domingo, 28 de octubre de 2018

Para leer periódicos

Antes de quedarse con la lectura de los titulares de los periódicos (en papel o en pantalla), aconsejo leer este artículo que, aunque se refiere a la prensa de Madrid, seguro que, con los convenientes cambios en los ejemplos, se puede aplica a otros muchos lugares. Cierto que a los Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Italia y Portugal que sigo con relativo interés. Bolivia, el Perú, Ecuador y México los sigo con algo más de parsimonia. Nadie es perfecto.
El artículo muestra con ejemplos las diferencias entre los titulares de aquellos periódicos según la orientación del medio. Espectacular. La vieja distinción entre opinión e información se rompe ya en el titular. Y los ejemplos de burda manipulación también se proponen. Y asombran al desprevenido.
Las motivaciones de tales desaguisados contrarios a lo que se supondría que es el periodismo son claras: políticas, electorales, ideológicas. Pero hay más motivaciones.
Las he encontrado, a escala local, ya no prensa madrileña o extranjera, en una amigable charla de sobremesa con jóvenes viejos amigos (algunos de ellos, antiguos estudiantes míos, hoy situados en atalayas desde las que pueden ver cómo son y cómo se presentan las cosas). Uno de ellos tiene la información de primera mano sobre un asunto que ocupa páginas en la prensa local. Dado el nivel de confianza mutua que reina en la mesa, no hay razón alguna para que manipule o mienta. Y cuenta de qué va el asunto, su importancia, trascendencia y hasta su posible comparación con casos similares. Pero un periódico local ha hecho bandera de tal tema (no es la primera vez que lo hace) y lo hace como un buen periódico madrileño: exagerando, callando, aderezando, maquillando. Todo para que pueda estar en primera página y... vender más periódicos ya que el asunto afecta (o dicen que afecta) a muchas personas.
Además de ideología, los periódicos tienen dueños (personas, familias o accionistas) y viven de vender lectores a los anunciantes privados y de dar toques de atención a los anunciantes públicos. Para vender periódicos extra los medios son sencillos: el miedo, el exceso, la tragedia, la amenaza. Nada que objetar: "España y yo somos así, señora". Y si para conseguir esa desazón que lleve a la lectura es preciso cargar las tintas, contar de modo sesgado la historia, exagerar riesgos, pues mejor que mejor. No es la primera vez que tal cosa sucede ni será la última. Está en las reglas del juego. De hecho, una de las veces anteriores me hizo recapacitar sobre el papel de la prensa y mi papel y dejé de escribir aunque después volví, pero eso no tiene por qué ser interesante para alguien que no sea yo.

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