martes, 9 de octubre de 2018

Largo me lo fiaís

El nuevo informe del IPCC sobre el calentamiento global (viene con algún resumen en castellano) ha suscitado los previsibles comentarios. Se trataría de un informe exagerado, insuficiente, serio, científico, apocalíptico, grave, que se queda corto (táchese lo que no proceda). Hay un punto en el que me parece apocalíptico: como se ha subrayado, el informe afirma que, si no se hace nada para evitarlo, quedan 12 años para que se produzca una tremenda catástrofe planetaria. Y, se añade, los dirigentes tienen "la obligación moral" de hacer algo para evitarla. Ahí es donde reside el motivo de mi perspectiva apocalíptica: no lo harán. Con obligaciones morales no se consigue mucho.
Por lo menos, es altamente improbable que hagan algo para evitar esa catástrofe del 1,5 o del 2ºC. Está fuera de su lógica que estén por la labor o sean, como los republicanos estadounidenses y su mascarón de proa Donald Trump, negacionistas.
En doce años caben un par de campañas electorales y, por lo menos, una docena de juntas de accionistas. La lógica de ambos encuentros no es precisamente la de poner en práctica las recomendaciones del IPCC que, como dicen algunos ecologistas, ya son de por sí insuficientes para evitar la catástrofe.
Política y gran empresa tienen, muchas veces, muchas más relaciones de las que se reconocen. La lógica de la empresa es el beneficio a corto plazo (aquello de "la acumulación incesante de capital", donde lo "incesante" es determinante y distingue este sistema de los que le han precedido). En ese contexto, 12 años son muchos años si en los 6 primeros han que reducir el beneficio. Recuérdese, a este respecto, las acusaciones que se han dirigido a algunas grandes empresas energéticas que supieron relativamente pronto de la posibilidad de un cambio climático y ocultaron de manera sistemática los datos: de momento, el beneficio.
Pero no es que la política esté exenta de dificultades a no ser que se trate de una dictadura. Está, claro, su dependencia en algunos casos respecto a las grandes empresas. Pero también está en su lógica actuar para ganar elecciones, no necesariamente para salvar el Planeta dentro de un tiempo -no ahora-. Los medios que pueden proponer en un programa electoral con probabilidades de salir ganando pueden ser puramente cosméticos (basuras, tráfico), retóricos o ser  totalmente ajenos a las preocupaciones del IPCC (inmigranrtes, nacionalismo -que por cierto, también va en contra de lo que temen los del IPCC ya que, si no hacen nada, su "nación" tendrá ventajas competitivas con los que sí hacen algo). Hay, ues, cosas más importantes (es decir, que dan votos) que reducir las emisiones de CO2.
Lo que resulta apocalíptico es el sistema mismo y sus dificultades para enfrentarse al futuro incluso inmediato. No te digo si el "tipping point" se sitúa en 2050 o en 2100. Para entonces, todos calvos. Y el que venga detrás, que arree. Apocalipsis asegurado, a no ser que no haya calentamiento global y que la duración de este no lleve a un cambio climático como aseguran los negacionistas, claro. Si no, dicen, algo habrá que hacer.

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