miércoles, 5 de septiembre de 2018

Victimismo (en España)

El más conocido es el catalán. Ya se sabe: existe, dicen algunos de ellos, una notable catalanofobia en (el resto de) España y, lo que ya es el colmo, constatan que “España nos roba”. Esta doble vertiente, cultural y económica, convierte a los catalanes en víctimas que deben reaccionar poniendo fin a lo que está a su alcance, la dependencia frente a España, mediante la autodeterminación. Y ahí entra la política que, si bien no podrá acabar con la catalanofobia (ya hubo boicots a productos catalanes no hace tanto), es decir, si no podrá cambiar la mentalidad de (el resto de) los españoles, por lo menos podrá terminar con las bases políticas y económicas que hacen de Cataluña una víctima de una entidad exterior.
Clásicos y modernos en sociología (de Simmel a Coser) han explicado el papel que tiene la construcción del enemigo externo en la cohesión del grupo interno. Ese enemigo puede ser real o imaginario y, en ambos casos, pero sobre todo en el segundo, el del enemigo imaginario, “alguien” se encarga de trasmitir esa idea victimista. Pueden ser políticos, clases sociales (altas, por lo general) e intelectuales. Sabiendo que hay “intelectuales orgánicos”, es decir, que piensan y publican en función de lo que interesa a sus “señoritos”, parece claro que, si hay una conjunción de política, sociedad y cultura, el victimismo puede resultar muy arraigado. Más si se dispone de medios de comunicación masivos como era antes la televisión (pública, por supuesto) y ahora son las redes sociales con sus trolls, bots y hackers dispuestos a inundar whatsapps, facebooks, instagrams, blogs y similares con machaconas soflamas que remachen el victimismo.
Dicho lo cual, añado la sorpresa que ha supuesto para mí encontrar victimismo también en otras regiones/nacionalidades/naciones (táchese lo que no proceda) del Ruedo Ibérico (que puedo llamar España o Estado español según se haya tachado una u otra cosa). Un par de cortas visitas hacia el Sur y un par de breves referencias hacia el noroeste me han dejado perplejo.
Por supuesto, me dicen más serias que un ocho, que “España nos desprecia”, hace risas de nuestro acento, nos margina o, en plan algo contradictorio con lo dicho, nos ignora. Este supuesto desprecio, que se expresa en términos casi idénticos a los que hablan de “catalanofobia”, se da como hecho generalizado. Intento sugerir que no me incluyo en los “fóbicos”, pero “la excepción confirma la regla” y, sobre todo, lo que importa no es la “fobia” de los mindundis como yo (eso no me lo llaman, claro) sino la “fobia” de los que mandan.
Intento, desesperada e inútilmente, que no confundan la constatación de casos de corrupción entre sus políticos locales y de egoísmo hipócrita en sus clases altas con una “fobia” generalizada. Intento, sin mucho éxito, que vean que, puestos a quejarse, hay regiones/nacionalidades (no naciones) que tendrían muchos más motivos para hacerlo. Nada. Que no. Que su mundo está compuesto por dos grupos, o sea, “nosotros” (las víctimas) y “ellos” (los victimarios). Colegas sociólogos: reconocerán que es de manual.
Pero insisto en que no me estoy refiriendo a lo ya conocido sobre Cataluña, sobre todo porque lo que percibo fuera del Principado es incipiente, pero con visos de no quedarse ahí y, convenientemente manipulado (como corresponde), puede producir efectos en un futuro no muy lejano. Un “efecto llamada”, por echar mano de palabras al uso para otro tipo de relación entre poblaciones, en este caso emigrantes/inmigrantes.
Para dar una pincelada más, habría que aterrizar en los “Catalan countries” como rezaba la educada (es un decir) pancarta de “bienvenida” al Rey en Barcelona en el aniversario de otro choque entre poblaciones, en este caso ya violento. En el caso de Valencia, el victimismo de “España nos roba” es mucho más claro que en las otras nacionalidades/regiones a las que me acabo de referir. No importa que el partido gobernante en uno y otro sitio sea el mismo, aunque la tradición (que también se detecta en Alicante) es el victimismo cuando son partidos diferentes. Lo que me fascina es cómo cala en personas muy alejadas de los “círculos políticos” (concéntricos, como se sabe) y, ahora, en colisión.
No puedo menos que caer en la pedantería de citar La España invertebrada o el España como problema. Pero lo que temo es que víctimas y (¿supuestos?) victimarios estén en un juego que lleve, otra vez, a hacer víctimas reales donde las hubo imaginarias, a manos de grupos políticos bien concretos. Pero es inútil discutir: se trata de sentimientos, no de hechos.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

No hay comentarios:

Publicar un comentario