jueves, 4 de octubre de 2018

Una explicación sencilla

El hecho es que la crisis que comenzó hace algo más de diez años ha sido seguida por el auge del nacionalismo, populismo, xenofobia y hasta racismo y sus múltiples combinaciones más allá de la distinción convencional derecha-izquierda: ahora hay nacionalismos de derechas y de izquierdas como hay populismo de derechas y de izquierdas, si es que se le quiere dar un sentido a tal palabra y preguntarse, a estas alturas, ¿qué tendría que hacer la izquierda?, sin añadir si sería izquierda populista o no.
Obvio que este auge tiene raíces diferentes en cada contexto: no es lo mismo Suecia que Cataluña, AfD que la Lega. Pero aquí se da una explicación sencilla: 1. hubo una crisis financiera causada básicamente por las mismas entidades financieras que dijeron sufrirla; 2. los gobiernos acudieron presurosos a salvar a bancos y entidades financieras para lo cual aplicaron políticas restrictivas, recortes sociales y produjeron desempleo, después de ayudar a los ricos a que pagasen menos impuestos; 3. los afectados se retiraron, en plan defensivo, hacia lo propio, las identidades (que suelen ser identidades "frente" a algo o alguien); (añado 4). gobiernos con problemas para seguir en el poder o partidos en la oposición que encontraron una oportunidad de llegar al mismo, usaron esta retirada, más emocional que real, para afianzar sus votos o evitar que los contrarios votasen; 5. cuando los ciudadanos (pueblo, nación, gente) protestaron por los recortes, se les dijo que era la globalización y Bruselas (o algún que "otro" centro, como pudo ser Madrid para los nacionalistas catalanes); 6. antiglobalización y anti-bruselas se convirtieron en un ingrediente más del punto 3 (el mejor ejemplo manipulatorio sigue siendo el "no al globalismo, sí al patriotismo" de Trump ante Naciones Unidas).
El asunto no termina ahí: como el aprendiz de brujo, estos procesos de raíz real y de manipulación política todavía más real son difíciles de detener ya que se autoalimentan y retroalimentan. Por supuesto los responsables se irán de rositas, pero eso no es lo que me ocupa ahora.
Lo que me ocupa es la necesidad de distinguir lo local de lo mundial, sabiendo que distinguir no es separar. Lo local explica las características que ha adquirido el proceso general, pero el proceso es mundial o, si se prefiere (y tal vez sea más apropiado) "occidental". 

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