miércoles, 28 de noviembre de 2018

Violencias: causas y remedios

La regla de la mayoría no es una herramienta para encontrar la verdad. Que quede claro. Las mayorías que creían que la Tierra estaba fija y era el Sol el que daba vueltas alrededor de ella es obvio que se equivocaban. Es un caso extremo, pero se puede pensar en la equivocación que han supuesto las mayorías que han contestado en un determinado sentido en más de un referéndum reciente. A lo más, la regla de la mayoría es un instrumento para tomar decisiones, venga o no venga matizada por el respeto a las minorías o por cualificaciones cuantitativas de esa mayoría, sea la mitad más uno o dos tercios de las respuestas o, si se quiere, el noventa por ciento de las mismas. Sin embargo, el caso que propongo no encaja en ninguna de las dos hipótesis ya que ni se ha preguntado a todos los implicados ni las preguntas se han hecho con el propósito de tomar decisiones. Dejémoslo, entonces, en un mero ejercicio que permite hacerse preguntas sobre cuestiones reales en contextos reales. Y se refiere a la violencia.
Se trata de una encuesta, patrocinada por varias instituciones respetables, que se hizo este año a una quincena de países, a saber, Brasil, Colombia, República Demócratica del Congo, Hungría, India, Libano, Myanmar (antes Birmania), Nigeria, Filipinas, SudÁfrica, Siria, Túnez, Ukrania, Reino Unido y Estados Unidos. No pretenden, pues, ser una muestra de toda la población mundial, pero sí de esos países. Me han interesado dos preguntas de aquella encuesta: una, sobre las causas de la violencia y, otra, sobre los remedios para la misma. Prescindo de la pregunta sobre qué violencias preocupan más a los encuestados, que eso daría para otro artículo.
Primero, recojo la pregunta sobre cuáles podían ser las causas que hacían que las personas cometieran actos violentos. Algunas opciones obtenían, en general, porcentajes muy bajos de respuestas. Era el caso de los que pensaban que era el “no tener voz en los asuntos políticos”, los que decían que “grupos armados les obligaban a ello” (excepto en el caso de Siria, que recibía casi un 20 por ciento de las respuestas) o incluso su “ideología política”. La “ideología religiosa” ya obtenía algunas respuestas más en los quince países, pero el grupo más numeroso estaba entre los que lo atribuían a un “sentido de la injusticia”, destacando Túnez, pero también los Estados Unidos y, sobre todo, “la falta de empleos o la necesidad de atender a la familia”, destacando en este caso, SudÁfrica, Colombia y Brasil. Motivos estructurales, si se acepta ese vocabulario.
La otra pregunta obtenía respuestas que, en buena medida, eran efecto de la anterior. Se preguntaba qué habría que hacer para conseguir una paz (ausencia de violencia) duradera. La “ayuda de fuerzas de seguridad internacionales” e incluso el “uso del ejército para enfrentarse a la violencia” recibía, en general, porcentajes muy bajos de respuestas excepto, una vez más, en las de Siria. El grueso de las respuestas iba, en primer lugar, hacia “apoyar a las sociedades y comunidades para que resuelvan sus conflictos de manera pacífica” (que viene a ser el “peace by peacefull means” como Johan Galtung propone) y, claro, “tratar los motivos por los que la gente lucha en primer lugar”, es decir, ir al motivo principal que necesariamente no coincide con el motivo digamos “oficial” y que, volviendo a la pregunta anterior, serían injusticia y carencias materiales y no tanto religiones y otras ideologías que, por lo general, son añadidos, no causas.
El informe que estoy siguiendo se detiene en dos casos particulares: el de Colombia con violencia todavía sin resolver y el de Irlanda mostrando las diferencias en las respuestas dadas en Irlanda del Norte y el resto del Reino Unido, diferencias que hacen pensar que no siempre se ven los problemas de la misma forma “desde dentro” que “desde fuera” y esto último puede incluir a los políticos, sus percepciones e intereses comparados con los de la gente que sufre la violencia directamente, incluidos los soldados rasos, no tango los altos mandos.
El trabajo que comento no es, como se ve, una prueba de cómo son las cosas ni, mucho menos, un medio para tomar decisiones. Sencillamente, es una manera más de hacerse preguntas sobre cuestiones complicadas que, por desgracia, muchas veces se etiquetan de forma simplista. Claro que me hubiera gustado ver algún dato sobre Arabia Saudí y el Yemen. La razón es simple: habría introducido algunas preguntas más que esta encuesta no consigue afrontar. Nada es perfecto.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Obsérvese que, como afirma un ex-juez-estrella, entre las causas de la violencia no está "la soberbia" pese a lo soberbios que sean algunos de sus caudillos)

jueves, 22 de noviembre de 2018

Corrupción retrospectiva

Si todos los esfuerzos para descubrir y condenar los casos de corrupción recientes o no tan recientes se dedicaran a intentar impedir que se vuelvan a producir, creo que las cosas cambiarían a mejor. En España o en el Perú (desde Keiko Fujimori a Alan García) o en México (ahora con lo del "Chapo" Guzmán) lleva tiempo levantada la veda contra los corruptos del pasado. Grandes empresas corruptoras (Odebrecht entre las más conocidas), mafiosos espabilados y políticos corrompidos y corruptores (como los de la Gürtel en las Españas). Es cosa de dos. Lo tengo escrito.
Lo que me fascina es que esa propuesta venga de boca de un presidente electo (tildado de "populista" en otros espacios) mexicano, AMLO. Algo de razón tiene: mientras se dedican horas y dineros para esclarecer los desaguisados del pasado, otros están ocupados en corromper y corromperse aprovechando las múltiples ocasiones que proporciona ese mundillo de "los de arriba" y del que solo vemos, de vez en cuando, la punta del iceberg. Democracia no tiene por qué ser cleptocracia, la de los ladrones. Ni siquiera oligocracia, la de unos pocos. Pero...

