lunes, 29 de octubre de 2018

Ni mejor ni peor

Sigo encontrando textos que confrontan a los pesimistas (dominantes) con los (nuevos) optimistas (minoritarios). Este párrafo es expresivo de los argumentos de los optimistas:
The world does indeed face challenges. Yet by almost any measure, life for most people has been getting better in almost every way. Levels of war and conflict are near historic lows. People are living longer and healthier lives and are better educated than ever before. Incomes for most families are higher than at any time in history. One billion people around the world have been lifted out of extreme poverty in the last two decades, and although income inequality has worsened within many Western countries, across the globe, income is more equal than it has been in centuries. Far fewer people than ever go hungry, and the world now grows more food than it needs. Women have more opportunities, democracy has expanded, and basic human rights are more widely respected than ever before. Electricity, automobiles, the Internet, modern medicines, and simple conven-iences have made most people’s lives far easier than their great-grandparents could have imagined. And after centuries of being largely confined to the West, since the 1980s, such benefits have spread across the world—not just to China and India but also to Brazil, Chile, Costa Rica, Ghana, Indonesia, Malaysia, Mongolia, Mozambique, Peru, South Africa, South Korea, and dozens of other countries.
Hay desafíos, sí, pero mire la lista de temas en los que hemos mejorado, nos dirán. Por mi parte, insisto en mis trece.
Primero, no es lo mismo constatación de lo bien que estamos que predicción de cómo vamos a estar. La lista que antecede es de logros que, de por sí, nada dicen de cuál vaya a ser la inmediata situación a considerar. No son tendencias que se puedan extrapolar. Son constataciones sobre alguno de los aspectos actuales que se pueden considerar como "positivos" y que, a diferencia de las predicciones o previsiones de los pesimistas, sí que se pueden comprobar empíricamente. De alguna forma, el futuro nunca llega: siempre estamos en el presente.
Segundo, nadie asegura que esas supuestas tendencias "positivas" sean las únicas. El libro de Madeleine Albright sobre los fascismos contemporáneos puede ser un buen antídoto para los excesos de optimismo que pueden llevar a la autosatisfacción y desresponsabilización. Por supuesto, están esos 12 años que, según el IPCC, nos separan de esos fatídicos grados centígrados de temperatura del Planeta que hagan irreversible la tendencia hacia problemas mucho más importantes para la especie humana (no para el Planeta que, de desaparecer dicha especie destructora y suicida, respirará aliviado si se me permite el antropomorfismo). En general, están los elementos de lo que he llamado "el desorden mundial" y he recogido en una serie de diapositivas en este blog, ahí a la derecha. Vale, podemos dejarlos en desafíos.
Finalmente, esos "mayoritarios" y "minoritarios" con que he empezado (reflejando, de alguna manera el vocabulario de los "minoritarios") son términos engañosos. La mayoría, los cuantitativamente mayoritarios, no está interesados en ninguno de esos temas. Ni en los positivos (que nos harían muy felices y nos dejarían contentos y tranquilos) ni en los negativos (que no dejarían preocupados y es posible que algo ansiosos, demasiado alejados del gratificante "pensamiento positivo"). En términos hedonistas, lo primero es preferible a lo segundo. En términos prácticos no, si el constatar los avances ayuda a la tendencia dominante que es la de no plantearse los desafíos ya que tenemos cosas inmediatas más importantes en qué ocuparnos (he tenido un par de reuniones con personas ocupando puestos relativamente altos y no ha salido en la conversación -que lejos de mí la funesta manía de pretender dirigir- ninguno de estos asuntos). Pero bastante tienen con intentar resolver los problemas locales (espacio) e inmediatos (tiempo) como para plantearse los mundiales y mediatos, futuros más o menos inmediatos.
Tal vez sea cierto: ningún pueblo se plantea problemas que no pueda resolver. El pueblo planetario incluido. Si es así, qué menos de sonreír ante la buena voluntad de los "nuevos optimistas" que o se centran en lo local e inmediato o borran lo mundial-determinante y amenazante. Puestos a caer, mejor hacerlo cantando en el precipicio si no hay alternativa. Sarna con gusto no pica. Y mucho menos la futura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario