lunes, 8 de octubre de 2018

Entusiasma y ya verás

El gobierno de Bolivia ha estado pleiteando con el de Chile a propósito de los territorios perdidos cuya recuperación habría supuesto su acceso al mar. La última ha sido ante el tribunal de La Haya que, simplemente, ha dicho que la negociación no es obligatoria (el derecho no la obliga), pero que la aconseja. Es decir, que no da la razón al gobierno de Bolivia.
Dos reacciones de peso desde el campo boliviano (un expresidente en la oposición y un jurista y exdiplomático boliviano) y una reacción marginal del presidente chileno (ver el segundo recuadro, el resto no hace al caso).
Si entiendo bien, el gobierno boliviano concitó excesivas esperanzas en el posible fallo, incluso por encima de lo que el mejor de los fallos podía haber dictaminado. Entusiasmo nacionalista, pues, que, por lo visto, y sin irme muy lejos de mi ventana, es relativamente fácil de suscitar y muy difícil después de gestionar si las cosas no funcionan como tendría que haber funcionado el paraíso prometido por los políticos. No dudo de la cabeza fría de los políticos, aunque hay motivos serios para dudar y pensar que ellos también se creían la Arcadia que estaban prometiendo y que dependerían sencilla y únicamente de un fallo o una decisión retórica por parte gubernamental. Tanto da. Lo que importa es que estos entusiasmos colectivos que se retroalimentan pueden ser como el aprendiz de brujo, que después hay que darle mucho a la imaginación para proporcionar un antídoto para los frustrados en sus sentimientos provocados y manipulados. Frustración que podría llevar a la violencia, aunque sea callejera, como podría llegar a pasar en Cataluña o ha pasado ya con los CDR y la policía autonómica (los mossos).
Hay una forma perfecta para provocar estos entusiasmos: estar en la oposición, cuando toda promesa es gratis (como las de Vox en las Españas estos días) y, en el caso de llegar al poder (como AMLO en México), siempre habrá razones para esconder, bajo el entusiasmo provocado por la victoria, la falsedad o imposibilidad del paraíso prometido. Paraíso perdido sin haberlo tenido nunca o, sencillamente, trasformación en paraíso una vieja situación convenientemente decorada para que nos podamos entusiasmar con su mensaje.
(Añadido el 9: Versión de un ex-embajador uruguayo ante el gobierno de Bolivia hasta 2016)

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