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Derecha, izquierda y otras etiquetas

Leo un muy documentado estudio sobre las orientaciones ideológicas de los españoles. Se usa el convencional criterio “derecha-izquierda” y se ha preguntado a los encuestados que se sitúen en uno u otro punto de una línea de 10 que va de un extremo ideológico a otro. La tal escala produce resultados que no hace falta encuestas para llegar a tal conclusión: por ejemplo, que los encuestados hayan visto al Partido Popular como derecha, al Partido Socialista de izquierda y a Podemos más a la izquierda no es sorpresa. Pero tampoco lo es que Ciudadanos que se veían como “centrista” hace relativamente poco tiempo, se vea ahora como “derecha”. Ya lo sabíamos: así lo son.
Lo que no sabíamos es que los que se declaran de extrema izquierda son más numerosos que los de extrema derecha, aunque la posición que más respuestas recoge es la de “centro”. No extrañe que los partidos del viejo bipartidismo imperfecto se tiendan a autocalificar como “centro-derecha” y “centro-izquierda”, dejando para los recién llegados la posición no centrista, cosa que Podemos hace con mucha claridad y Ciudadanos con curiosa ambigüedad.
Mi problema está en otro sitio: en saber qué es eso de “derecha” e “izquierda” cuya existencia puedo reconocer, pero cuyos contenidos concretos se me escapan. Puedo entender lo de “extrema-izquierda” (valor 0 en la escala) y “extrema-derecha” (valor 10), pero ya no sé qué puede significar un 7 o un 4 o un 3. Es difícil saber en qué está pensando el que tal cosa contesta y siempre queda la sospecha de que los declarados “centristas” no es que lo sean, sino gente que responde “no me líe usted, apreciado entrevistador, con preguntas tan abstractas”. Porque si llamamos “de” derechas o “de” izquierdas lo que dicen los respectivos partidos clasificados por tales cifras, no hace falta ser un adicto a las noticias para saber cuánto cambian de propuesta los partidos a lo largo incluso de un tiempo muy corto (recuérdese a Carrillo q.e.p.d.)
Después está el hecho de que, si no se explica algo más, no tiene ningún sentido decir que “subir impuestos” es de izquierdas y que (proponer) “bajarlos” es de derechas. Si se ven sus respectivas prácticas se puede decir cualquier cosa y su contraria.
Existe una notable bibliografía sobre qué es ser de izquierdas (Norberto Bobbio la preside) y supongo que también la hay sobre lo que es ser de derechas, aunque, si escrito desde la izquierda, no me resulta mucho de fiar: no pretenden saber qué es, sino desacreditar al contrario.
En la actualidad, para América Latina y América en general, hay abundancia de textos explicando “qué debería ser” la izquierda. Vista la debacle que se está produciendo en el continente, se comprende. Hasta en los USA. Sin embargo, nunca he visto nada (aunque tal vez sea mi falta de información la culpable) sobre “qué debería ser” la derecha. Los intentos de organizar por Europa a los partidos xenófobos no me parece que sea una buena respuesta: también hay brotes de xenofobia observables, aunque reducidos, en las autodenominadas “izquierdas”.
En general, parece que no había en las derechas tanto sentido tribal como a veces presentan las autodenominadas izquierdas sin que exista un criterio para distinguirlas que tenga que ver con el contenido programático y vaya más allá de la mera pertenencia al grupo que tal cosa se autoadjudica.
Estos últimos casos me hacen pensar que el contenido de tales etiquetas (porque etiquetas son, aunque para algunas condiciones sean banderines de enganche) cambia a lo largo del tiempo, por lo menos desde la Revolución Francesa, según las circunstancias. Sin embargo, debe de ser excepcional que los etiquetados como derechas digan, como hacen sus correspondientes desde la izquierda, que afirmar la obsolescencia de tales etiquetas sea necesariamente de derechas. Eso se deja para la izquierda que, por lo que veo, tiende a ser mucho más esencialista: las ideologías “son” y los comportamientos derivados de ellas pueden observarse ya que lo hacen de manera casi necesaria. Poco siguen al bueno de Marx que decía que “no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”.
Una pregunta con trampa: El Brexit ¿fue de derechas o de izquierdas? ¿Y el Catalexit? ¿Porque lo propone un partido u otro o porque hay algo intrínseco en tales propuestas que lo hace etiquetable de una manera u otra? Recuérdese, para el Catalexit, que es propuesto (e igualmente rechazado) desde derecha, izquierda y extrema izquierda.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Puede verse aquí nn viejo texto sobre izquierda y derecha en América Latina usando la misma metodología que el primer texto que cito. Y este un texto actual, a partir del triunfo de Bolsonaro, sobre el progresismo latinoamericano, sus errores y sus retos. Excelente: está escrito por amigos míos. Y algo crítico sobre el abuso de "derecha" e "izquierda")

El populismo que viene

Hacen, en este trabajo, una definición de populismo que me parece que funciona y se ponen a ver cómo se distribuye y se ha distribuido el voto a partidos populistas en los últimos años. Eurocentrismo impuesto por el acceso a los datos, intentan compensarlo reconociendo que los gobiernos de otros países (Estados Unidos, India, Filipinas, Brasil y México) también encajan con la definición propuesta y tomada de un buen texto muy anterior, de 2004. Que pueden darse tanto en su versión de derechas como en la de izquierdas, es algo que conviene recordar para no caer en paranoias comprensibles pero evitables. También evitan convertir la discusión en una forma más de imperialismo cultural y, simplemente, toman una definición, la hacen operativa y se ponen a ver qué ha pasado con las elecciones en Europa de los últimos 20 años. Yo me quedé en la actualidad y por eso contrasto este trabajo con el mío y a favor de The Guardian.
Dotado de gráficos interactivos permite ver el peso que ha tenido la llamada "crisis de 2008" en el auge de dichos partidos. Y, tomando la tendencia, deja entrever que en el futuro inmediato (las elecciones al parlamento europeo en mayo de 2019) pueden obtener un incremento significativo en su presencia ya que, a día de hoy, representan una cuarta parte del total de votos emitidos, pero creciendo, y ya en algunos gobiernos donde, por cierto, se puede ver el alcance de las propuestas simplistas una vez es preciso enfrentarse a la complejidad de la realidad: se mantiene el simplismo, pero se modera. Pero eso es la política y, mucho más, las campañas electorales.

