miércoles, 14 de noviembre de 2018

Calentamiento global: por fin

Es constatable dicho calentamiento. Lo del cambio climático hay que dejarlo a los modelos matemáticos que lo anuncian para pronto si no se hace nada para evitarlo o lo que se hace es firmar acuerdos internacionales que no se cumplen o, incluso, que son objeto de retirada de firmas (el caso de Trump con los acuerdos de París). Retórica o brindis al sol.
Por eso es importante reconocer las decisiones que se han tomado ahora, por ejemplo en España, y que se reconocen desde fuera, aunque todavía esté en borrador de una futura Ley de Cambio Climático y Transición Energética. No es el único gobierno que anuncia tales decisiones, lo cual hace generar algunas expectativas optimistas al respecto. Pero ahora llego con las rebajas.
Primero. Con independencia de lo bienintencionada que pueda ser esta ley, de poco sirve si otros países altamente contaminantes y productores de elementos que aceleran el calentamiento no hacen nada. En particular, los mayores productores, los Estados Unidos y la China (se discute cuál de los dos contamina más).
Segundo. Con independencia de la rapidez con que los coches no-contaminantes lleguen al mercado a precios asequibles, lo de los coches es un porcentaje pequeño respecto a otros factores mucho más agresivos que tienen que ver con el carbón. Leí, pero no encuentro ahora, que una central térmica basada en el carbón era mucho más agresiva que un considerable número de coches convencionales emitiendo contaminantes. Habrá que ver si en las diversas leyes de "cambio climático" que se están produciendo se ataca a los más fuertes o a los más débiles: no es lo mismo exigir (más o menos) a la industria automovilística y su lobby internacional que cambie de modelos que cerrar centrales eléctricas.
Tercero. La política, a lo que parece, es cortoplacista. Una ley como la española tiene efectos electorales y solo electorales. No va a imponer medidas que pongan nerviosos a los electores, todavía más cortoplacistas que sus representantes. Electores que son tanto "de los que no nos enteramos de lo que se cuece en las alturas" (entre los cuales me incluyo, visto lo que está saliendo sobre enjuagues y conjuras "en las alturas", que supongo son la punta del iceberg) como de los dispuestos a financiar partidos, medios de comunicación y grupos de presión en función de sus intereses inmediatos que suelen tener que ver con el beneficio y no con el medio ambiente. También hay partidos políticos que pagan a periodistas "afines" y es de suponer que las grandes empresas, también las petroleras, además de su accionariado, también lo hagan. Cortoplacistas todos, poco dispuestos a pensar en ese mítico aumento fatal de la temperatura media del Planeta para 2020 que ha intentado documentar el IPCC. Lo que nos digan, como esta ley a propósito de los coches, para 2040 o 2050 y que habrá que ver si se aprueba, afectará, tal vez, a mis nietas. A mí, ciertamente, no. Así que "el que venga detrás, que arree", parecemos decir.
(Añadido el 18: la propuesta española parece estar en línea con el moribundo Acuerdo de París del que ya se han dado de baja países altamente contaminantes como los Estados Unidos)
(Del New Yorker

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