miércoles, 3 de octubre de 2018

Teatrea, que algo queda

Algunos escándalos que han poblado la escena mediática, con independencia de su base real y su gravedad, tienen toda la pinta de ser tácticas para lograr objetivos políticos que de otra forma no parece que se vayan a conseguir (impedir, por ejemplo, que Kavanaugh llegue a la Corte Suprema lo que supondría una holgada mayoría de conservadores en la misma) o descargar agresividades producidas por una frustración previa (algo así como el “venganza catalana te alcance” que todavía utilizan en los Balcanes, pero que ahora se refiere a los efectos de haber sido inesperadamente desalojados del gobierno en Madrid). Otros son más complicados. Vayan algunos ejemplos.
Uno transitorio: las risas que, en la Asamblea de las Naciones Unidas, respondieron al alarde, por parte de Trump, de sus incontestables y exclusivos éxitos. Han sido usadas tanto para hacer ver el carácter del personaje como para desacreditar otra vez a la institución en que se produjo. Que si ha mentido, que ya no se sabe cuándo miente, si cuando dice A o cuando dice no-A, que cómo ha dado una posterior versión fantasiosa de los hechos y así. Problema: haciendo central dicho tema, se evita hablar de asuntos más espinosos como el papel de China en estas elecciones parciales en los Estados Unidos, la posición estadounidense respecto a Irán o Venezuela e incluso las distintas “guerras” planteadas o ya en curso (desde las comerciales a la de Yemen). Como diría el clásico, “como las paga el vulgo, es justo hablarle en necio para darle gusto”.
Tenemos, después, la sucesión de escándalos y escandalillos que afectan a la clase política en general, a la ministerial en particular y a la catalana (Catalexit) más en particular todavía (volvemos al 3%, añadimos Puigdemont y PDeCAT en Europa y despistamos con movidas callejeras). Podemos recordar, en este caso, el “panem et circenses”, las dosis que había que aplicar al pueblo para que estuviese tranquilo y que aquí podemos dejar en solo circo. No es cuestión de negar los hechos (por cierto, la primera reacción que suele producirse, por lo menos desde la del exministro Soria), sino de preguntarse si no ocultan asuntos más complicados que no solo son los de las bombas láser para Arabia Saudita (quién lo decidió, cómo, por qué, qué efectos tendrá en las arcas públicas su reposición), sino temas todavía más espinosos como los presupuestos (a qué coste, por lo menos pensando en lo que van a recibir en Cataluña), las pensiones (diga lo que diga el “pacto de Toledo”), exclusión, medioambiente, desahucios, sin-techo y las elecciones inmediatas (las locales) y las que las rondarán (las generales). Por supuesto, como ya he dicho, sin excluir la vendetta entre mafiosillos y, como ya publiqué, recordando que estas “cloacas” que ahora aparecen no se producen “abajo” de la sociedad, sino arriba, incluido el uso y abuso de “modelos”, es decir, de putas de lujo, se vayan a sindicar o no. Pensar que se trata de hechos aislados es no entender cómo funcionan las sociedades jerarquizadas como las nuestras, con unas cúpulas en las que todo vale y una ley implacable para los “de abajo” (abajo donde no están los que se compran un chalet de 600.000 euros después de haber criticado a un adversario político por haberse comprado un apartamento de 600.000 euros).
Finalmente, está la impresionante acumulación, en días, de asesinatos de mujeres por parte de sus parejas o exparejas. Tiene elementos comunes con los dos anteriores. En primer lugar, su uso teatral: es muy importante hacer una manifestación en silencio de puros espectadores que termina con unos aplausos, unas declaraciones del político de turno diciendo que “qué barbaridad” y una ausencia total de análisis del problema más allá de su fácil etiquetado (que no análisis) como violencia machista, violencia de género o terrorismo machista (que de todo se ha oído). “De te fabula narratur”, esto también se refiere a ti, sobre todo cuando se incluyen, entre las víctimas, a niños, ancianos y hasta un marido a manos de su pareja. No vendría mal reconocer, como se ha hecho marginalmente, el problema no de los jueces sino de la Justicia. O darse cuenta de que, otra vez, hay que ver de dónde sale esa agresividad asesina y que puede venir no de ideologías (machistas, por supuesto) sino de situaciones de marginación y desempleo. El que esta violencia aparezca tanto entre inmigrantes como entre nativos, tendría que llamar la atención. Somos todos los que estamos ahí. Como en los casos anteriores, aunque no lo parezca. 
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Aparecido el lunes pasado en El País. Obsérvense los tiempos del verbo y la causa de los males ya en el titular. El gráfico también es sugestivo.

La policía evaluará el riesgo de asesinato de las víctimas del machismo

(Sobre la vivienda, en particular en Cataluña, aquí)

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