lunes, 19 de noviembre de 2018

La verdad, pero completa

Cinco titulares coinciden (Wall Street Journal, The Washington Post  o la NBCNews y añado El Mundo y El País): ha habido manifestaciones en Tijuana, México, contra la presencia de centroamericanos buscando asilo en los Estados Unidos, la llamada Caravana. Argumentos no les faltan: no hay infraestructura en Tijuana para acoger a miles de personas, algunos de los que pasan (dándole la razón a Trump) cometen pequeños delitos para sobrevivir y cosa por el estilo. Trump dijo que eran "criminales" y seguro que alguno habrá. A estos manifestantes se les puede acusar de insolidarios o de gente que defiende sus intereses inmediatos mientras la frontera refuerza sus obstáculos y deja en suspenso a muchos integrantes de la Caravana. Colas para pedir asilo y más problemas para Tijuana, comenzando por su alcalde.
No voy a discutir esos comportamientos. Me quedo en los titulares. Porque si vamos a La Jornada (periódico mexicano) lo que encontraremos es un titular referido a unas declaraciones de la próxima secretaria de Gobernación del electo presidente López Obrador: "La caravana puede poner en riesgo el nexo con EU"  y en el texto se dice que los centroamericanos son "titulares de plenos derechos". Hay, además, cuatro entradillas una de las cuales dice: "Hoy, dos marchas en esa urbe [Tijuana]: una de apoyo y otra para exigir que se vayan".
A lo que voy: los que apoyan a los centroamericanos no merecen el tratamiento periodístico que obtienen los que los rechazan. Pero, de nuevo, haberlos haylos. Eso sí: nada que ver con el vocabulario con que se narran otros hechos en el que el sesgo es todavía más claro. Aquí variados ejemplos para el caso Palestina-Israel. Perversión lingüística.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Polémica medieval

Fue la de los universales, con Abelardo, Ockham y todos aquellos que discutían si las palabras que se referían a cosas generales (los conceptos) eran meros "flatus vocis" o eran "ens rationis cum fundamento in re" o eran cosas en sí mismos. A eso me suena la polémica sobre nacionalismo y patriotismo que ha levantado Macron y que ha sido seguida o ninguneada por unos u otros. 
No voy a repetirme, pero resulta curioso el aroma medieval que tienen discusiones sobre qué "ES" el nacionalismo y qué "ES" el patriotismo. Porque la respuesta, en mi opinión, es "depende". 
Hay, en efecto, doctrinas y comportamientos constatables y observables. Cómo les llamemos será cuestión de discutirlo y lo habitual es o recurrir a una escuela de pensamiento que tiene "su" definición o, muchas veces, utilizar la definición que mejor se adapta a los intereses de quien define.
Hay, cierto, personas que creen que el mundo se divide en naciones, aunque no, como he visto citado hoy, del mismo modo con que los entomólogos clasifican a los insectos. Otros creen que las personas pueden clasificarse en "razas". Efectivamente, hay quienes creen que las naciones y las razas existen con independencia de quien observa la realidad y quienes creemos que son construcciones mentales ("cum fundamento in re", eso sí) para clasificar a las personas. 
Lo observable es que no solo se trata de herramientas para ver la manía clasificatoria de los humanos, sino que incluye algunos elementos más. Creer en la existencia de las razas suele incluir el creer que se pueden jerarquizar en razas superiores e inferiores, teniendo las primeras algo así como derechos para sojuzgar a las inferiores o, por lo menos, "civilizarlas", es decir, someterlas al modo de ver las cosas de los supuestos "superiores". 
Creer en la existencia de naciones (no se discute la existencia de los nacionalistas, que eso sí que es observable, como los religiosos son observables aunque su dios no lo sea) también suele incluir la creencia en la obligación de defender la propia frente a las demás, llegando a la inmolación ya que "morir por la Patria no es morir, es vivir" como decía el himno colombiano.
¿Patria, has dicho? Se puede definir igual que nación o se lo puede distinguir de nación por un mayor énfasis en el patriotismo hasta dar la vida por la Patria, es decir, muy cerca de la definición de nación.
En general, parece que hay definiciones buenas y definiciones malas. A las buenas se les puede exigir claridad, adecuación con alguna realidad observable y capacidad de satisfacer los intereses políticos de quien las elabora o simplemente enuncia. Puede, en efecto, suceder que uno se refiera a Patria para tratar de la lealtad a la propia, a su "grandeur", y Nación como algo que excluye a los demás, cosa que, según estos, no sucede con los patriotas. Patria para el propio país y no-nacionalismos excluyentes en la Unión Europea, siguiendo a Macron.
Por mi parte, hace ya años exploré la posibilidad de nacionalismos sub-estatales (por ejemplo, el catalán o el corso o el escocés), estatales (por ejemplo, el español, el francés, el británico) y supra-estatales (el, por ahora fallido, de la Unión Europea, pero también el de Nuestra América). No es cuestión de nombres o de palabras, sino de cosas a las que aplicamos etiquetas.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Democracia insatisfactoria

Me llegó ayer a su debido retraso The Economist del 10-16 de noviembre. Gracias a google, copio de ese ejemplar estos tres gráficos que ellos toman del Latinobarómetro, que ponen en su contexto las preocupaciones sobre el futuro del Brasil después del triunfo de Bolsonaro.
El primero es claro: la satisfacción con la democracia cae de forma visible en estos últimos años. Los que se declaran satisfechos con tal forma de gobierno no llega el 30 por ciento de los encuestados. Que lo prefieran como forma de gobierno ya no llega a la mitad de los encuestados.



El segundo también es claro, país por país: en todos los casos los satisfechos con la democracia caen notablemente por debajo del porcentaje de los que la prefieren como forma de gobierno. El caso de Venezuela, pero también el de Honduras y Guatemala, son curiosos. Pero obsérvese el puesto que ocupa el Brasil en el conjunto.



Con el típico humor de The Economist, este último gráfico muestra dos cosas. La primera, que cae la confianza en todas las instituciones sobre las que se pregunta y, segunda, que los partidos políticos ocupan el lugar más bajo en la confianza, a mucha distancia de la Iglesia, aunque ahí tal vez habría que haber especificado si se trata de la Católica o de las Evangélicas. No hay nada perfecto.



