miércoles, 3 de octubre de 2018

Cabezas frías, pies calientes

Piden cabezas frías ante lo que puede ser una debacle: el Brexit. Pero es difícil mantenerlas en ese y en muchos otros casos (pienso en las Españas en este octubre y en Bolivia después del fallo de La Haya). Pero es difícil.
Primero, por pura inercia. Se han tomado decisiones en pleno acaloramiento y es complicado dar marcha atrás en estos fervores. Sostenella y no enmendalla. 
Segundo, por cuestiones históricas. El ardor guerrero se ha basado, ciertamente, en sentimientos pre-existentes, pero no hace falta mucha información para darse cuenta de que fue azuzado por intereses partidistas en una determinada coyuntura. Y decir "intereses partidistas" significa el objetivo de mantenerse en el poder o, en el caso de que se esté en la oposición, lograrlo. Los que convocaron consultas del tipo referéndum o los que hicieron exaltaciones a propósito de cuestiones legales.
Tercero, como acabo de insinuar, por cuestiones políticas, es decir, en el manido medio de conseguir consenso que es recurriendo a sentimientos básicos, no a cabezas frías. Las "cabezas frías" no movilizan y, en determinadas circunstancias, lo que se pretende es movilizar. Si se ha producido un revés para el poder, sus creyentes, convenientemente entusiasmados previamente, seguirán creyendo con fe ciega, contra toda evidencia.
Cuarto, por cuestiones no-éticas. Engaño, mentira, manipulación, marquetineo, falsedad como medio corriente y poco ético de relacionarse desde el poder con la ciudadanía, la nación, el pueblo, el electorado, la gente (táchese lo que no proceda, pero recuérdese que no son palabras con implicaciones diferentes).
Los nacionalismos, estatales y sub-estatales, no facilitan la difusión de cabezas frías necesarias para el acuerdo, desbloqueo, colaboración, diálogo. Un buen ejemplo: la cabeza no-fría del presidente actual de los Estados Unidos, nacionalista y patriota (sí, sí: no globalismo, sino patriotismo).

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