miércoles, 10 de octubre de 2018

A las armas, ciudadanos

El armamento es un comercio peculiar, pero tiene en común algunos elementos con otros sectores como la construcción, la obra pública o la industria farmacéutica. Me voy a centrar en el armamentismo estadounidense cuyos efectos son sabidos: allí mueren cada año  por disparos, en media, 17.102 niños y  116.255 adolescentes en “asesinatos, asaltos, suicidios, intentos de suicidio y disparos accidentales o a manos de la policía". Y las muertes a manos de la policía son particularmente problemáticas, pero no es mi tema ahora. Mi tema es el comercio.
Por lo que respecta al mercado interior, los datos son claros: Hay 120,5 armas cortas por cada 100 residentes. Aritmética sencilla. No extrañe entonces que el 45 por ciento de los 857 millones de armas cortas en uso a escala mundial estén en manos estadounidenses. Algo de racismo/sexismo sí que hay: en 2017, según el  Pew Research Center,  poseían armas el 48% de los estadounidenses varones blancos, el 25% de las mujeres blancas, el 25% de los varones no-blancos y el 16%  de las mujeres no-blancas. Está claro: no son los negros (perdón, afroamericanos) los que disponen del mayor arsenal. Y, sí, la compra de armas es relativamente fácil (y, añado, más lo sería si se pudieran duplicar con copiadoras 3D, cosa que todavía está por ver). Por el momento, todos los intentos de dificultar el acceso a las armas han fracasado. “Las muertes”, dicen, “no las causan las armas sino los hombres”.
Mucho más interesante, de todos modos, es el mercado exterior ya que las ventas internacionales de armas estadounidenses han oscilado entre un tercio y algo más que  la mitad del valor de todas estas ventas a escala mundial. Según un informe del Center for American Progress, entre 2014 y 2016, se recuperaron, en 15 países del Hemisferio Occidental y en investigaciones policiales, unas 50.000 U.S. armas estadounidenses. El 70% de las armas recuperadas en crímenes producidos en México tenían origen estadounidense, es de suponer que importadas ilegalmente. 49% en Centroamérica, 46% en El Salvador, 46% en Honduras y 29% en Guatemala.
Estos dos mercados, más o menos económicos, más o menos geopolíticos, van acompañados por un importante mercado político: la Asociación Nacional del Rifle (NRA) y sus donaciones a políticos de todo el espectro que se suponen son a cambio de algo. Las donaciones de la NRA a congresistas y senadores se conocen como se sabe que el presidente Trump recibió de este lobby para su campaña once millones y medio de dólares mientras la NRA donaba a contrarios a Hillary Clinton 20 millones. Los argumentos que trasmiten son claros: la defensa de la Segunda Enmienda (el derecho de los ciudadanos a llevar armas para la/su defensa), el respeto a la ley, la defensa frente a la criminalidad de los demás y, cada vez más, la cuestión de la identidad o tribalismo.
Los efectos de estos mercados son previsibles. Aunque uno de ellos lo es menos: el acceso a las armas, según algunos estudios, es uno de los factores  que explican la curiosa y continuada caída de la esperanza de vida en los Estados Unidos. Por supuesto hay más factores y tal vez más determinantes de esta caída, como la crisis de los opiáceos, el aumento de la desigualdad y el deterioro de la sanidad. Pero eso no quita para que la proliferación del armamentismo cuente: las armas son para ser usadas, no para ornamentar una pared del salón.
El caso es que esta floreciente industria armamentista para el mercado interior y mundial encaja con el "America first", cosa que ya decía aquel presidente Nixon que tuvo que dimitir. Además, esta política no es keynesianismo clásico, sino keynesianismo invertido y pervertido. Y, claro, los intereses de la NRA son los intereses de los Estados Unidos y viceversa, que es una nueva versión de “Lo que es bueno para la General Motors es bueno para los Estados Unidos, y viceversa”, pronunciado en 1953 por un destacado accionista de la empresa, nombrado secretario (ministro) de Defensa por el presidente Eisenhower. Difícil saber si esta industria tendrá el mismo final que la GM. Eso está por ver. Pero, de momento, responde a los intereses de sus accionistas, fomenta su demanda con un márquetin bastante sencillo hacia el interior y una geopolítica más elaborada hacia el exterior y “unta” convenientemente a los que, desde los gobiernos, podrían poner trabas a su crecimiento. La cuestión es fomentar el uso de armas dentro y fuera del país y así seguir haciendo caja y manteniendo empleo.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Un análisis más matizado de la exportación de armas dentro de lo que llaman “seguridad sostenible”, se puede ver en la Oxford Research Unit)
(Sobre el dinero saudí para mantener a los Estados Unidos involucrados en el Yemen, aquí. Money makes the world go round, algo hay de eso)

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