viernes, 16 de noviembre de 2018

Caveat canis

Es una vieja historia romana. Los perros fueron sacrificados por lo que sus antepasados no habían hecho o habían hecho mal. No pasará con los diversos "exit" que pueblan los medios estos días, empezando por el Brexit, pero, como suelo hacer, sin quedarme en él.
Este artículo plantea los, de momento, efectos de un proceso que ha partido en dos a la sociedad británica comenzando por los dos partidos mayoritarios y que comenzó con las exageraciones y mentiras del "process". Reducirlo todo a un "take back control", recupera el control, es, dice, una manipulación. Queda muy bien y es pegadizo, pero no responde a algunas preguntas concretas sobre el contenido de dicho control y la personería de quienes lo recuperan. Mentiras al margen.
Tal vez ahora los partidarios de quedarse sean algo más numerosos que los brexiters, pero la sociedad sigue dividida por sentimientos encontrados que tienen su propia lógica. Conviene, a este respecto, volver a la vieja idea de que hay que ver en qué condiciones materiales y demográficas se producen esos sentimientos para entenderlos de manera algo menos sesgada.
Se ha llegado a un punto en el que, hagan lo que hagan los políticos, los efectos son negativos para el conjunto de la sociedad (no para grupos concretos, como suele suceder siempre: siempre hay ganadores). Están atrapados en el juego que ellos mismos comenzaron, aunque alguno de aquellos iniciadores hayan escurrido el bulto y acaben yéndose de rositas: no serán sacrificados, ya se han encargado ellos de quedarse al margen de esta situación en la que tanto la secesión unilateral (Brexit duro) o la de las quinientas páginas de acuerdo llevan a una agudización "positiva" de las contradicciones. Encima en incremento de incertidumbre adicional en un mundo en el que economía, geopolítica (guerra incluida) y medioambiente se alían para generar una incertidumbre de base, con riesgos más que evidentes. Encima "Brexit cannot be properly articulated because it has made a sacred cause of fighting for the very thing that Brexit’s voters don’t care about". Lo de "sagrado" es muy significativo.
Los perros que no hicieron lo que debían no serán sacrificados. Tampoco sus sucesores, excepto, tal vez, Theresa May. Ya se encontrará a quién echarle las culpas como chivo expiatorio. Los judíos, tal vez, de nuevo. O los musulmanes. O vaya usted a saber.

Predicciones

Tengo un amigo que se dedica a algo parecido a la logística. Con una formación científica muy completa (investigación operativa, pero también biología y física nuclear) se dedica a modelizar empresas complejas. Dice que es lo mismo que modelizar una molécula en la que los inputs y los outputs pueden predecirse según el funcionamiento de la molécula en cuestión. Una gran empresa sería como una molécula: se sabe dónde están las necesidades de materia prima, dónde está la mano de obra, dónde están los almacenes y, más o menos, qué demanda se puede suponer para los productos de la empresa. La predicción (normativa) puede ser muy específica, incluyendo cuándo deben abrirse determinados almacenes y qué ritmo debe tener la producción para que, al final, el producto llegue en tiempo y forma al consumidor. Vale, pero no tiene en cuenta que el portero-vigilante del almacén, cuando le digan que tiene que abrir a las 7:30, reaccione con un "qué me van a decir a mí estos listillos de Madrid cuando yo llevo abriendo el almacén, los últimos 20 años, a las 8. Qué sabrán ellos".
Inventado, por supuesto, pero con una finalidad: entender que en estos modelos muy elaborados hay siempre una variable de difícil control: la libertad humana que, en muchos casos, hace impredecible su reacción.
Claro que este cuento inventado lo traigo a colación a propósito de las "predicciones" electorales que tanto entretienen a los medios de comunicación y, en silencio, a los partidos políticos que las encargan. El modelo puede ser de lo más elaborado: muestreo, tratamiento de los datos y presentación de resultados. Pero difícil resulta controlar las mentiras, olvidos, despistes y lagunas mentales de todos los entrevistados si es que la predicción se ha hecho con encuestas y no con big data. Los modelos pueden ser casi tan elaborados como los de mi amigo en la logística, pero al margen de que hay quien dice que los algoritmos son, entre otras cosas, ideología representada matemáticamente, sí parece que hay que tomar esos resultados cum mica salis, con cuidadito, y sin necesidad de entrar en interesadas disputas sobre "mi algoritmo lava más blanco" o "tu algoritmo no acierta ni una". Mejor tomarlo todo a beneficio de inventario. Con menos riesgo que la logística, por cierto.
Y un tercer caso. Anteayer tuve que ir a la ciudad con mi habitual autobús nº 23. Asuntos personales desde la boca al bolsillo. Pero tenía que ver si iba en autobús como siempre o llamaba un taxi, ya que no conduzco. La razón era la predicción de lloviznas, lluvias y chubascos justo para las horas en que tenía las dos citas, la dental y la bancaria. Como gato escaldado que del agua fría huye, recurrí a tres webs diferentes que hacen predicciones sobre el tiempo que puede hacer de inmediato. Lo de recurrir a tres era por ver los posibles acuerdos entre ellas, habiendo quedado escaldado con los fallos garrafales de una única web que seguía a este respecto: sol esplendoroso cuando debería haber habido, según la predicción, lluvia o chubasco cuando de eso nada según la predicción. Recurrir a tres aumentaba la incertidumbre, pero me podía dar una mejor información si coincidían aunque solo fueran dos de ellas. Pues caos total: escuchaba los truenos cuando la predicción había sido de cielo nuboso en las tres. Todo un éxito. Y ahí no había un vigilante-portero que, en su libertad, echaba por tierra los elaborados algoritmos del SAP. Ahí había la dificultad de predecir para la localidad lo que, tal vez, se pueda predecir para ámbitos geográficos más amplios. 
Probabilismo. Una amiga está terminando su tesis doctoral sobre unas dichosas moléculas en el laboratorio de su lejana universidad. Me dice lo mismo que diría un sociólogo (campo que están ocupando los politólogos, pero esa es otra  que tiene que ver más con departamentos universitarios que marcan terreno meando como los perros que con diferencias reales entre disciplinas). Me dice que ella puede saber, con cierto margen de error por supuesto, qué porcentaje de sus moléculas se van a comportar de una manera o de otra, pero que, a efectos de su tesis, es incapaz de predecir qué va a hacer esa molécula individual y concreta. 
Por lo que veo, los meteorólogos pueden predecir sobre grandes superficies, pero tienen gran des dificultades para hacerlo sobre territorios pequeños.
Y los de las encuestas... Ni te digo. Pero las predicciones son inevitables. Lo único es no tomárselas con fanatismo.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Fuerza militar

Una comisión en la que participan demócratas y republicanos que se acaba de publicar en el Congreso de los Estados Unidos llega a la conclusión, evaluando la política militar del presidente Trump, que el poder militar estadounidense ha decaído y que podría perder una guerra con Rusia o con la China.
Curioso que, siendo potencias nucleares las tres, la comisión no se haya planteado la posibilidad que ya se planteó durante la Guerra Fría, a saber, la MAD (loco en inglés, pero también acrónimo de Destrucción Mutua Asegurada, según se avanzó en un informe que dirigió Carl Sagan y publicó en 1984 al hablar del invierno nuclear que se produciría por un intercambio entre aquellas dos super-potencias, ahora tres).
Esta tabla con la respectiva posición en un Índice de Potencia Militar, sitúa a los tres en sus respectivos tres primeros puestos y no creo que hayan cambiado mucho desde 2017, año de la mayoría de los datos, a la actualidad:
España ocuparía el puesto 19 que, en buena parte, solo serviría para mejorar el puesto que ocupan los Estados Unidos, tal y como se calcula el índice. Pero lo que es preciso subrayar es que, a pesar de las numerosas guerras que hay en este momento en el mundo, la que tendría que preocupar de manera más general es precisamente cualquiera de esas dos que preocupan a los miembros de la comisión parlamentaria.
Estas son las otras guerras según recoge el informe Alerta 2018! de la Escola de Cultura de Pau:
Rusia aparece como conflicto interno. En general, no se trata de fuerza militar sino de intensidad de un conflicto que ha llevado a la violencia armada con más o menos participación de los tres peligrosos aunque la India y Turquía también estén en las dos listas.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Democracia maltrecha

