martes, 13 de noviembre de 2018

Cosmocracia femenina

Suiza. Villa con vistas al lago. Curso de verano de seis semanas que puede costar 30.000 dólares por persona. Jóvenes de todo el mundo que tienen una cosa en común: pertenecen a familias que pueden pagar esas tasas y que quieren que sus hijas adquieran los conocimientos y comportamientos de una gran dama que acompañe a un marido, igualmente pudiente y/o poderoso, a cualquier evento mundial en el que las maneras de la alta sociedad tengan que mostrarse. No se excluye que ellas también puedan llegar a altos puestos ejecutivos acordes con sus propiedades.
Cursos o conferencias sobre casi todo: cuáles son los temas de conversación, en una comida oficial, en cada lugar del mundo, Lagos, por ejemplo; cómo dar las órdenes al servicio para que hagan las camas; cómo pronunciar palabras complicadas; etiqueta en países diversos (nada de indoctrinar en costumbres europeas: todo muy internacional pero atendiendo a las diferencias locales vistas "desde arriba"); regalos apropiados en general y en particular; y así sucesivamente.
No invento. Reproduzco de esta fascinante descripción de este costoso "curso para señoritas" (y no te digo de qué familias y de cuántos países), que seguro horrorizará a las feministas de clase media (el feminismo de estas chicas bien educadas no es para aquellas: es de clase social, no de género) y asombrará y tal vez hará abrir la boca de admiración a las mujeres de clase media-baja y clase baja que leen revistas en las que aparecen los progenitores (más bien las madres)  de estas chicas que se casarán y divorciarán "como dios manda" y llevarán una vida acorde con lo que han aprendido en la Villa. De todos modos, conviene reconocer que los padres de estas chicas raramente salen en las "revistas del corazón", donde lo que aparecen son otros figurantes para general entretenimiento.
Yendo al otro extremo, hace poco leí una diatriba de una feminista gitana refiriéndose a sus compañeras feministas payas (es decir, no gitanas). No encuentro ahora la cita, pero se enmarca en la crítica al feminismo colonial por parte de gitanas, negras y musulmanas. Es una etiqueta que refleja otra de las modas. No tanto la etiqueta de feminismo hegemónico, que esa es otra.
Pero reconozco que me ha impresionado el reportaje sobe la Villa, un lugar en el que un feminismo muestra su componente de clase y de clase a escala mundial en paralelo con la organización, a escala mundial, de lo que se ha llamado cosmocracia de la clase alta internacional. Poco nacionalista, por cierto.

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