores del estudiante"- el poder de aprobar o suspender. Poder y acatamiento (aunque sea falso y adulador, pero eso no importa: mejor que me adulen aunque sea falso). Encima en una institución pre-capitalista, es decir, feudal, en las que las reglas del juego vienen determinadas por la fidelidad y la sumisión.
El caso de los políticos es parecido, solo que controlan más bienes que un simple aprobado. Por ejemplo, pueden, como seres omnipotentes, decidir si una plaza puede albergar veladores o tiene que ser peatonal, con la consiguiente rabia de los bares y restaurantes que usan los veladores. Y tienen un tipo de adulación que son los medios (no me imagino a un reportero persiguiendo a un profe para saber si ha dado ya el tema 3 o está todavía en el 2). Que hablen de mí aunque sea mal. Todas las condiciones para el narcisismo, sobre todo si ya lo arrastran desde antes de su acceso a la política. Y van desde el presidente de los Estados Unidos hasta un concejal de un ayuntamiento de una ciudad periférica en un país semiperiférico. Entiéndase por qué no me suelen interesar las declaraciones de los políticos y por qué me sonrío cuando veo a algunos ex-alcaldes (la verdad es que no todos son así) paseando por el pueblo como si todavía fuesen alcaldes. El Ego nunca muere.

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