Ya se propuso en abril y se ha vuelto a proponer en octubre. En el Congreso de los Diputados español son muchos los que quieren que su gobierno tome cartas en el asunto de la democracia en Venezuela. Se habla de falta libertades, de elecciones desarrolladas según criterios poco democráticos y hasta se habla de régimen dictatorial. Pongámoslo en perspectiva utilizando el Democracy Index 2017 publicado hace pocos meses por la Ecoonomist Intelligence Unit.
Primero, las cantidades. El informe habla de “democracias completas” (hay 19 y suponen un 4,5% de la población mundial), usa la frase “democracias defectuosas”, que no llegan a tal nivel (57, casi la mitad de la población mundial), “regímenes híbridos” (39 y 16,7%) y “regímenes autoritarios” (52 países, 34% de la población mundial).
Después, el orden. Los primeros puestos los ocupan los “sospechosos habituales”: Noruega, Islandia, Suecia, Nueva Zelanda, Dinamarca y así hasta llegar a España, que ocupa el puesto 19, casi ya en el grupo de las “democracias defectuosas” en las que está Estados Unidos, empatada a puntos en el puesto 21 con Italia. Pero, a lo que voy, en los “estados autoritarios”, ¡sí! está Venezuela, empatada con Jordania en este índice de democracia, puesto 117. Vale, de acuerdo, aceptemos que los “buenos” y los “casi buenos” se preocupen por la pureza democrática de los “malos”. Porque ya se puede imaginar quiénes están en ese grupo. Pero lo que valdría la pena considerar es el puesto que ocupa Arabia Saudí: el 159, casi ya al final de la cola. Sin embargo, incluyendo el feo asunto de Khashoggi y el todavía más feo de la guerra en el Yemen, las críticas a los sauditas son mucho menores que las que reciben los chavistas, lo cual hace pensar que la situación interna de otros países ocupa a sus señorías según y cómo. Les interesa por cuestiones locales partidistas, no por defensa de unos u otros.
Y ahí viene el tercer punto: las tendencias. El informe que estoy siguiendo constata “el peor retroceso de la democracia mundial en años. Ninguna región registra una mejora en su índice desde 2016, en la medida en que los países muestran electorados polarizados. En particular, la libertad de expresión se enfrenta a nuevos desafíos tanto desde actores estatales como no-estatales”. ¿Qué ha pasado?
Pues, en primer lugar, siempre según el informe de The Economist, está el descenso de la participación no solo en las elecciones, sino también en la política. Después, la debilidad que muestra el funcionamiento de los gobiernos acompañada de una disminución de la confianza en las instituciones que tiene, como “guinda”, la falta de atractivo de los partidos convencionales (aquí antes eran los del “régimen del 78” o del “bipartidismo”, ahora son todos). La tendencia también incluye una cada vez mayor separación entre las élites de los partidos y los electores, separación real, no la retórica que esa sigue por otros caminos ya que esas élites dicen hablar en nombre de la ciudadanía, la gente, la nación, el interés general, el pueblo y hasta el electorado. Y esa tendencia se ve agravada por la irrupción ahora desmedida de instituciones que no han sido objeto de voto y que están pobladas de expertos que no tienen que rendir cuentas a nadie más allá de su campo y, a veces, ni ahí (en economía se dan casos muy curiosos a este respecto; y en lo jucidial). Para acabar, una reducción en la libertad de expresión.
Hasta ahí el informe al que yo añadiría la política del tuit no solo por el predominio de ocurrencias y retórica, sino también por la impresión engañosa de estar participando que produce.
“Dime de qué presumes y te diré de qué careces” podría ser el tuit a propósito de este interés selectivo por la democracia de los demás. Basta escuchar a Maduro para constatar que es el Congreso español el que no funciona como debería mientras que las instituciones políticas venezolanas gozan de buena salud democrática. Recurrir a “son de los míos” o “son los contrarios” para dirimir entre unos y otros no parece que sea el mejor medio de mejorar la situación de la democracia a escala mundial.
Porque lo que late en el fondo, y preocupa a los demócratas, es el auge de respuestas autoritarias dentro de sistemas clasificados como “democracias plenas” o “defectuosas”. Mejor no reducir el problema a Bolsonaro, Trump, Orban o Salvini y sus avatares. Es que, en efecto, y más allá de estas cuantificaciones algo complicadas, hay una epidemia mundial antidemocrática.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Por lo que respecta al Positive Peace Index 2018, los extremos del “ranking” no cambian mucho, pero sí hay algunas modificaciones para lo que aquí se presenta: Los Estados Unidos ocupan el puesto 18 -mucho mejor que en el “ranking” de democracias-, España el 23, pero la gran diferencia es Arabia Saudita en el 60 y Venezuela en el 137. Tal vez el gobierno de esta última ya no tenga dinero para comprar corbetas y bombas “inteligentes” como los sauditas, a los que el gobierno español parece apoyar especialmente.
Item más: puede leerse esta breve descripción de los defectos de la democracia estadounidense. Recuérdese que Clinton tuvo más votos que Trump y que, en las recientes elecciones para el Senado, los demócratas tuvieron más votos que los republicanos, pero ganaron los republicanos. Todo ello sin ponerse conspiranoide con el "gerrymandering", los trucos para evitar que voten los posibles contrarios y las sospechas sobre algunos sistemas informáticos para el recuento no verificable de los votos)

