sábado, 6 de octubre de 2018

Kavanaugh

El resultado que se produzca hoy es previsible después de la votación de ayer 51-49: el candidato del presidente Trump entrará a formar parte del Tribunal Supremo, dando así una duradera mayoría conservadora en el mismo.
Los contrarios dicen que es un mentiroso, que ha mentido bajo juramento, que probablemente ha participado en francachelas cuando universitario y que posiblemente ha tenido escarceos sexuales de los que es acusado ahora. Los favorables se quedan con afirmar que están convencidos de que actuará siguiendo la Constitución y, aunque no lo digan, que para algo lo propone Trump.
Me llaman la atención dos cosas. La primera es la débil separación de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) que muestra el asunto, con lo que la calidad democrática, por lo menos en su definición clásica, deja mucho que desear. Va al judicial el que obtiene los votos de un legislativo con mayoría suficiente para hacer lo que manda el ejecutivo. No es un caso raro. Pienso en Bolivia o en España. Pero, una vez más, hay que reconocer que la democracia es el peor de los sistemas, exceptuando todos los demás. Bajo una dictadura la separación de poderes ni se plantea.
La segunda tiene que ver con el relativo peso de las ideologías en las decisiones políticas. Cierto que, con distritos uninominales, el congresista se debe más a su circunscripción que en el caso de que hubiera sido elegido en listas cerradas y bloqueadas dictadas por el partido, porque entonces se debe al partido por encima de la circunscripción en la que es elegido. Pero me intriga que algún demócrata haya votado con los republicanos.
Y más me intriga que alguna congresista, Susan Collins, haya votado a favor de ese candidato, objeto ahora de manifestaciones y declaraciones de corte feminista claro y distinto. No tanto que otra republicana, Lisa Murkowski, ha votado en contra. Por supuesto que el feminismo es un movimiento heterogéneo, no solo en apoyo en clases sociales sino, sobre todo, en contenidos ideológicos. La división clásica derecha-izquierda también muestra heterogeneidades en cada uno de sus extremos. Además, hay mujeres feministas -generalmente de clase media-, varones feministas -pocos pero reales-, varones machistas -claro- y, no se olvide, mujeres machistas -probablemente en los dos extremos sociales-. Las mujeres (como los varones) no son un grupo monolítico.
La calle y el "clamor popular" (que no tiene que ser popular por necesidad y sí muchas veces por pura retórica) no son el único determinante del comportamiento político. Tampoco la ideología que se le supone. Eso queda para otros ámbitos.
(Por la noche, 16:30 en USA: confirmado el nombramiento en un Senado dividido que refleja un país dividido al respecto. Pero estoy de acuerdo que una Corte Suprema dividida por criterios políticos reduce su legitimidad. )

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