Calentamiento global: por fin

Es constatable dicho calentamiento. Lo del cambio climático hay que dejarlo a los modelos matemáticos que lo anuncian para pronto si no se hace nada para evitarlo o lo que se hace es firmar acuerdos internacionales que no se cumplen o, incluso, que son objeto de retirada de firmas (el caso de Trump con los acuerdos de París). Retórica o brindis al sol.
Por eso es importante reconocer las decisiones que se han tomado ahora, por ejemplo en España, y que se reconocen desde fuera, aunque todavía esté en borrador de una futura Ley de Cambio Climático y Transición Energética. No es el único gobierno que anuncia tales decisiones, lo cual hace generar algunas expectativas optimistas al respecto. Pero ahora llego con las rebajas.
Primero. Con independencia de lo bienintencionada que pueda ser esta ley, de poco sirve si otros países altamente contaminantes y productores de elementos que aceleran el calentamiento no hacen nada. En particular, los mayores productores, los Estados Unidos y la China (se discute cuál de los dos contamina más).
Segundo. Con independencia de la rapidez con que los coches no-contaminantes lleguen al mercado a precios asequibles, lo de los coches es un porcentaje pequeño respecto a otros factores mucho más agresivos que tienen que ver con el carbón. Leí, pero no encuentro ahora, que una central térmica basada en el carbón era mucho más agresiva que un considerable número de coches convencionales emitiendo contaminantes. Habrá que ver si en las diversas leyes de "cambio climático" que se están produciendo se ataca a los más fuertes o a los más débiles: no es lo mismo exigir (más o menos) a la industria automovilística y su lobby internacional que cambie de modelos que cerrar centrales eléctricas.
Tercero. La política, a lo que parece, es cortoplacista. Una ley como la española tiene efectos electorales y solo electorales. No va a imponer medidas que pongan nerviosos a los electores, todavía más cortoplacistas que sus representantes. Electores que son tanto "de los que no nos enteramos de lo que se cuece en las alturas" (entre los cuales me incluyo, visto lo que está saliendo sobre enjuagues y conjuras "en las alturas", que supongo son la punta del iceberg) como de los dispuestos a financiar partidos, medios de comunicación y grupos de presión en función de sus intereses inmediatos que suelen tener que ver con el beneficio y no con el medio ambiente. También hay partidos políticos que pagan a periodistas "afines" y es de suponer que las grandes empresas, también las petroleras, además de su accionariado, también lo hagan. Cortoplacistas todos, poco dispuestos a pensar en ese mítico aumento fatal de la temperatura media del Planeta para 2020 que ha intentado documentar el IPCC. Lo que nos digan, como esta ley a propósito de los coches, para 2040 o 2050 y que habrá que ver si se aprueba, afectará, tal vez, a mis nietas. A mí, ciertamente, no. Así que "el que venga detrás, que arree", parecemos decir.
(Añadido el 18: la propuesta española parece estar en línea con el moribundo Acuerdo de París del que ya se han dado de baja países altamente contaminantes como los Estados Unidos)
(Del New Yorker

martes, 13 de noviembre de 2018

Cosmocracia femenina

Suiza. Villa con vistas al lago. Curso de verano de seis semanas que puede costar 30.000 dólares por persona. Jóvenes de todo el mundo que tienen una cosa en común: pertenecen a familias que pueden pagar esas tasas y que quieren que sus hijas adquieran los conocimientos y comportamientos de una gran dama que acompañe a un marido, igualmente pudiente y/o poderoso, a cualquier evento mundial en el que las maneras de la alta sociedad tengan que mostrarse. No se excluye que ellas también puedan llegar a altos puestos ejecutivos acordes con sus propiedades.
Cursos o conferencias sobre casi todo: cuáles son los temas de conversación, en una comida oficial, en cada lugar del mundo, Lagos, por ejemplo; cómo dar las órdenes al servicio para que hagan las camas; cómo pronunciar palabras complicadas; etiqueta en países diversos (nada de indoctrinar en costumbres europeas: todo muy internacional pero atendiendo a las diferencias locales vistas "desde arriba"); regalos apropiados en general y en particular; y así sucesivamente.
No invento. Reproduzco de esta fascinante descripción de este costoso "curso para señoritas" (y no te digo de qué familias y de cuántos países), que seguro horrorizará a las feministas de clase media (el feminismo de estas chicas bien educadas no es para aquellas: es de clase social, no de género) y asombrará y tal vez hará abrir la boca de admiración a las mujeres de clase media-baja y clase baja que leen revistas en las que aparecen los progenitores (más bien las madres)  de estas chicas que se casarán y divorciarán "como dios manda" y llevarán una vida acorde con lo que han aprendido en la Villa. De todos modos, conviene reconocer que los padres de estas chicas raramente salen en las "revistas del corazón", donde lo que aparecen son otros figurantes para general entretenimiento.
Yendo al otro extremo, hace poco leí una diatriba de una feminista gitana refiriéndose a sus compañeras feministas payas (es decir, no gitanas). No encuentro ahora la cita, pero se enmarca en la crítica al feminismo colonial por parte de gitanas, negras y musulmanas. Es una etiqueta que refleja otra de las modas. No tanto la etiqueta de feminismo hegemónico, que esa es otra.
Pero reconozco que me ha impresionado el reportaje sobe la Villa, un lugar en el que un feminismo muestra su componente de clase y de clase a escala mundial en paralelo con la organización, a escala mundial, de lo que se ha llamado cosmocracia de la clase alta internacional. Poco nacionalista, por cierto.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Dudas secesionistas

Podría servir para el Catalexit, pero se trata, una vez más, del Brexit: contrastan muchísimo las dudas que reconcomen a las grandes empresas y a los grandes partidos no solo sobre el final de este particular "process", cómo va a acabar la negociación, sino, sobre todo, sobre las consecuencias que podría tener cada una de las alternativas todavía abiertas en la negociación entre los secesionistas y el gobierno (de la U.E.) del que se quieren separar, contrastan, digo, con las certezas con que se vendió el proyecto: todo estaba claro, "Britannia rules the waves", soberanía, extranjeros, "Bruselas nos roba" y todo aquello que los brexiters predicaron en la campaña del referéndum y que, en buena parte, siguen defendiendo frente a los que encuentran que seguir como estaban, visto lo visto, es "menos peor" que lanzarse al vacío sin conocer las consecuencias.
Sentimientos por encima de la racionalidad. Es una epidemia que explica el auge de propuestas políticas "cargadas de razón", epidemia que, por supuesto, también hay que explicar. La Ilustración francesa luchaba contra el dogmanismo. Harían falta muchos "ilustrados" para contrarrestar esta epidemia de imbuidos de la (¿falsa?) conciencia de estar en posesión de la verdad o, peor, para contrarrestar esta epidemia de mentirosos que proponen "verdades" sencillas para sacar provecho propio en términos de poder. Caiga quien caiga y pierda quien pierda. Duda metódica pedía Descartes, el pobre.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Hable la lengua del imperio

Ese era el dicho de los franquistas, recién terminada la última guerra civil española, para imponer el castellano a los que hablaban otras lenguas peninsulares como el catalán o el euskera.
Nada que ver con estos dos españoles que han sido obligados a bajar del avión "por no hablar inglés". La empresa no es "de habla inglesa", pero la lengua del imperio es la que cuenta. Antes hubo otras lenguas de otros imperios. Que la mayoría de mis citas, en el blog, sean de fuentes en inglés (como excepción, esta no lo es, y lo es en la que considero mi segunda lengua, después del castellano) es un síntoma más.

Magnicidios frustrados

Macron en Francia y Sáncez en España, presidentes de sus respectivos países, habrían estado en los planes de individuos (u organizaciones) de la extrema derecha para asesinarlos. Más serios parecen los cuatro franceses que el español, pero eso es casualidad. Para mí, lo interesante es lo que sugieren.
Primero, la idea de que un acto extremo como el planificado tiene efectos probables para los intereses políticos de sus perpetradores. No es novedad. La llamada Primera Guerra Mundial, cuyo armisticio (que no final), se recuerda estos días, también comenzó por un atentado.
Segundo, la pertenencia a la ultraderecha en ambos casos y los titubeos de las autoridades competentes respecto a la etiqueta que poner a tales planes. Una vez más, se ve que "terrorista" es una etiqueta problemática que se usa según convenga ya que se desconoce la definición exacta con la que intentar calificar el plan (que no el hecho).
Tercero, la vigilancia, sobre todo en el caso francés, de los investigados. El caso español, con vigilancia también, se desata ante la denuncia de una militante de ultraderecha. En todo caso, parece claro que la vigilancia de chats políticos es un hecho, pero que cada vez va a ser, para la policía, más difícil abarcar.
Cuarto, que en ambos casos aparecen personajes con acceso experto a las armas. Es imaginable (por observable) qué sucedería (o sucede) si se partiera (como se parte en USA) del principio del derecho de todo individuo a llevar armas.
Quinto, que la ultraderecha (en sus márgenes si se prefiere) sigue organizándose.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Lo vi con mis propios ojos

Ese suele ser un criterio de verdad: si lo he visto, es que es así. Maticemos.
Primero, lo que vi puede haber sido manipulado. Un periodista de mi edad ya me explicaba hace muchos años que no te podías fiar de todo lo que se veía en televisión ni, añadía como periodista de una radio, de todo lo que se escuchaba en la radio. Un caso reciente: la Casa Blanca (quién en concreto no está muy claro) habría manipulado el video que muestra al periodista de la CNN, Jim Acosta, tratando de manera desconsiderada a la azafata que intentaba quitarle el micrófono con el que estaba discutiendo con el presidente Trump. El video era un argumento para legitimar la retirada de credenciales al dicho periodista que ya no podrá participar  con sus preguntas incisivas y molestas en las ruedas de prensa presidenciales. Encima, dicen, la manipulación es burda, pero, por lo visto, suficiente para que cuele.
En un viejo libro, ya descatalogado visto su escaso éxito, recogí ejemplos de cómo se practicaba (y se practica) la manipulación informativa. Además de lo que tenía que ver con la Guerra Fría, enumeraba algunos casos de imágenes falsas proporcionadas voluntaria o involuntariamente en el contexto del 11-S y la posterior invasión de Afganistán y la guerra de Irak. Lo de involuntariamente se refiere a los casos en que las televisiones habían echado mano a una imagen para ilustrar una noticia, imagen que nada tenía que ver con la noticia (mujeres palestinas supuestamente alegrándose por el 11-S, pero en realidad alegrándose por la boda que se estaba celebrando). Las voluntarias incluían a aquella pobre enfermera que, llorosa, denunciaba las tropelías del ejército iraquí llevándose unas incubadoras con los niños dentro que resultaba ser una imagen de estudio y la enfermera una familiar de un miembro una embajada árabe en Washington. Casos tal vez extremos, pero no por ello menos significativos.
Y un caso personal: una vieja canción me ha traído a la memoria la imagen de una fiesta en La Paz, Bolivia, con otros tres amigos. La imagen es muy vívida y recuerdo con detalles la distribución de los cuatro en la habitación, trago va, trago viene. Y hasta trozos de la conversación. Sin embargo, esa viveza de la memoria no es garantía de que lo que recuerdo sea exactamente lo que vi. La memoria, y más la visual, no es buena consejera. Aun así, sigo escuchando la canción, faltaría más. Lo vi con mis propios ojos, pero, a esta distancia de más de casi cincuenta años, no debería estar tan seguro de que, efectivamente, lo vi. Intrascendente más allá de lo personal, no como los otros casos que cuento.

viernes, 9 de noviembre de 2018

Nubarrones

Por un lado
De este modo, Otero ha argumentado que el problema radica en que la única preocupación de los políticos es quién ganará las próximas elecciones y el cortoplacismo, lo que lleva a que "a ninguno le interesa dónde estaremos en diez años": "Todo el mundo piensa en lo inmediato y nadie piensa en el bien común. Eso es un gravísimo y peligroso problema", ha afirmado.
Otero ha puesto el ejemplo de Cataluña, un tema en torno al cual se vierten "mensajes incendiarios extraordinariamente preocupantes" que llevan a preguntarnos a dónde vamos: "Le hablan a su electorado que además ya está convencido, ya les van a votar", ha resaltado.
Y por otro y generalizando
Quizá siempre fue así: la política reducida a un ejercicio de demagogia y demonización de aquellos que no comulgan con el líder. Es visible en las dictaduras y en los regímenes autoritarios, algo menos en las democracias. Vivimos tiempos de mutación en Estados Unidos, Brasil, Italia, Hungría, Polonia... Hubo señales de peligro entre las dos guerras mundiales y nadie las tomó en serio.
Si el primer recorte se refiere a España, este segundo pone en contexto al caso Trump.  Generalicemos:

The 1930s saw
  • the rise of xenophobia and nationalism 
  • in the context of prolonged and protracted economic strife, 
  • the lingering impact of World War I, 
  • weak international institutions 
  • and a desperate search for scapegoats. 
The 2010s has notable parallels:
  • the protracted fallout of the financial crisis, 
  • the clamour for protectionism, 
  • ineffective regional and international institutions, 
  • and a growing xenophobic discourse that places virtually all blame for every problem on some form of Other. 
In the 1930s the politics of accommodation gave way to the politics of dehumanisation, war and slaughter.
Pues en esas estamos. Los nubarrones parecen claros. Por lo menos, verosímiles. Pero mucho más claro es que los políticos tengan otras preocupaciones. Y ese es el peor de los nubarrones.
(Pensar en el futuro, por desgracia, no es suficiente: la cuestión es saber de qué futuro se trata)

jueves, 8 de noviembre de 2018

No es religión

Hay una cierta tendencia a explicar los casos de xenofobia como casos de rechazo a las creencias de los que son rechazados. Casos particulares la islamofobia y el antijudaísmo. Pero el aspecto religioso entra (claro que entra) pero en un segundo tiempo: no son todos los musulmanes ni todos los judíos los que entran en episodios de xenofobia. El caso de los musulmanes es particularmente claro: son los musulmanes-árabes de clase baja los que son rechazados. Los jeques que contratan todo un piso del mejor hotel de la ciudad e imponen sus reglas de funcionamiento al benevolente hotel no son objeto de rechazo sino de bienvenida (y estoy hablando de un caso que conozco gracias al director del hotel en cuestión)
Todavía es más claro cuando el que rechaza y el rechazado pertenecen a la misma religión y entonces el recurso a las creencias deja de aparecer. Se podría pensar que los rohingya son rechazados en la antigua Birmania por los budistas. Sea, aunque, de nuevo, no creo que el tema religioso sea el central aunque pueda aparecer como banderín de enganche. Pero es difícil atribuir cualquier papel a las etiquetas religiosas en un caso como este: la musulmana Arabia Saudí expulsa a los refugiados rohingya (tan musulmanes como los anteriores, aunque, eso sí, no sé si son tan suníes o wahabitas como los sauditas, pero esa es otra cuestión y tiene que ver con Irán). Extremo: el retorno de estos musulmanes al Myanmar budista les aterroriza.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Globalización renqueante

He comprado en la ferretería del pueblo una masilla. Fabricada en el Uruguay, distribuida en Bolivia, Paraguay, Chile y Costa Rica e importada por una empresa de Valencia. Con la globalización hemos topado, Sancho amigo.
La globalización puede ser descrita, y así lo hizo la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa como “la cada vez mayor integración económica de todos los países del mundo como consecuencia de la liberalización y el consiguiente aumento en el volumen y la variedad de comercio internacional de bienes y servicios, la reducción de los costos de transporte, la creciente intensidad de la penetración internacional de capital, el inmenso crecimiento de la fuerza de trabajo mundial y la acelerada difusión mundial de la tecnología, en particular las comunicaciones”. Cosa reciente, como bien se sabe. Pero no.
“La gran industria creó el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América.  El mercado mundial imprimió un gigantesco impulso al comercio, a la navegación, a las comunicaciones por tierra.  A su vez, estos, progresos redundaron considerablemente en provecho de la industria, y en la misma proporción en que se dilataban la industria, el comercio, la navegación, los ferrocarriles, se desarrollaba [la gran industria], crecían sus capitales [...]”
“La [gran industria], al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita. Entre los lamentos de los reaccionarios destruye los cimientos nacionales de la industria. Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por otras nuevas, cuya instauración es problema vital para todas las naciones civilizadas; por industrias que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino las traídas de los climas más lejanos y cuyos productos encuentran salida no sólo dentro de las fronteras, sino en todas las partes del mundo.  Brotan necesidades nuevas que ya no bastan a satisfacer, como en otro tiempo, los frutos del país, sino que reclaman para su satisfacción los productos de tierras remotas. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba a sí mismo y donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones. Y lo que acontece con la producción material, acontece también con la del espíritu. Los productos espirituales de las diferentes naciones vienen a formar un acervo común.  Las limitaciones y peculiaridades del carácter nacional van pasando a segundo plano, y las literaturas locales y nacionales confluyen todas en una literatura universal”.
No usan la palabra “globalización” pero el avispado lector habrá reconocido el contenido, al que solo he introducido dos pequeñas modificaciones para hacerlo comprensible. Pero resulta ser de 1848. Sí, sí, 1848 y, como los pocos rojos del lugar habrán registrado, del Manifiesto Comunista de Marx y Engels. Pues ni eso.
El presidente Trump se ha declarado, recientemente, nacionalista. En contra del globalismo. America first, final de la hegemonía. Obsérvese, de paso, que nacionalista se puede ver como miembro de una supuesta nación buscando su Estado, pero también como miembro de un frágil Estado buscando su nación. Nada, pues, de mercado mundial en cuyos residuos se introducen con entusiasmo cuotas y aranceles, por lo general por parte del fuerte contra el débil. Nunca de igual a igual y todo ello sin olvidar los efectos del intercambio desigual entre proveedores de materias primas (los de abajo) y los de productos manufacturados (los de arriba), con lo que los primeros se empobrecen y los segundos se enriquecen.
Cuando se toman en consideración todos los factores de producción, a saber, capital, materia prima, mano de obra, tecnología, y gestión empresarial, las “globalizaciones” adquieren su propio sentido. La hay, y tanto, en el terreno del capital: movimientos mundiales libres legales e ilegales en todas direcciones y a todas horas. La materia prima es algo más problemática ya que hay algún que otro monopolio o parecido a escala mundial que gestiona los precios. La mano de obra NO está globalizada: las fronteras cada vez parecen más muros infranqueables. La tecnología y las técnicas de gestión se exportan del centro a la periferia generando una mayor dependencia e introduciendo controles en los pocos flujos “globalizados” que quedan. Los productos finales, ya lo he dicho, sufren cada vez más de cortapisas a su flujo libre.
Quedan dos globalizaciones: la del medioambiente y su riesgo no para el Planeta, sino para la especie humana y la de una tradición que une humanistas como Terencio, San Agustín, Montaigne, Marx, Nietzsche o Unamuno. Pero somos cuatro gatos. 
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Aquí un excelente artículo analizando los factores que han llevado a muchos estadounidenses a apoyar el proteccionismo anti-globalización del que Trump es apóstol, pero no causante. Se refiere a la mundialización del país en el terreno del comercio, la inversión y, sí, la inmigración y los efectos que ha tenido en el constatado aumento de la desigualdad y en el aumento del miedo y la ansiedad ciudadana haciendo que esos ciudadanos se retiren al refugio de las identidades no solo nacionales-nacionalistas como antídoto a tal globalización (en paralelo, Trump, como se cita más arriba, declarándose "nacionalista" y no "globalista" y cada vez más xenófobo y más en esta campaña electoral). Como sus autores piensan que la globalización, a pesar de ello, es beneficiosa no solo para el país, proponen medidas para reducir sus efectos negativos: políticas redistributivas, inversión pública en la educación primaria y la formación profesional e impuestos a las empresas que sí se han beneficiado de esa mundialización del país)